Editorial Economía

Definir cómo se crea la riqueza definirá la reforma y contrarreforma

Un tema central de la campaña electoral que ya ha comenzado

Definir cómo se crea la riqueza definirá la reforma y contrarreforma
  • 20 de enero del 2026

 

Un asunto central que define el proyecto de cualquier sociedad, su relación con el desarrollo o la pobreza, es la pregunta acerca de cómo se crea la riqueza de una sociedad, cómo se genera la prosperidad de un país. Las izquierdas, las corrientes estatistas y populistas, sostendrán que la riqueza proviene del trabajo incesante de los trabajadores, y que la falta de prosperidad se explica por la voracidad de los empresarios y de las empresas. En ese sentido, propondrán más Estado, incrementar las oficinas de los ministerios y multiplicar las sobrerregulaciones. De esta manera nos sumergiremos en las peores tradiciones de la política peruana y la reciente historia de Hispanoamérica.

Muy por el contrario, si siguiendo el ejemplo de los países que han alcanzado el desarrollo definimos que la riqueza se crea a través de la acción innovadora de las empresas, de los innovadores en la multiplicidad de los mercados, entonces el programa de transformaciones aparecerá ante nuestros ojos como la claridad del día. 

Al respecto la historia del siglo pasado ya dejó en claro que si se estatizan y expropian empresas, como en los ex países de la Unión Soviética, las sociedades se convierten en las mayores fábricas de pobreza de la historia moderna. Si hay dudas allí está la tragedia de Venezuela o de cualquier país –de los más de cincuenta– que han ensayado la receta socialista. El fracaso es el resultado.

Si tal como lo hicieron los países que alcanzaron el desarrollo, el Perú define que la riqueza es creada por el sector privado, entonces, en el acto, el Estado burocrático se convierte en el peor enemigo de la prosperidad. El gobierno central, los gobiernos regionales, los municipios, los ministerios y una multitud de oficinas han creado una sobrerregulación que bloquea las inversiones, aplasta la innovación de la sociedad y empuja a las mayorías a la informalidad. En ese contexto, así como en las reformas de los años noventa el Estado empresario fue el blanco a atacar, igualmente en la nueva oleada de reformas el Estado burocrático deberá ser considerado el responsable del bloqueo nacional.

La cosa es tan simple e incuestionable que no es exagerado sostener que el Perú no se ha acercado al desarrollo por el surgimiento de un Estado burocrático. La sociedad pasó de crecer sobre el 6% del PBI anual a menos de 3%, hasta que llegó Pedro Castilllo y la pobreza aumentó. Las proyecciones indicaban que si el país hubiese seguido creciendo sobre el 6% hasta el Bicentenario, hoy estaríamos en el umbral del desarrollo.

Si la riqueza la crean los empresarios y el Estado burocrático lo frena todo, entonces la reforma tributaria y laboral caerán como frutas maduras. Menos impuestos, sistemas de cobros simplificados y flexibilidad laboral en los contratos de trabajo serán las fuerzas formalizadoras de la economía y la sociedad, y promoverán la multiplicación de la inversión. Sin Estado burocrático, las reformas en las normas sobre asociaciones público-privadas y obras por impuestos agilizarán decenas de proyectos y multiplicarán las inversiones, y el país avanzará pasos significativos.

A nuestro entender, pues, existe una conexión ideológica entre la concepción sobre cómo se crea la riqueza de una sociedad y las posibilidades del desarrollo. El Estado de la burocracia en el Perú y la casi estabilidad laboral en los contratos de trabajo –que desatan niveles aterradores de informalidad (más del 60% de la economía y la sociedad)– se explican porque existe un sentido común mayoritario acerca de que los trabajadores crean la riqueza y los empresarios se dedican a extraer plusvalía. Bajo esta concepción el Estado, la oficina y la sobrerregulación deben multiplicarse para contener al sector privado. He allí las razones del bloqueo de nuestra sociedad.

Es evidente, incuestionable, que solo el sector privado crea la riqueza y la prosperidad de una sociedad. Las naciones que han alcanzado el desarrollo siempre han construido sistemas procapitalistas. El nuevo gobierno tiene la gigantesca responsabilidad de convertir al Perú en un país procapitalista.

  • 20 de enero del 2026

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