Pablo Revilla

Perú y Colombia: la solemnidad de un nuevo comienzo

Democracia, patriotismo y esperanza compartida

Perú y Colombia: la solemnidad de un nuevo comienzo
Pablo Revilla
25 de agosto del 2026

 

Las ceremonias de transmisión del mando presidencial constituyen mucho más que una formalidad constitucional. En ellas se reafirma la continuidad de las instituciones, se renueva la legitimidad democrática del poder y se proyecta —mediante discursos, símbolos y gestos— una determinada visión del futuro de la nación.

Con apenas unos días de diferencia, Perú y Colombia han vivido ese momento republicano, dejando imágenes y mensajes distintos, pero unidos por una renovada valoración de la patria, la democracia y la esperanza. Ambos mandatarios llegan al poder desde posiciones identificadas con la derecha, aunque con perfiles y trayectorias diferentes.

Los discursos de Keiko Fujimori y Abelardo de la Espriella permiten advertir algunas coincidencias. Ambos colocaron entre sus prioridades la recuperación de la seguridad y la autoridad del Estado, la reactivación económica y la generación de empleo, junto con una reivindicación de valores como la libertad, el patriotismo y la responsabilidad. Aunque con un lenguaje distinto, ambos buscaron transmitir un mensaje orientado a generar confianza, tanto entre la población como entre los agentes económicos.

La seguridad ocupa un lugar central en ambos mensajes. Fujimori la identificó como una de las principales emergencias que deberá afrontar su gobierno, mientras De la Espriella anunció el inicio de un tiempo de recuperación del “orden, la autoridad y la libertad”. Ambos expresaron, además, un claro reconocimiento a las Fuerzas Armadas y a la Policía por su papel en la defensa del orden y la seguridad. Asimismo, De la Espriella anunció que Colombia se incorporaría al denominado Escudo de las Américas —iniciativa de cooperación hemisférica frente al narcotráfico y el crimen organizado transnacional—, mientras Fujimori manifestó públicamente su intención de que el Perú participe en dicha iniciativa.

En materia económica, ambos discursos reivindicaron la inversión privada, la empresa y la generación de empleo como motores del crecimiento.

Las ceremonias tuvieron también particularidades propias. Lima conservó la majestuosidad de su tradicional protocolo republicano, acompañado por la Misa y Te Deum en la Catedral, cuya homilía incluyó severas reflexiones políticas que, por momentos, parecieron desplazar el mensaje estrictamente religioso. En Colombia, la posesión se trasladó a Cali y otorgó especial protagonismo a las Fuerzas Armadas, en consonancia con el énfasis en la autoridad y la seguridad, mientras la presencia de la Iglesia Católica mantuvo un perfil más institucional

En ambos discursos destacó el resurgimiento de valores que parecían olvidados en el discurso político regional. Fujimori confió a Dios su trabajo por el Perú, mientras que De la Espriella reafirmó su fe cristiana y reivindicó la patria, la libertad y la autoridad. Así, la solemnidad simbólica y el peso de la tradición fortalecieron el sentido republicano de ambas ceremonias.

En el plano bilateral, el nuevo escenario permite dejar atrás las tensiones generadas por el gobierno de Gustavo Petro respecto a Santa Rosa, territorio sobre el cual el Perú ha reafirmado su soberanía con respaldo en los instrumentos internacionales que delimitan la frontera. Defender con firmeza los intereses nacionales no contradice una relación de hermandad guiada por el respeto al Derecho Internacional.

La historia también regala coincidencias curiosas: el actual vicepresidente colombiano, José Manuel Restrepo Abondano, guarda vínculos familiares con Francisco de Paula Santander, prócer de la independencia colombiana. De él descendía también Manuel de Freyre y Santander, destacado diplomático peruano y nieto del prócer. Son vínculos que recuerdan una cercanía histórica mucho mayor que cualquier diferencia circunstancial.

Perú y Colombia tienen hoy la oportunidad de consolidar una relación de auténtica hermandad. Dos naciones orgullosas de su historia pueden defender sus intereses y, al mismo tiempo, avanzar juntas sobre aquello que las une: la democracia, el respeto mutuo y una esperanza compartida.

Pablo Revilla
25 de agosto del 2026

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