Andrea Narvaez

No quiero tu bono, quiero trabajar

Miles de comerciantes están levantando sus voces de protesta

No quiero tu bono, quiero trabajar
Andrea Narvaez
28 de mayo del 2020


“Nadie come durante tres meses con solo 760”, fueron las palabras indignadas de una mujer que reclamaba la reapertura de su negocio, en medio de sus gritos desesperados por la ampliación de la cuarentena. Ni qué decir sobre las aterradoras imágenes de la incautación de mercadería de los comerciantes en el distrito de La Victoria; una sustracción violenta de sus pertenencias. Sin embargo, la frase más atinada fue: “No quiero tu bono, quiero trabajar”. Un reclamo racional de los microemprendedores que rechazan la dependencia económica del Estado, con bonos inferiores a la canasta básica familiar; bonos que apenas llegan a unas cuantas personas, y no a la mayoría de peruanos que realmente lo necesitan.

La cuarentena debe llegar a su fin. Si no lograron controlar el contagio en dos meses, no lo harán en tres meses o más; mucho menos con pruebas rápidas ineficaces y un sistema de salud deficiente. La prolongación de la cuarentena se presta al autoritarismo y al aprovechamiento de la crisis sanitaria para que funcionarios desfachatados cometan actos de corrupción. La gran mayoría informal se ve afectada por la preocupación que les genera la falta de ingresos a sus hogares: no pueden cubrir sus necesidades básicas ni pagar sus deudas. Miles de comerciantes están levantando sus voces  de protesta. Negarles la posibilidad de trabajar es un grave atentando.

Por otra parte, surge la crítica a estos sectores informales, que son culpados por generar aglomeraciones y elevar el número de contagios. Probablemente tengan una cuota de responsabilidad, pero no es absoluta. Resulta descabellada la versión del Gobierno que, para justificar su incapacidad gestora, quiere responsabilizar a los comerciantes informales de la catástrofe sanitaria. Al comerciante no hay que prohibirle vender, hay que brindarle soluciones mediante protocolos sanitarios que puedan implementar. Ellos tienen las mejores intenciones de colaborar y deben asumir las condiciones para reabrir sus negocios por el bien de todos. Perseguirlos y decomisar sus pertenencias es un abuso. 

A estas alturas, cada quien es responsable y debe cumplir con la disciplina sanitaria para conservarse saludable. Al Gobierno le compete mejorar el sistema de salud, no solo designar presupuestos, sino hacer un seguimiento estricto para fiscalizar el gasto. Nuestros médicos no pueden seguir abandonados, es inconcebible que siendo la primera línea de combate estén totalmente descuidados, sin equipos, sin implementos, trabajando en condiciones deplorables y exponiendo su propia salud.

¿Y qué hay de aquellos pacientes que sufren otras enfermedades? ¿Abandonados a su suerte? ¿Prefieren padecer en casa para evitar contagios? Todos estos temas deben ser tratados a tiempo y con mayor responsabilidad. Si el 2020 es casi un año perdido, al menos se debe reforzar la atención en el sector salud. Para esta segunda etapa es necesario un nuevo ministro; el señor Zamora debe dar un paso al costado, ya tuvo la oportunidad para demostrar sus capacidades y al parecer los resultados no han sido positivos. Nadie puede tomar con seriedad las declaraciones de quien asesora y predica sobre una “meseta irregular”, que más parece la empinada cordillera blanca del Callejón de Huaylas.

Andrea Narvaez
28 de mayo del 2020

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