Dante Bobadilla

¿Quién reforma al Estado corrupto?

Lucha contra la corrupción no afecta al Gobierno

¿Quién reforma al Estado corrupto?
Dante Bobadilla
12 de febrero del 2020


Hasta que no se entienda que el principal problema del Perú es el Estado nunca vamos a salir del hoyo. Cada año el Estado crece. Cada diez años se duplica su presupuesto, sin que nadie se atreva a detener esta locura. Alguien debe reducir el Estado drásticamente. No necesitamos tantos ministerios ni organismos públicos que, como ya vimos, no nos sirven para nada. El Estado es la ficción que los políticos nos venden como la fuente del bienestar general, pero en realidad es la gran fuente de la corrupción a todo nivel y bajo distintas modalidades. 

En estos últimos veinte años nos han robado desde el Estado como nunca antes, pero nadie quiere reformar al Estado. Todo el circo de la lucha contra la corrupción se reduce a unas reformas que afectan al Congreso y los partidos, pero no al Gobierno, que es desde donde operan los corruptos. Para ellos nada cambia. ¿No es curioso?

Hay una lista interminable de ministerios y organismos públicos creados como maravillosas soluciones que nunca solucionaron nada. Solo sirven para poner allí a los amigos del régimen. Representan gasto inútil en planillas doradas y en todo lo que exigen estos elefantes blancos: alquiler de una mansión en alguna zona exclusiva, gastos corrientes, publicidad en medios, asesorías y consultorías, los talleres de enfoque de género y otros. De estos organismos parásitos tenemos por docena. Me choco con uno a cada rato en mi ruta.

¿Y cuál es el aporte a la sociedad de toda esta plaga de ministerios y organismos públicos? Casi ninguno. Pretenden dar soluciones, pero solo crean nuevas normas, licencias y trámites que no solucionan nada. Al final lo que hacen es formalizar la informalidad mediante un pago en caja. Por ejemplo, el caos del transporte público se originó porque los municipios se limitaban a vender licencias indiscriminadamente, sin ninguna estrategia sobre el transporte público. Los municipios eran como bandas de extorsionadores que se disputaban a las combis y custers por el cobro de cupos. Nunca tuvieron un plan para darle soluciones a la ciudad. Solo cobraban y daban licencias. No hay mejor ejemplo de la incuria del Estado y su modelo de corrupción e inutilidad social. Abusan del poder para robar y vender la ilusión del control.

Muchos organismos públicos se crearon porque los ministerios fracasaban en su rol, pero los nuevos organismos tampoco solucionaron nada. Solo diluyen la responsabilidad. Ya no es el ministro quien debe renunciar cuando algo explota o se pudre. Nunca verán a un gobierno eliminando un ministerio o un organismo público, aun cuando reiteradas veces se haya constatado su inutilidad o corrupción; como en el caso de Agrobanco, que vuelve a ser reflotado una y otra vez porque el dinero público a nadie le interesa. Solo les importa seguir vendiendo la ilusión del bienestar público y ganarse alguito en el proceso.

Aún se han quedado con el sueño de crear el Ministerio de la Juventud, el Ministerio del Deporte y el Ministerio de la Ciencia. Y no son pocos los tontos que creen que seremos una potencia mundial con estos ministerios. La fe en el Estado es aún más grande que la fe en Dios. Así es como el Estado sigue creciendo. Cada vez nos cuesta más y nos sirve menos. ¿Pero han visto a alguien protestando contra el Estado? ¿Pidiendo menos Estado? ¿O tan siquiera pidiendo menos impuestos? No. Nadie se atreve a ir contra el dios Estado.

La izquierda nos vende el cuento de que el Estado es el dios del bienestar. Le hacen creer a la gente que “el Estado somos todos”. De este modo les lavan el cerebro para que nunca se quejen del Estado ni se pongan en contra del Estado. Pero en realidad el Estado no somos todos. El Estado es una costra de burócratas displicentes que se aprovecha de su posición y de sus privilegios sobre los ciudadanos, y es una fuente de corrupción con dinero público. 

Que no nos engañen con las reformas. Si quieren reformas para evitar la corrupción tienen que reducir drásticamente el Estado, eliminar tanta burocracia inútil y hacer cambios para evitar el festín de los fondos públicos en publicidad, consultorías y contratos. ¿Alguien está proponiendo esto? ¿O una vez más solo nos están vendiendo el cuento de la lucha contra la corrupción, mientras se frotan las manos para tomar su turno en el festín?

Dante Bobadilla
12 de febrero del 2020

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