Erick Flores
Mafias profesionales
Colegio profesionales no cumplen con su deber de proteger al consumidor
Luego de la aprobación de la famosa Ley Mulder, en el Congreso de la República parece que todo vuelve a la trágica normalidad. El congresista Clayton Galván había presentado un proyecto de ley que buscaba —en términos del mismo parlamentario—: “fortalecer la profesión de los periodistas en el Perú”, obligando a las personas que se dedican al periodismo a colegiarse para poder ejercer su profesión. Al margen de que el proyecto de ley hoy esté afortunadamente retirado, se pone sobre la mesa un tema bastante interesante y que —por desgracia— venimos sufriendo quienes tenemos formación profesional y no podemos ejercer por la sencilla razón de no estar colegiados.
En resumidas cuentas, un colegio profesional es una institución que se encarga de certificar la calidad de los servicios que prestan los profesionales. En este sentido, existe un colegio profesional de ingenieros, un colegio profesional de sociólogos, un colegio profesional de abogados y así con cada carrera profesional. Más allá de la representación institucional y algunos detalles más, es evidente que el propósito esencial de un colegio profesional está orientado a proteger al consumidor de posibles estafas en los servicios profesionales que se le pueda brindar. En teoría, parece ser un buen mecanismo para evitar que personas que jamás en su vida han tocado un libro de anatomía puedan practicar una intervención quirúrgica en un hospital. Sin embargo, vale la pena preguntarse si este tipo de mecanismos en realidad sirven para evitar las negligencias médicas que vemos casi a diario.
Un periodista no pasará de la mediocridad a la excelencia solo porque el colegio profesional de periodistas lo habilite. Y sucede lo mismo con cualquier carrera profesional, porque hoy los colegios existen y vemos que el ejercicio profesional de unos no es igual al de otros. Profesionales los habrá buenos y malos, excelentes y mediocres. Es por eso que si uno quiere hacer un estudio de mercado para evaluar la apertura de un negocio, busca a la persona más competente para hacerlo y se fija en muchos factores antes de elegir. Y la experiencia —casi en todos los casos— vale más que un papel firmado al momento de contratar a alguien.
Pero si un colegio profesional no sirve para certificar la calidad en el ejercicio profesional, ¿cuál es su utilidad?, ¿qué sentido tiene que alguien deba estar colegiado, independientemente de si sabe o no lo que hace, para ejercer una profesión? En este aspecto, los colegios profesionales están funcionando como mafias; terminan siendo una especie de cárteles que cobran cupos para que una persona pueda ejercer su profesión en un lugar determinado. Si uno no paga el cupo, que vendría a ser la habilitación que otorga el colegio profesional, simplemente ya no puede ejercer. Y este no solo es un perjuicio para los profesionales, que ven cercenada su libertad de trabajar cuando y donde les parezca más conveniente, sino que también perjudica al consumidor, porque limita las opciones disponibles y reduce su margen de elección.
¿Qué hacemos con los colegios profesionales entonces? Pues lo más sensato sería eliminarlos, pero como sabemos que eso no pasará mañana. Todavía se puede hacer reformas que permitan que los colegios profesionales resulten funcionales para la sociedad, y esto pasa por liberalizar el sector por completo. Que no exista un solo colegio profesional, que existan muchos y que se sometan a la competencia para que las personas tengamos más opciones a la hora de requerir tal o cual servicio. Los profesionales podrían elegir el colegio que mejor se acomode a sus necesidades y posibilidades, tendrían la libertad de elegir entre varias opciones que están compitiendo por su preferencia; incluso podrían decidir no colegiarse, si consideran que eso no es relevante para su profesión.
A final de cuentas, la evidencia muestra que cualquier bien o servicio que se ofrece en la sociedad, solo sometido a la competencia puede generar beneficios en cuanto a los precios, la calidad, el acceso y un largo etcétera. Si en verdad nos preocupa el servicio que los profesionales le ofrecen a la gente y buscamos fortalecer el ejercicio profesional, lo que hay que hacer es eliminar las barreras de entrada que existen y limitan la competencia, no hacer más rígido el sistema que hoy tenemos y que sabemos que no está funcionando.
















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