Alan Salinas

A cien años de las ocho horas de trabajo

Y mientras Vizcarra propone flexibilizar los derechos laborales

A cien años de las ocho horas de trabajo
Alan Salinas
16 de enero del 2019

 

Después de una larga jornada de movilizaciones en las calles, los obreros organizados —con el apoyo de estudiantes universitarios, liderados por Víctor Raúl Haya de la Torre, fundador del aprismo— consiguen que el 15 de enero de 1919 el segundo Gobierno de José Pardo otorgue a todos los trabajadores la ley de las ochos horas de trabajo en el Perú.

Ayer se cumplieron cien años de dicha jornada, en la que obreros y estudiantes —juntos— lograron forjar conciencia política en la sociedad de entonces. Influenciados por la doctrina anarquista (que impulsó Manuel Gonzales Prada) y por una naciente sociedad industrial, el sector obrero de Vitarte y el Callao tomó la batuta de una corriente social que exigía un trato justo, en la que el Estado regule el accionar del empresariado en nuestra patria.

¿Qué significado tiene dicho acontecimiento histórico para la actualidad? En un país de retroceso de los derechos sindicales y de trabajo de más de ocho horas, hablar públicamente de ello nos permite retomar, en el escenario público, una discusión hasta hoy postergada, minimizada o silenciada.

El Gobierno del presidente accesitario Martín Vizcarra ha anunciado un Plan de Competitividad en el que se flexibilizan (más de lo que están) los derechos laborales, con altos costos sociales para miles de familias peruanas en sector privado. Al respecto, la opinión pública debería centrarse en este tema de vital importancia y no en el circo que actualmente patrocina la Fiscalía, mediante el aval del presidente accesitario con el tema de judicialización a la oposición política.  

Otro de los significados que tiene dicha jornada histórica es rol de la empresa en el país. Después del vendaval de corrupción de Odebrecht, hemos podido apreciar que nuestros empresarios logran consolidar un gran empuje en diversos ejes que el país requiere para crecer económicamente, manteniendo un respeto hacia los trabajadores.

Los empresarios peruanos –desde la independencia hasta hoy (camino al bicentenario)—no han dejado de ser rentistas. Vale decir, nuestras élites empresariales (si vale el término) viven de lo que el Estado genera. Más allá de ese sector, e incluso en el rubro estatal, terminan siendo socios secundarios de empresas extranjeras para cualquier tipo de producción o construcción que se genere. No cuentan con visión de conducción o aporte de país a nuestra precaria clase política, como sí sucedió en Chile en la segunda parte del siglo XIX con el Plan Portales. O como sucede en las grandes democracias como —por ejemplo— Alemania y Francia y los países nórdicos.

Que la conmemoración por los cien años de las ocho horas sea el inicio de un debate público rumbo al Bicentenario de nuestra independencia. No perdamos la oportunidad, como ya se perdió con el ser partícipes del proyecto de Tren Bioceánico hacia China, el cual ahora saldrá por Chile.

El Perú, como lo dijo Basadre (tantas veces repetido por tirios y troyanos), es un problema y una posibilidad.

 

Alan Salinas
16 de enero del 2019

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