Dante Bobadilla

Los buenos criminales

Los indignados marchan como hordas de salvajes sin control

Los buenos criminales
Dante Bobadilla
10 de junio del 2020


La humanidad involuciona hacia el mal llamado “progresismo”. Es una nueva era en la que las palabras importan más que los hechos, y hasta pueden llegar a ser opuestos perfectos. El progresismo es, en efecto, un boleto al atraso y la miseria, donde el progreso es concebido como retroceso a la era preindustrial. Del mismo modo, la búsqueda del Nuevo Orden Mundial ha conducido solo al desorden y al caos mundial. La ley y el orden son cuestionadas. Nada es digno de respeto puesto que todo es parte de un “sistema” fallido y corrupto.

El lenguaje se usa como herramienta del cambio. Ya no importan las reglas del idioma, puesto que ellas también son producto del “sistema” y el viejo orden corrupto basado en el machismo y la discriminación. El progresista reinventa el idioma para volverlo “inclusivo” y se expresa sin pena ni temor por las reglas del idioma. Ha llegado a cuestionar todos los sustantivos masculinos considerándolos sospechosos de discriminación. 

El progresista es un “indignado” por naturaleza. Le indigna lo que considera “injusto”. Por ejemplo, que haya pobreza en el mundo o que exista desigualdad en la sociedad. Lo más peligroso es que el progresista considera que su indignación lo faculta para cometer los actos más criminales como protesta ante la injusticia y en busca de la sociedad perfecta. En tal sentido, son criminales buenos. Los indignados marchan como hordas de salvajes sin freno ni control, destruyendo todo lo que encuentran a su paso, convirtiendo la barbarie en acto de purificación social. 

La vanguardia de estas hordas salvajes bienintencionadas son los intelectuales de izquierda que, siguiendo la escuela de Marx, están enfocados en la crítica y condena de toda la realidad, acusándola de ser un “sistema” creado exprofeso para mantener la desigualdad y la pobreza. Esa es, en último análisis, toda su retorcida teoría: una especie de delirio paranoide y charlatanería apocalíptica disfrazadas de filosofía profunda. Acusar al mundo de estar mal hecho y ser el producto de una serie de intereses y de poderes ocultos que quieren mantener sus privilegios a costa de los más pobres y patatín patatán. 

¿Cuál es el aporte de esta patología intelectual? Proporcionar el combustible que alimenta a las hordas salvajes, prestas a destruirlo todo porque nada sirve. Se le ha cargado al “sistema” todas las etiquetas negativas de la humanidad, como el egoísmo, la avaricia, la desigualdad, la violencia, etc. Los intelectuales de izquierda se pavonean describiendo los defectos del “sistema” y justificando todo acto destinado a destruirlo. Padecen de un virus mental que copia estas retorcidas tesis de cerebro en cerebro y de generación en generación.

Es muy fácil hablar en la abstracción y achacarle todas las culpas a un “sistema”. Ese es el recurso más barato de los intelectuales. Creen que culpando a un ente abstracto y señalando poderes ocultos, que nadie más que ellos logran visualizar, pasan por más inteligentes. Así que si hay hombres abusivos que golpean a sus mujeres la culpa no es de estos hombres, sino de un “sistema” como el machismo. Y si un policía blanco abusivo se sobrepasa con un delincuente negro, y lo mata, la culpa no es de este policía sino de un “sistema” en el que prevalece la discriminación y el racismo. Por lo tanto, hay que castigar al sistema. ¿Y qué es el sistema? El sistema es todo. Entonces destruyamos todo. 

La humanidad avanza hacia su propia destrucción, como producto del mal uso de la inteligencia. El intelectualismo extremista busca explicaciones totales a fenómenos complejos, o explicaciones enrevesadas a problemas simples (derivados de las imperfecciones del ser humano individual), o culpar a poderes siniestros de las formas naturales en que las sociedades han encontrado soluciones a sus problemas existenciales, tales como la división del trabajo en especializaciones, siendo una de ellas la administración de los recursos, sin poseerlos. Todas estas formas trilladas del intelectualismo de izquierdas están envenenando a las sociedades y creando un clima de odio que solo conduce al genocidio.

Las fábulas de la izquierda calan fácil porque están revestidas de falsa moralidad. El componente moral actúa como miel para que multitudes de incautos caigan como moscas a defender estos disparates ideológicos. Al final esa falsa moral los lleva a defender a los más grandes criminales de la historia, como Stalin y Mao, y a dictadores corruptos y nefastos como Fidel Castro y Hugo Chávez. No importan las justificaciones ni las intenciones. Lo real es que el progresismo solo ha generado caos, destrucción, muerte y miseria. Y no interesan sus buenas intenciones.

Dante Bobadilla
10 de junio del 2020

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