Maria del Pilar Tello
América Latina y la polarización global
La pregunta es qué proyecto de sociedad queremos construir
El debate geopolítico contemporáneo se presenta como una disyuntiva entre Estados Unidos y China. Esta narrativa se refuerza por las recientes decisiones de Donald Trump, en su afán de reinsertar a América Latina y el Caribe en una lógica de subordinación ya superada, como si la región pudiera volver a una etapa que ya no existe.
Durante más de diez años, Estados Unidos relegó a América Latina, mientras atendía sus conflictos en Medio Oriente y su competencia tecnológica con China. Ante ese vacío China avanzó con una política sostenida de inversión, infraestructura y comercio que hoy se traduce en hechos concretos y estructurales. El megapuerto de Chancay que China construyó, y ya opera en el Perú, es un símbolo claro de esa presencia irreversible y de la integración directa de la región con Asia-Pacífico.
Pretender que esta realidad pueda revertirse mediante presiones diplomáticas o proyectos alternativos es desconocer cómo funcionan los cambios geopolíticos. Incluso si Estados Unidos decidiera impulsar un megapuerto en el sur peruano, no anularía la inserción asiática ya consolidada. El mundo ha cambiado, y América Latina también.
Sin embargo, conocer esta realidad no implica aceptar un alineamiento automático con China. La verdadera trampa está en creer que solo existen dos polos posibles. América Latina no está obligada a elegir entre Washington y Pekín. Existe una tercera opción estratégica, más coherente con nuestra historia y nuestros valores, que es la Unión Europea.
La UE representa el bloque supranacional más avanzado del mundo. Comparte con América Latina una tradición jurídica, una concepción de los derechos fundamentales y una visión humanista de la política y la tecnología. Frente a la lógica de poder duro de Estados Unidos y al pragmatismo autoritario de China, Europa ofrece una tercería basada en regulación, cooperación y equilibrio.
En este contexto, el bloque de los BRICS juega un papel relevante. Bajo el liderazgo de Brasil, con Lula da Silva, impulsa un no alineamiento contemporáneo que no busca sustituir una dependencia por otra, busca ampliar los márgenes de autonomía estratégica. América Latina puede —y debe— dialogar con los BRICS, con China y con Estados Unidos, sin renunciar a una alianza privilegiada con Europa.
La pregunta es qué proyecto de sociedad queremos construir. En un mundo fragmentado, la inteligencia política consiste en diversificar alianzas, no en aceptar tutelajes. América Latina tiene hoy la oportunidad histórica de dejar de ser objeto de la geopolítica y convertirse en sujeto de su propio destino. Y en esto el Perú tiene mucho que decir.
















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