Cecilia Bákula
El bolivarianismo después de Maduro
Una transformación utilitaria y personalista del pensamiento de Bolívar
La caída de Nicolás Maduro, noticia con la que se inició este año, ha llevado a la necesidad de replantear no solo la existencia misma de la República de Venezuela, sino también de rescatar y liberar el pensamiento de Simón Bolívar de la manipulación ideológica de quienes quisieron hacer, de la genialidad política del Libertador, una herramienta hechiza, improvisada, incongruente, falaz y, por ello, del todo fracasada. Se le quiso utilizar como el sustento de una forma de gobierno que hoy vemos no solo en su final, sino con consecuencias y secuelas de pobreza moral, política, económica y social.
A lo largo de la historia, el pensamiento precario de ciertos individuos ha impulsado acciones y propuestas que, al apropiarse de ideas ajenas —muchas veces profundamente lúcidas y transformadoras—, han logrado proyectarse en el tiempo y adquirir una apariencia de vigencia histórica. Los ejemplos son numerosos y, sin entrar en valoraciones, resulta inevitable recordar en primer lugar a Jesucristo, una figura absolutamente singular que, pese a haber sido denostada, perseguida y sistemáticamente tergiversada, conserva una vigencia esencial. Sin establecer comparaciones ni forzar analogías, y manteniendo una distancia conceptual evidente, en el contexto de esta reflexión también pueden mencionarse personajes ampliamente conocidos como Napoleón, Washington, Julio César, Churchill, Alejandro Magno o Mandela, cuyas ideas marcaron rumbos decisivos en la historia y cuyos mensajes, en muchos casos, fueron posteriormente deformados o utilizados de manera interesada.
El bolivarianismo al que me refiero surge cuando Hugo Chávez se hace del poder en Venezuela y como parte de su estrategia política, pretendió hacer creer que el pensamiento de Bolívar, líder indiscutible en la historia americana, podía ser el sustento de una propuesta de tendencia socialista con la que se embaucó a más de una generación de venezolanos. Me atrevo a pensar que ni siquiera ellos mismo se dieron cuenta de cómo se iban apropiando y trastocando un mensaje que, de ser inicialmente político en el siglo XIX, fue manoseado hasta pretender su total transformación, confundiendo la historia con una concreta y perversa voluntad política que hoy sabemos y comprobamos que resultó ser una fatal experiencia. Como enseñanza debemos tener presente que esa transformación utilitaria y personalista del pensamiento de Bolívar, solo se explica porque hay un severo desconocimiento de la historia, del valor del pasado, de la solvencia del pensamiento político fundacional y esa realidad, permitió que un pueblo fuera en gran mayoría engañado.
Haber pretendido manipular lo dicho en terreno de guerra por la independencia y en condiciones de urgente reconversión de la sociedad americana del siglo XIX, para darle una interpretación colectivista, desordenada, de injusta estructura política piramidal, no solo era una incongruencia, sino un engaño severo. Plantearlo así fue sin duda un uso “ideológico y barato” que contradecía en su esencia al espíritu de libertad que proponía Bolívar quien no dudó en promover ideas de inicial empresariado y de ordenar todo ello a través de normas constitucionales.
En documentos iniciales, fundacionales del pensamiento del Libertador, como son la Carta de Jamaica de 1815 y el discurso pronunciado en el Congreso de Angostura de 1819 se aprecia una postura liberal que él mantuvo aún en sus años finales, cuando se dejó llevar por una actitud dictatorial que aplicó con dureza y aún en esos tiempos y circunstancias, su propuesta económica no cambió y eso lo leemos con claridad también en 1825 cuando redacta la Constitución con que se crea Bolivia y en un decreto de 1829 respecto a la presencia de mineros formales buscando propiciar el emprendimiento formal.
Es conveniente entender que Simón Bolívar, más allá de un estratega militar, era un académico sui generis y autoformado de manera adicional a lo que significó su cercanía con Simón Rodríguez y Francisco de Miranda. Uno de los historiadores de Bolívar de mayor peso y seriedad es Vicente Lecuna quien, referido a este tema indica que el Libertador fue un lector ávido de los clásicos y que él mismo lo señaló en una carta a Santander en la que, rebatiendo los ataques referidos a su educación teórica en humanidades, respondió: “Ciertamente que no aprendí ni la filosofía de Aristóteles, ni los códigos del crimen…; pero puede que (otros) no hayan estudiado tanto como yo a Locke, Condillac, Buffon, D'alembert, Montesquieu, Rousseau, Voltaire… y todos los clásicos modernos de España, Francia, Italia y gran parte de los ingleses…”.
En todos sus viajes y campañas, Bolívar acostumbraba a llevar una no pequeña biblioteca y él señalará que serán los clásicos los que influyeron en su pensamiento “muy liberal” que incluyó la propiedad privada y el emprendimiento empresarial como sustento de la economía de las nacientes repúblicas.
Bolívar es un personaje profundamente complejo que fue evolucionando en su pensamiento como producto de su auto aprendizaje, constante lectura y la realidad del momento histórico que le tocó vivir por ello de lo que no debe quedar duda es de su tendencia liberal, aunque en los años finales, hizo un guiño hacia el conservadurismo.
Lo vivido en Venezuela con el uso de ideas políticas debe hacernos comprender la importancia de conocer nuestra historia; de saber el contexto de los hechos y entender que las ideas y las vivencias mismas se explican en un tiempo y una circunstancia que no se replican ni repiten.
















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