Erick Flores
Vizcarra: el rey tuerto de todos los ciegos
No hay una estrategia clara para enfrentar la pandemia
“El político divide a la humanidad en dos clases: instrumentos y enemigos”.
Friedrich Nietzsche
La llegada del virus chino ha desnudado lo peor de nuestro sistema sanitario. Las carencias existían desde hace mucho, pero sólo en medio de una situación como esta hemos sido capaces de asumir plena conciencia sobre la gravedad de las cosas. Con el número de muertos en aumento y sin una estrategia clara sobre cómo podemos superar la enfermedad, el Gobierno de Vizcarra se ha dedicado a responder en forma torpe e improvisada a cada necesidad que iba surgiendo en el proceso, desde la necesidad de adquirir pruebas para testear a la población hasta el asistencialismo a través de los bonos para los más pobres. Todo esto con el agravante de insistir en alargar el aislamiento social obligatorio y no medir las consecuencias de tales decisiones.
El fracaso de su “estrategia” es evidente. Y decir esto no es una cuestión de animadversión hacia el Gobierno, es la realidad la que lo demuestra todos los días. Pero no es la incapacidad del Gobierno lo único que debería preocuparnos a todos; hay otro elemento mucho más importante y por lo que sí valdría la pena considerar ubicarse en las antípodas de Vizcarra y sus ministros, y es la ausencia de voluntad.
Uno puede no tener la destreza suficiente para desempeñar un cargo; pero si tampoco hay voluntad de hacer bien las cosas, uno termina sobrando. Esto es lo que le pasa al presidente Vizcarra y a sus ministros, no sólo no tienen la capacidad para lidiar con este virus sino que tampoco tienen la más mínima intención de corregir errores y cambiar de dirección. Un clarísimo ejemplo de esto es que este Gobierno, en lugar de rodearse profesionales que ofrezcan alternativas sensatas (especialistas en virología, médicos con experiencia, etc.), ha preferido conformar un equipo de “científicos sociales”, los que ante la emergencia sanitaria no han tenido mejor idea que responder con políticas de género, agravando la situación de tal forma que del número total de muertos que tenemos hasta la fecha, un gran porcentaje es responsabilidad directa de estas personas.
Insistir con lo mismo tiene un destino claro, vamos camino a la ruina económica. Un escenario donde el grueso de la población le va a perder el miedo al contagio por una cuestión básica, la supervivencia. El Gobierno de Vizcarra ha orillado a la gente a tener que salir de sus casas y arriesgarlo todo para no morirse de hambre junto con sus familias. “Si hay que comenzar desde cero, comenzamos desde cero, pero todos completos”, la frase romántica que se usa para justificar las acciones de un Gobierno incapaz sólo tiene sentido si al final del día terminamos completos. Lastimosamente no será así, porque si no es el virus chino, será el hambre lo que terminará con la vida de miles.
Ese es el panorama que tenemos. Lo más probable es que nosotros tengamos que recorrer el camino de los suecos y buscar la inmunidad colectiva de alguna forma. Pero lo haremos sin un Gobierno eficiente, sin un sistema de salud capaz de responder logística y oportunamente ante este tipo de enfermedades, y sin una conciencia sobre el riesgo de contagio, que ha sido mutilada por la necesidad y la desesperación de la gente que no se resigna a morir de hambre.
Hoy no sólo tenemos que luchar contra la enfermedad y el hambre, sino que tenemos que lidiar con un Gobierno que está convencido de que la culpa de todo la tiene la gente. Una ficción fabricada por la prensa y las encuestadoras, para las que Vizcarra es el elegido para salvarnos de nuestros pecados. Y por increíble que parezca, la mayoría de personas parece estar muy de acuerdo con este relato. Pobre de aquel desdichado que se atreva a pensar por sí mismo, a negarse a seguir el libreto y cuestione al Gobierno. Los muertos los podríamos contar por miles, pero ni siquiera el sufrimiento de millones de peruanos hace que cambien las cosas. Ante todos, Vizcarra, el rey tuerto de todos los ciegos.
















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