Dante Bobadilla

Pandemonio

Histeria colectiva y teorías de la conspiración

Pandemonio
Dante Bobadilla
19 de agosto del 2020


Los efectos colaterales de la pandemia causan más estragos que el virus mismo. En especial en la salud mental. Y no me refiero a la depresión o la violencia doméstica, sino a la histeria que se ha desatado por las medidas de prevención. Han aparecido artilugios como las bandejas de desinfección que solo sirven para mojarse el zapato, ensuciar el piso y resbalar, pero que no tienen ningún efecto sobre el virus. Por las redes y la radio se oyen recomendaciones absurdas como la desinfección del dinero o el uso de guantes, entre otras medidas inútiles.

Capítulo aparte merecen las panaceas que previenen el covid-19. Van desde el consumo de carne de llama hasta el famoso dióxido de cloro, un maravilloso producto que cura el cáncer, el sida y repele el coronavirus. Recetas mágicas de colutorios con ajos y kion se comunican por Whatsapp a gente que se quita la ropa al llegar a casa para lavarla inmediatamente. Y no podía estar ausente el fetichismo religioso que ha llevado a colgar imágenes y rosarios en las puertas, además de las vírgenes y el sagrario sobrevolando ciudades en helicóptero. Pero las peores víctimas son los niños condenados a un encierro total por sus padres, sumidos en crisis neurótica.

Por otro lado tenemos a los eternos charlatanes y vendedores de humo que han salido a proclamar las más disparatadas teorías de la conspiración. Desde el ya consabido cuento del virus fabricado en un laboratorio de Wuhan para reducir la población del planeta, en especial a los ancianos; o destruir el capitalismo para imponer el comunismo desde la OMS. O infectar a la humanidad con el fin de vender una vacuna al mundo para enriquecer a un grupo de farmacéuticas, dominadas por Bill Gates; una vacuna con la cual nos inocularán un microchip que controlará nuestra mente. O una pandemia provocada adrede para fortalecer el control del Estado, eliminando las libertades en una nueva normalidad sin derechos. 

La llamada Era de la Comunicación es en realidad la era de la desinformación. Basta una laptop o un celular para regar la web con toda clase de basura disfrazada de información. Personajes sin mayores credenciales ni conocimientos se convierten en referentes de “la verdad” gracias a tener una cuenta en Youtube o TikTok, con una collera de amigos dedicados a propalar sus pamplinas en forma de conferencias web. Son los profetas del apocalipsis que nos advierten de una verdad que los medios no quieren que sepamos porque están controlados por los grandes intereses que dominan el mundo. Solo estos pocos iluminados tienen la lucidez para conocer la verdad detrás de los hechos y nos la ofrecen gratis.

La mayoría de estos gurús de las redes son activistas que aprovechan cualquier ocasión para figurar y organizar una cruzada contra de sus enemigos de siempre: el globalismo, el progresismo, las organizaciones de poder mundial, los millonarios Bill Gates y Soros, etc. No es raro descubrir que estos profetas del apocalipsis son conservadores de una derecha rancia y confesional, que suelen mirar con desconfianza todo lo que sea ciencia y tecnología. Padecen de una hipersensibilidad que los hace sobrerreaccionar ante cualquier circunstancia sospechosa; como la tecnología 5G o la Inteligencia Artificial, a las que ven como instrumentos diabólicos que amenazan con tomar nuestro “cuerpo, mente y alma”, a decir de uno de ellos. 

Pero no están solos. El mercado de la charlatanería es tan amplio que puede llegar a cobijar incluso a algunos afamados hombres de ciencia en decadencia. Como es el caso del Dr. Luc Montagnier, un virólogo que hace medio siglo ganó el Premio Nobel por aislar el virus del VIH, cuando trabajaba en el Instituto Pasteur, pero que hace años se ha dedicado a la charlatanería defendiendo la homeopatía y liderando a los antivacuna. Hace poco salió en TV para asegurar muy suelto de huesos que el SARS-CoV-2 fue fabricado en un laboratorio. Y pese a que varios reportes científicos han desmentido esta teoría, la gente prefiere creerle a los charlatanes.

Como ven, no solo nos enfrentamos a un peligroso virus, sino además una avalancha de gurús y charlatanes que desde las redes se dedican casi a diario a la desinformación y la elucubración más afiebrada, sembrando dudas y temores en la población. También debemos tener cuidado de no tomarnos sus pócimas ni creer en sus pamplinas.

Dante Bobadilla
19 de agosto del 2020

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