Un asunto central que define el proyecto de cualquier sociedad...
Si los economistas se sentaran a una mesa y discutieran cuántos caminos tiene el Perú para alcanzar el desarrollo, todos concluirían que si se materializa todo el potencial agroexportador del país se podría arañar el ansiado desarrollo. Igualmente, si se desatara todo nuestro potencial en la industria del turismo sucedería lo mismo. En el caso de la minería incluso los consensos son más extendidos.
El Perú entonces tiene todas las posibilidades de avanzar al desarrollo abreviando tiempos –tal como lo hicieron los países denominados “Tigres de Asia”–, sobre todo si desarrollamos todo el potencial de nuestra economía y los sectores arriba mencionados. Como suelen decir algunos, tres grandes proyectos hídricos en agroexportaciones nuevos y tres grandes minas de cobre nuevas podrían alimentar adecuadamente al Perú.
En el caso de la minería, de alguna manera, el cobre es uno de los buques insignias. El Perú hoy produce 2.8 millones de toneladas métricas de cobre (TMC) y disputa el segundo lugar en la producción de este mineral con la República del Congo en África, mientras que Chile se ubica en la primera posición con una producción de más de cinco millones de TMC.
Por contener la tercera mayor reserva de cobre en el planeta (luego de Chile y Australia) el Perú debería estar disputando el primer lugar en la producción mundial de cobre. Sin embargo, recientemente ha sido desplazado del segundo lugar de la producción planetaria por el Congo. La principal causa es el frenazo a las inversiones en cobre que se produce en el país desde la segunda década del nuevo milenio. Quellaveco en Moquegua es la única gran inversión en el último lustro.
En el norte del Perú, en Cajamarca, existe un cinturón de cobre minero que, a través de Conga, La Granja, El Galeno y Michiquillay le podría agregar 1.5 millones de TMC anuales más a la producción anual de cobre del país. Sin embargo, las inversiones en esa cadena de riqueza se detuvieron por conflictos organizados en base a leyendas que hoy todos saben son inaceptables. Con el estribillo “agua sí, oro no” se paralizaron las minas y se condenó a Cajamarca a convertirse en la región más pobre del país con el 45% de la población afectada por este flagelo.
Una de las cosas más dramáticas del bloqueo del cinturón de riqueza del norte es que si hubiese agregado esa producción anual de cobre el Perú estaría disputando el primer lugar en la producción mundial de cobre, más allá de la crisis política crecería sobre el 5% anual, la pobreza estaría debajo del 15% de la población y Cajamarca tendría el ingreso per cápita más alto del país.
El discurso antiminero, la estrategia antiminera de las oenegés, entonces no es un asunto teórico, sino que produce un daño devastador: se convierte en una fábrica de pobreza. ¡Cajamarca podría ser la región con más riqueza per cápita, pero es la más pobre!
Otro de los hechos aterradores del bloqueo de los proyectos mineros conducidos por empresas formales de talla mundial, que preservan el medio ambiente, pagan impuestos y generan empleo formal, es que desencadenan la minería ilegal y todos sus círculos de destrucción. Por ejemplo, en Conga en Cajamarca han aparecido decenas de mineros ilegales en oro expulsados de Pataz en La Libertad. Y de pronto, la posibilidad de construir el desarrollo y erradicar la pobreza se convierte en la amenaza de una de las economías ilegales que trae anomia y violencia generalizada.
Lo ocurrido en Cajamarca demuestra que la paralización de la minería formal es una decisión con consecuencias económicas y sociales concretas. Al bloquear las inversiones que generan empleo, impuestos y encadenamientos productivos, se ha cerrado una de las pocas rutas rápidas y viables hacia el desarrollo, condenando a la región a la pobreza y abriendo espacio a la minería ilegal y a la violencia que la acompaña. Persistir en ese camino, alentado por discursos irresponsables y falsos dilemas, solo profundizará el atraso; corregirlo, en cambio, es una condición indispensable para que Cajamarca y el país aprovechen su riqueza, reduzcan la pobreza y recuperen una senda sostenida de crecimiento.
















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