Dante Bobadilla
Los retos de la libertad
Muchos tratan de imponernos sus “paraísos” sociales
La libertad siempre ha sido la causa más difícil de defender porque siempre se han dado buenas razones para limitarla o eliminarla. En esta pandemia, por ejemplo, hemos visto la libertad amenazada bajo el pretexto de la salud. Pero hay muchas otras razones que se invocan para recortar o eliminar la libertad. Y no todas vienen del poder político.
Los colectivismos suelen recortar las libertades individuales en aras de un bien común que consideran superior, un “bien social”. Cualquier cosa sirve, incluso un sentimiento como el nacionalismo. Muchas cosas se colocan por encima de la libertad, y la mayoría no son más que ideales abstrusos empleados para manipular conciencias. Se defienden cosas como la moral, la dignidad, el patriotismo, la familia, la mujer, la equidad, la justicia, etc. Todo sirve para obligar o prohibir conductas a los demás, y definir un comportamiento único.
Nadie peor que los regímenes comunistas para eliminar la libertad, incluyendo el pensamiento libre. Erigen altares a los dioses que todos deben adorar. Se lucen imágenes de quienes rigen el pensamiento correcto y único: Marx, Lenin, Mao, el Che, Fidel, etc. Los textos sagrados se memorizan desde la escuela, se repiten como oraciones y cánticos, y se realizan rituales en fechas especiales en que la población es convocada a rendir pleitesía a los héroes.
Siempre hubo una curiosa cobardía para enfrentar el comunismo, el peor enemigo de la libertad. En el siglo pasado hubo una guerra mundial para defender la libertad amenazada por el nazismo, pero al comunismo –que era incluso peor– lo dejaron apoderarse tranquilamente de la mitad de Europa. Es decir, se luchó para liberar Europa del yugo nazi y luego se la entregó al yugo ruso. Cuando Churchill denunció la cortina de hierro ya era tarde: había empezado la construcción del muro de Berlín. Tal fue la fascinación del comunismo que la otra parte de Europa, la llamada “libre”, estaba atraída por ese régimen totalitario.
¿Qué era lo que conquistaba la mente de tantos intelectuales a favor del despotismo, totalitarismo, brutalidad y criminalidad del comunismo? Nada más que nobles ideales. Esa nefasta ideología está llena de trampas mentales como “justicia social”, donde caen con facilidad los incautos, por muy intelectuales que sean. En especial los jóvenes. Latinoamérica tuvo la vergüenza de defender durante seis décadas la dictadura cubana de los Castro, y la mejor defensa que se oía era que Fidel le había devuelto la dignidad al pueblo cubano. Un pueblo que pasó a depender de la limosna soviética, a vivir en racionamiento y sin libertad.
Los líderes iluminados que tratan de imponernos su paraíso social son enemigos de la libertad. Mucha gente los sigue porque temen ser libres y son atraídos por charlatanes que ofrecen causas lindas, cursis y nobles. Luego nos obligarán a cumplir el régimen de vida que se ajuste a esos ideales: la justicia social, equidad de género, ambientalismo, animalismo, feminismo, la no discriminación, la defensa de la moral política y la guerra contra los corruptos y golpistas, etc. Cada día aparecen nuevas causas que se usan para atacar la libertad. Y como siempre ocurre: ante la falta de libertad la primera víctima es la verdad.
Pero hoy no hace falta tener el poder político formal para limitar las libertades. Basta una cierta capacidad de influencia social a través de los medios y las redes. Ellos tienen el poder para difundir narrativas, generar sentimientos en la población y movilizar contingentes juveniles, en defensa de la causa de ocasión y acallar a los disidentes. Es una nueva forma de totalitarismo informal, ejercido fuera del poder político, pero que le resulta útil al poder. Hoy los disidentes no son fusilados ni enviados a prisión, sino cancelados de diversas formas.
Las redes sociales se han llenado de pequeños émulos de Stalin que dictan las consignas a la juventud desorientada. Les dicen dónde tienen que ir a hacer un plantón, qué tienen que gritar y contra quién. Defienden su vandalismo correctivo asegurando que la libertad no se puede ejercer para decir o hacer tales y cuales cosas en contra del pensamiento correcto. Nos dicen que no somos libres de pensar y opinar diferente. Que las causas de moda son intocables. Y desde luego, también tienen altares donde adorar a sus héroes.
















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