Dante Bobadilla
Mediocres exitosos
Los jueces que ordenan prisión preventiva para los políticos
El país está en un franco proceso de deterioro y a nadie le interesa. Más bien lo celebran entretenidos con la serie del fiscal, esperando ver quién más cae preso. Se han molestado por la viveza de Alan García que no se dejó encarcelar, y ahora hacen rogatorios a Uruguay para que no le concedan el asilo.
Las hordas de izquierda tienen sitiada la embajada y están prestos a prenderle fuego. El presidente, los ministros, gobernadores y congresistas se han pronunciado rogándole en coro a Uruguay que no le conceda el asilo, y juran que no hay persecución política. Los rojos ya convocaron su infaltable marchita y circulan petitorios de notables. Todos quieren preso a Alan. Pero no, no hay persecución política. Solo es amor por la institucionalidad.
Cándidos periodistas celebran que “al fin las instituciones funcionan”, debido al festival de encarcelamientos gratuitos y allanamientos a granel, al mejor estilo de un Estado fascista. Y repiten que no hay persecución política. Es pura coincidencia: el cargamontón al fiscal de la Nación, las amenazas al Congreso, el silenciamiento del informe Lava Jato, la prisión de Keiko y allegados, la maquinación fiscal para encarcelar a Alan García, etc. Simple coincidencia.
Sorprende la ceguera y fanatismo de tanta gente inteligente y culta. En fin, los jóvenes universitarios pueden vitorear a un fiscal carcelero, del mismo modo en que antes levantaban monumentos al Che Guevara y adornaban sus facultades con el rostro de ese criminal, mientras aplaudían el discurso de Sendero Luminoso. Los jóvenes son inimputables debido a su natural estado de ignorancia y exaltación hormonal, pero ¿y los demás?
No se trata de defender a nadie sino al país, la democracia y el Estado de derecho. No podemos aplaudir a un Estado fascista porque tarde o temprano lo vamos a pagar, como lo pagó el pueblo alemán tras idolatrar a Hitler hasta las lágrimas, o los venezolanos que aplaudían a Chávez mientras este dictaminaba ¡exprópiese! No se equivoquen. No es que las instituciones ahora estén funcionando porque meten preso a todos, sino todo lo contrario: son un desastre de mediocridad, si es que no son parte de la mafia todopoderosa. Abran los ojos.
El Perú está sindicado como uno de los países que más abusa de la prisión preventiva. ¿Y cómo alguien puede decir que las instituciones funcionan cuando seguimos en ese mismo derrotero de abuso fiscal? Si la Fiscalía funcionara, acopiaría pruebas suficientes para abrir un juicio y demostrar la culpabilidad de quien sindica, hasta lograr su condena por un juez. Esa es la misión del fiscal. Pero lo que hacen aquí es solo el show de la prisión preventiva. Eso de ninguna manera significa que “las instituciones están funcionando”. ¡Por favor!
Incluso creen con supina ingenuidad que “al fin se está luchando contra la corrupción”, cuando no hay un solo proceso penal abierto en el Poder Judicial contra nadie. Ni siquiera contra Alejandro Toledo, a quien también se le requiere solo por una prisión preventiva. A casi un año de haber encerrado a la pareja Humala-Heredia “preventivamente” tampoco se ha dado inicio a un juicio debido. Ya no hablemos de los grandes implicados en el caso Lava Jato, que durante los últimos tres gobiernos se levantaron en peso al país. Ellos se matan de risa viendo a este chiflado fiscal montar su show con el pitufeo de la campaña de Keiko.
Desgraciadamente la gente solo sabe lo que le dicen. Se informan a través de la basura que les envían al WhatsApp, o lo que ven y escucha en los medios, mayormente controlados por la mafia caviar o por la izquierda. La prensa ya ha dejado de servir para informar, ahora es un mecanismo de encubrimiento, manipulación y activismo. Los periodistas relucen en mediocridad, no tienen empacho en exhibir sus odios y prejuicios, hacer alarde de su ignorancia y hasta de su malcriadez. No les interesa buscar la verdad, sino imponer su visión y su pose moral para ganar seguidores y likes en las redes rebosantes de lumpen.
El negocio de la prensa es alimentar odios mediante la suspicacia y la sospecha. Ese es el Perú de hoy: un país con instituciones quebradas, donde la mediocridad y la ineptitud rinden frutos, si eres útil al sistema y al mecanismo. Basta con posar como indignado y seguir el guión.
















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