Erick Flores

Bolsonaro, el camino a seguir

El mejor gobierno es aquel que menos gobierna

Bolsonaro, el camino a seguir
Erick Flores
11 de enero del 2019

 

Jair Bolsonaro, uno de los personajes más odiados por la izquierda latinoamericana, tiene poco más de una semana ocupando el cargo de presidente constitucional del Brasil y ha empezado su mandato cumpliendo una de sus promesas más interesantes en campaña electoral: la reducción del gasto público y, consecuentemente, el tamaño del Estado. De los 29 ministerios que existían en Brasil antes de Bolsonaro, hoy solo existen 22, con lo que el actual presidente de Brasil deja muy clara su intención de llevar adelante una verdadera revolución política dentro de un contexto regional donde existe una tendencia que va precisamente en contra. Vivimos en medio de una sociedad que apuesta por el crecimiento desmedido del aparato estatal como solución a cualquier inconveniente que ocurra en la convivencia social.

Bolsonaro, a diferencia de Macri y Piñera, parece tener las cosas mucho más claras en cuanto al rumbo político y económico que debe seguir su país. La dirección de los cambios que ha iniciado el mandatario brasileño debe ser el norte de cualquier sociedad que aspire a crecer y vivir mejor. Y aquí no hay mucho espacio para la prédica, porque los resultados hablan por sí solos. Las sociedades que cuentan con Estados pequeños son mucho más funcionales que aquellas donde el Estado es más grande. Podemos coger el índice de libertad económica y comparar el país más libre y al menos libre, no es muy difícil descubrir que la gente escogería vivir en Nueva Zelanda y no en Corea del Norte.

Y haciendo un pequeño paréntesis en este punto, incluso las personas que más detestan la idea de un Estado reducido a funciones básicas, y donde la libertad individual no tenga muchas cortapisas, lo hacen desde países que no son Venezuela o Cuba, lo hacen desde países donde pueden expresarse libremente sin miedo a represalias políticas de parte del gobierno. Y a no ser que el socialista en cuestión sea parte de un gobierno socialista, no hay persona más feliz en el mundo que un socialista que vive en un país que no es socialista.

Volviendo a lo central de esta columna, no solo podemos ver mérito en Bolsonaro por comenzar con el pie derecho, cumpliendo las reformas que prometió, sino que la forma en que lo está haciendo también augura un resultado bastante positivo. En la historia es bien sabido que cualquier cambio, para que se sostenga en el tiempo, ha de ser gradual, tener una dirección clara y —lo más importante— ser producto de condiciones culturales previas. Por el contrario, si el cambio es producto de revueltas violentas y además se acompaña de un alto costo político, el resultado es una ilusión, un espejismo inútil que casi siempre termina siendo peor que aquello que se buscaba cambiar. De momento vemos que sí existe una dirección política clara y una intención de cambio gradual; lo que todavía está por verse es si culturalmente la sociedad brasileña ha evolucionado y dejado atrás el subdesarrollo mental y la corrupción moral que ha generado Lula Da Silva en la gente.

Y sin que esto parezca una declaración partidaria, debemos reconocer que Bolsonaro es, por un lado, una oportunidad: una oportunidad para dejar atrás viejos atavismos que nos impiden despegar como sociedad y crecer. Y por otro lado es una amenaza, una amenaza en el sentido de que se trata de un político, y los cambios que provienen de la política nunca han sido estables y duraderos. Son cambios que, en todo caso, dependerán de la evolución cultural e ideológica de la sociedad brasileña.

La gran lección que nos debe dejar todo esto, más allá de las simpatías y antipatías que genere Bolsonaro, es no olvidar que el mejor gobierno es aquel que menos gobierna. Y esta no es una máxima que deba entenderse como una meta, sino como un proceso evolutivo permanente. Si el mejor gobierno es aquel que menos gobierna, seguir la consecuencia lógica de esa idea es que, en algún momento, el ideal de gobierno del hombre por el hombre termine por diluirse. Bolsonaro es un solo un peldaño que la sociedad debe pasar. Sin ser el ideal de la vida en libertad, representa hoy el camino a seguir.

 

Erick Flores Serrano

Director del Instituto Amagi - Huánuco

 

Erick Flores
11 de enero del 2019

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