Alan Salinas
Patrones electorales
Sobre los resultados de las elecciones presidenciales 2016
Un determinado hecho político siempre tiene que ser constatado por las evidencias de un proceso, y no por la foto del momento que es una encuesta. De acuerdo a esta premisa, analicemos los resultados de la primera vuelta de las elecciones del 2016 para entender los patrones electorales que se expresaron en aquellas elecciones.
Según el reporte de ONPE, los votos hacia Keiko Fujimori, Pedro Pablo Kuczynski, Alfredo Barnechea y Alan García sumaron el 52.6% del total. Estos resultados expresaron un apoyo mayoritario de los ciudadanos hacia el modelo económico, indicado en varias regiones del norte del Perú (salvo Cajamarca, en donde votaron mayoritariamente por la propuesta radical de Gregorio Santos).
De otro lado, hemos apreciado también que el sur del Perú –principalmente en Puno y Cusco– votaron a favor de Verónika Mendoza, quien traía una propuesta programática más contestaria frente a los avances modelo imperante. Esto nos evidencia –con ciertos matices– la brecha histórica que siempre ha habido entre el norte del país integrado y el sur postergado.
Pero detengámonos un momento. Keiko Fujimori –como sostiene Paula Muñoz (El Comercio, 16/04/2016)– obtuvo el segundo lugar en las preferencias electorales en el sur del país. ¿Qué nos dice este dato? En opinión de la analista, la propuesta de esta candidata no solo trae consigo una propuesta de continuidad con el modelo económico, sino también la “[…] promesa de incorporación al Estado-nación […]”. Asimismo, sostiene dicha analista que “[…] es un voto parcialmente por el cambio, en este caso contra el establishment tecnocrático, arrogante y distante de los últimos años […]”. En otras palabras, lo que expresan los votos otorgados a Keiko Fujimori es la voluntad de integración económica y descentralización efectiva, lo que implica cercanía y autonomía del Ejecutivo hacia las regiones.
Hay otro dato a tener en cuenta: el 18.06% de ausentismo en estas elecciones. Un porcentaje similar al del año 2011, que fue 17.46%. Si bien solo se analiza la primera vuelta electoral, es sintomático este porcentaje porque expresa que los ciudadanos están descontentos con la oferta política y con el pésimo desempeño que han tenido –hasta el momento– los partidos políticos.
Según este dato, el gran desafío de los partidos es renovarse y conectar nuevamente con la sociedad. ¿Cómo? Pensemos en una legitimidad a largo plazo de nuestro joven régimen democrático que no implique solo lo electoral. Debemos comenzar a buscar los debates pertinentes en torno a la democracia sustantiva; vale decir, al fortalecimiento ciudadano.
















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