Dante Bobadilla

Mentiroso, mentiroso

El divorcio entre las palabras del presidente y la realidad

Mentiroso, mentiroso
Dante Bobadilla
20 de mayo del 2020


Definitivamente no hay manera de creerle a Vizcarra. Es evidente que padece un divorcio total entre el mundo de las palabras y la realidad. Su discurso fluye sin freno ni consideraciones con la realidad que todos conocemos. No sé si es simple cinismo o algún otro problema grave. Pero lo cierto es que nos miente, con descaro y reiteración.

Desde sus discursos iniciales –en los que anunciaba a los cuatro vientos que era respetuoso de la Constitución, de las instituciones y la separación de poderes, y que actuaba pegado al marco de la ley– veíamos cómo interfería descaradamente en el Ministerio Público, cuestionando las decisiones de su titular, y en el Congreso, criticando sus votaciones y enviándoles con plazo perentorio reformas que eran potestad del Congreso. Vizcarra nunca dejó de hacer lo que le vino en gana, sin respeto alguno por la institucionalidad democrática y el estado de derecho. Hasta se dio el lujo de perpetrar un golpe de Estado cerrando el Congreso con leguleyadas, para salvar al Tribunal Constitucional de sus amigos y aliados.

No estamos, pues, frente a un estadista serio y confiable. Vizcarra maneja el país como chofer de combi. No respeta ninguna norma, autoridad ni semáforo. Es capaz de atropellar a quien le venga en gana. Carece de partido y de modales democráticos. No le da cuentas a nadie. Es el sumo intérprete de la Constitución. No le gusta que lo critiquen. Lo que quiere es el halago y el culto a su persona. Por eso se rodea de personas que no le hagan sombra. Tiene un equipo modesto, con el que cree que está jugando una pichanga. Ninguno tiene futuro ni aspira a nada. Están donde están por pura casualidad. Creyeron que iban a hacerla fácil comprándose el apoyo de la prensa y del frente antifujimorista y antiaprista. Hasta que llegó el virus y todos se miraron las caras.

Ya está claro que la crisis de la pandemia los rebasó. Se hizo evidente que no atan ni desatan. No están a la altura de las circunstancias. Hasta se pusieron a jugar a los experimentos sociales en plena pandemia. Nadie entiende normas como ese capricho de prohibir autos particulares. Han dado normas y protocolos sin sentido. Luego se descubrió que hasta han falseado la información oficial. Las cifras del Gobierno son tan falsas como las de las encuestas. La gente ha empezado a reírse de ellos. 

Ahora Vizcarra apela nuevamente al viejo truco de la confrontación con el Congreso. Ha sacado la chaveta para amenazarlos con graves represalias si no acatan sus órdenes y aprueban sus reformas políticas. Se siente el dueño de la verdad y a razón. Nadie puede osar cambiar sus reformas. Son sagradas e intangibles, deben aprobarlas y punto. El Congreso anterior aceptó la humillación. Veremos si este es capaz de comerse el sapo. No es ninguna novedad que Vizcarra apele a la unidad nacional para superar la crisis y, acto seguido, vuelva a incitar la confrontación política y la división social. Claro que él encarna la unidad de los buenos para combatir a los malos. Ese libreto le funcionó para comprarse a los sectores del antifujimorismo y antiaprismo contra el Congreso anterior. Veremos si ahora le funciona. 

Lo irritante es que en medio de la crisis social por la pandemia y el desastre político, debido a las reformas y al gobierno de facto que padecemos, volvamos a caer en discusiones bizantinas por reformas bobas que obedecen a caprichos ideológicos de la izquierda, como el de la bendita paridad de géneros. Lo mejor que podría suceder es que este Congreso arroje al tacho las reformas de Vizcarra y a ver qué pasa. Empezando por ese capricho de la paridad de género que no tiene sentido alguno. Las mujeres son libres de entrar en la política si así lo quieren. Nadie se los impide y de hecho tenemos a muchas mujeres en la política. ¿Cuál es el problema mental de esta gente que exige paridad? 

El argumento de que somos mitad de hombres y de mujeres en la sociedad, y que por eso tiene que haber esa misma proporción en la representación política, debe ser colocado en los anales de la estupidez humana. La representación política es justamente eso: política. No es una representación de sexos ni de géneros ni de etnias. La política es un mundo de ideas, no de “géneros”. Si los electores eligen a más hombres o más mujeres es asunto de ellos. Forzar a que los partidos hagan listas paritarias es una medida totalitaria e intervencionista. Ya basta de meter al Estado en los partidos. Ya bastante daño se les ha hecho.

Lo que tenemos hoy en este Congreso es consecuencia directa de las reformas y jugadas políticas de Vizcarra y su entorno progrecaviar. De ceder a sus amenazas y aprobarse sus reformas, metiendo la ideología de género en las elecciones, lo que tendremos en el próximo Congreso será para llorar. Ojalá el Congreso tenga el valor y la inteligencia para detener esta arremetida ideológica del Gobierno y sus aliados de izquierda.

Dante Bobadilla
20 de mayo del 2020

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