Editorial Educación

Educación: El reino de la meritocracia y el fin de la clientela

La tensión entre sistema meritocrático y el tradicional populismo

Educación: El reino de la meritocracia y el fin de la clientela
  • 05 de febrero del 2026


Los candidatos que compiten en las elecciones nacionales deberían pronunciarse abiertamente sobre la reforma de la educación en el Perú y dejar de esconderse en propuestas gaseosas en que, como se dice, se busca mezclar el agua y el aceite. Es imposible, por ejemplo, respaldar la estabilidad laboral de los docentes –al margen de criterios meritocráticos– y proponer reformas educativas e invocar el futuro de los niños, de las nuevas generaciones.

Si en la educación nacional, ya sea en la básica, en la técnica y la superior, no se impone el criterio de la meritocracia como eje rector de todas las políticas, de ninguna manera estaremos en condiciones de emprender una verdadera reforma educativa en el Perú. Por ejemplo, de un total de 420,000 docentes de la escuela pública más del 80% ya pertenece a la carrera pública magisterial. Es decir pertenece a una de las escalas de la carrera pública magisterial y tiene un nivel de salario luego de haber rendido un examen o haber sido promovido mediante sucesivas capacitaciones. 

Sin embargo, desde un punto de vista de una auténtica reforma de la educación de cara a la ubicación de nuestra sociedad en las tendencias actuales de la globalización, la actual carrera pública magisterial en el Perú solo representa un primer escalón. De allí se necesita subir una escalera mediante la permanente capacitación y calificación de la docencia hasta organizar una educación que pueda competir en el planeta, sin olvidar la urgente y necesaria formación humanista tal como corresponde a cualquier sociedad occidental. 

No obstante, desde el lado del Congreso y de algunas bancadas políticas se ha impuesto una tendencia regresiva con el intento de nombrar automáticamente a profesores que han desaprobado exámenes y con políticas salariales y pensionarias populistas. En estas orientaciones abiertamente en contra de la meritocracia se prioriza la clientela electoral y se ignora el futuro del país, de las nuevas generaciones y, sobre todo, de los niños más pobres que no pueden asistir al sistema de escuelas privadas.

La misma tensión entre meritocracia y populismo y clientelas ha comenzado a surgir en cuanto a la reforma universitaria que se desarrolla a través de la Superintendencia Nacional de Educación Superior Universitaria (Sunedu).

Como todos sabemos se culminó el proceso de licenciamiento de las universidades unos meses atrás y, de un total de 144 universidades existentes en la época, 98 de ellas alcanzaron el licenciamiento y 46 se cerraron por no alcanzar las condiciones básicas mínimas de calidad. Desde el licenciamiento de las universidades el siguiente paso de la reforma en la universidad -es decir un nuevo escalón en la meritocracia- incuestionablemente es el proceso de acreditación de las universidades y carreras a través de acreditadoras nacionales e internacionales, tal como sucede en todos los grandes sistemas universitarios occidentales.

Sin embargo, en el Congreso, las bancadas legislativas se lanzaron a tontas y locas a crear universidades mediante leyes sin considerar las posibilidades y las justificaciones académicas y técnicas. El único objetivo era congraciarse con las provincias y distritos en donde se creaban los nuevos claustros universitarios. En total se crearon 40 nuevas universidades que deberán conseguir el licenciamiento.

La política avanza en sentido contrario a la urgente meritocracia en la reforma de la educación. Es una tendencia que nos puede anclar en el subdesarrollo al margen de que se materialicen nuevas inversiones como el nuevo aeropuerto Jorge Chávez y el puerto de Chancay. Sin reforma de la educación no existirá capital humano –trabajadores educados y calificados– para transferir valor, capacidades y tecnología de estas inversiones a la sociedad en general y tampoco estaremos en condiciones de competir en los mercados mundiales, en las grandes tendencias de la digitalización y la IV Revolución Industrial.

A lo mucho, igual que, en el siglo pasado con la minería, existirán enclaves de desarrollo y tecnología, rodeados de una sociedad con enormes bolsones de atraso. 

En el futuro y en el largo plazo la reforma educativa lo es todo.

  • 05 de febrero del 2026

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