Dante Bobadilla
Pedro y el lobo
Pedro Castillo y Vladimir Cerrón, los líderes de Perú Libre
Curioso escenario nos dejó la elección del domingo. No creo en las interpretaciones de los gurús que recurren a los clásicos y relamidos lugares comunes de la sociología caviar, tipo CVR: el Perú profundo, las brechas sociales, Lima no es el Perú, etc. Pamplinas. Esto ha sido un fenómeno repentino que no tiene que ver con planes de gobierno. Yo apuntaría a la capacidad de movilización de contingentes de maestros que ya ha mostrado tener Pedro Castillo. Y dicen que además es evangélico. Por allí va la cosa.
Nadie lo vio venir hasta la última semana en que las encuestas empezaron a mostrar la arremetida de Pedro Castillo, superando uno a uno a los más pintados candidatos limeños. Tanto así que los conspiranoicos de la derecha conservadora, que viven dudando de las encuestas y combatiendo a las encuestadoras, soltaron sus mensajes de rigor: no puede ser, nos quieren asustar, es una estrategia de manipulación, etc.
Pedro Castillo saltó a la fama por ser el cabecilla de las huelgas de maestros. Y no es el primer candidato presidencial salido del sindicato magisterial que hace décadas es un vivero del comunismo radical. Allí nació Sendero Luminoso, pero ni por eso cambiaron las cosas. El magisterio es un feudo de la izquierda, una zona liberada, y nadie hace nada.
El Ministerio de Educación le paga un sueldo a Pedro Castillo no para enseñar, que de eso sabe poco, sino para organizar los paros de maestros, preparar los cuadros sindicales, adoctrinarlos en el odio de clase y hasta para armar su partido político. Castillo es parte del sector privilegiado de sindicalistas que solo viven y cobran para eso. Con nuestros impuestos, el Minedu mantiene a los saboteadores del sistema.
Alan García trató de mejorar la educación con una reforma que exigía calidad de docentes mediante exámenes de conocimientos. Allí se descubrió que casi ningún maestro era capaz de aprobar esos exámenes. Luego Humala y sus ministros de educación dieron marcha atrás a esa reforma, permitiendo que maestros mediocres sigan enseñando y que los sindicalistas sigan organizando el sabotaje al sistema.
Y ahora tenemos a Pedro Castillo, prototipo del maestro peruano, a punto de ser presidente. Sería dar un salto suicida al comunismo más delirante de Latinoamérica. Y quién sabe por cuánto tiempo. Esta gente toma el poder, cambia la Constitución, se apodera de todo el Estado y nadie los saca en décadas. Más aún cuando detrás de Pedro Castillo está el lobo de Vladimir Cerrón, el verdadero cerebro de Perú Libre, el artífice de la alianza exitosa con el gremio magisterial, tras su fracasado intento de jalar a Verónika Mendoza.
Vladimir Cerrón es un tipo muy diferente a Pedro Castillo. Es un médico neurólogo educado en Cuba que tiene una profunda formación ideológica. Es el dueño del partido y está muy orgulloso de ser comunista. No tiene empacho en defender a la dictadura cubana de los Castro y al régimen despótico de Maduro. Hasta se ha dado el lujo de advertir que no firmará ninguna hoja de ruta que los haga claudicar de sus principios y planes, tirando al traste las invocaciones de varios políticos que les rogaban moderar su mensaje. Es decir, lo que le pedían era que Pedro y el lobo nos contaran un lindo cuento antes de devorarnos.
El Perú es un país disfuncional que se mueve al vaivén de sus arrebatos emocionales. El odio, y no la razón, suele ser el guía de las segundas vueltas. Todavía resuena la consigna “Primero los chilenos antes que Piérola”. Ahora tenemos movimientos de “no a Keiko” en la izquierda y en la derecha conservadora. De arranque Rafael López Aliaga estuvo a punto de correr a abrazarse con Pedro Castillo. Así que Keiko no la tiene fácil.
Lo que no logró Abimael Guzmán podría lograrlo Pedro Castillo, con una ayudita de la derecha conservadora.
















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