Ursula Chamochumbi

La violencia es feminista

Sobre la muerte de Solsiret Rodríguez

La violencia es feminista
Ursula Chamochumbi
19 de febrero del 2020


Mi posición en cuanto al feminismo es muy clara y ha sido la misma desde el principio. No creo en este movimiento, pienso que tiene intereses oscuros, que no están orientados a la defensa ni a la protección de las mujeres. Esto es fácilmente verificable, basta ver qué es lo que defienden y qué no, además de la forma en que lo hacen. Esto no quiere decir que todos sus miembros estén equivocados o compartan esos intereses oscuros. Hay muchas mujeres en el movimiento que creen realmente que están luchando por justicia, para cambiar lo que está mal en el país y en el mundo; pero lamentablemente su trabajo y su apoyo no están sirviendo a esos fines, aunque ellas quieran pensar lo contrario. Además, no es de personas saludables, psicológica y moralmente, tener referentes como Simone de Beauvoir.

Hoy vemos un nuevo ejemplo de cómo el feminismo contribuye a generar o empeorar problemas. La trágica confirmación de la muerte de Solsiret Rodríguez –una joven universitaria, madre y militante feminista– llega en medio de otra espeluznante confirmación: quien le quitó la vida no fue un hombre, fue una mujer. Antes de conocerse esto, la mayoría de militantes feministas se pronunciaron en contra del “patriarcado”, que para ellas es siempre el culpable de todo; su odio enfermizo hacia los hombres las hace incluso utilizar tragedias como estas, manipulándolas para sus propios fines. No solo son capaces de culpar a inocentes, sino que además evitan que se encuentren soluciones. Para ellas una mujer no podría cometer crímenes; pero cuando se encuentran frente a los hechos son incapaces de reconocer el error y continúan culpando a otros. Eso no es buscar justicia.

Cierto es que en este caso no solo la asesina y quienes al parecer la ayudaron son los culpables del sufrimiento de la víctima y de su familia. También lo son los malos elementos policiales, que con su pésimo trabajo demostraron una vez más que esa institución es una de las peores del país; acompañados muy de cerca por la Fiscalía, que son igual o peor de incompetentes, por decir lo menos.

La muerte de Solsiret, como la de tantas otras mujeres, hiere el alma del país. No es necesario ser feminista para saber que existe un enorme problema; pero sí es necesario no serlo para encontrar una solución adecuada. Porque mientras no se ataquen las verdaderas razones de esta violencia, no va a erradicarse. Les doy un simple ejemplo: si un médico encuentra que la enfermedad de su paciente es gastritis, pero decide llamarla arritmia y dar al paciente tratamiento para la arritmia –porque un laboratorio va a pagarle mucho dinero por utilizar esas medicinas– la gastritis empeorará y su paciente no se curará. Lo mismo sucede con este fenómeno social del que estamos siendo testigos, sobre todo en los últimos años. Llaman “feminicidio” a lo que en realidad es un homicidio pasional y no un crimen de odio; por ende, no se aplican las acciones adecuadas para desterrar este mal. Estos activistas se disparan a los pies y también a las mujeres inocentes que dicen defender.

Ursula Chamochumbi
19 de febrero del 2020

COMENTARIOS