Dante Bobadilla
La plaga del Estado
Funciona con la misma lenidad y falta de criterio de siempre
El presidente Sagasti no puede ocultar su rostro de preocupación. Ha cogido una papa caliente y empieza a quemarle la mano. No sabe qué hacer y repite la misma receta del año pasado. El objetivo es el mismo: que los enfermos dejen de saturar los hospitales y de morirse en sus pasillos. Y es que en todo este tiempo ni siquiera se tomaron el trabajo de remediar la debacle de la salud pública, ni comprar vacunas o plantas de oxígeno, ni pagar al personal.
El Estado sigue funcionando con la misma lenidad y falta de criterio. La segunda ola vuelve a cogernos con los pantalones abajo: sin personal, sin equipos, sin pruebas moleculares, sin camas UCI ni personal calificado. Es decir, no aprendimos nada. Ese es el Estado peruano.
Antes de la pandemia la salud pública ya era un desastre, un timo colectivo, un fraude que a nadie le interesa corregir porque nadie puede demandar al Estado por estafa. Y lo peor es que pretenden juntar todos los sistemas de salud para tener un solo gran desastre. Yo haría todo lo contrario: entregaría la gestión de los hospitales a manos privadas, empezando por Essalud. Así acabamos con las mafias sindicales, los cargos de confianza en manos de incapaces, la falta de inversión, la corrupción interna que buscar tercerizar servicios hacía sus propios negocios y los corruptos que se roban las medicinas para venderlas en farmacias informales, y ponemos fin a la ociosidad, la falta de respeto a los horarios y el maltrato a los pacientes.
Pero dejemos de soñar con soluciones que nunca serán realidad porque en este país adoran al Estado. El subdesarrollo no es más que el resultado de malas ideas. Y no hay peor idea que el estatismo como producto de la envidia. Prefieren que el Estado nos siga matando antes que un privado gane dinero o que incluso pueda ayudar a la gente. Encima tienen el cuajo de prohibir que los privados importen vacunas. ¿Con qué derecho se prohíbe que una empresa privada compre vacunas para su personal? El odio a lo privado está llevando a esa arca de Noé que es el Congreso a estatizar los fondos privados de pensiones.
Estamos pues condenados a morir a manos de un Estado ineficiente y corrupto. Ahora por lo menos ya se dejan ayudar por la empresa privada. Solo queda cuidarnos por nuestra cuenta, pero tampoco caigamos en la histeria de aceptar cualquier panacea ni cuento chino.
El que quiera tomar Ivermectina que lo haga, pero no es verdad la propaganda. Todo producto que se vende como “preventivo” para lo que sea, tiene como componente principal una gran dosis de fe. No existe manera directa de probar que algo tiene un efecto preventivo para un mal futuro. Algunos han dicho que reduce la carga viral. Lo que diga un médico sin tener un sustento científico vale tanto como la opinión de un conductor de TV. Los reportes que he leído sobre la Ivermectina solo son estudios piloto, hechos con una muestra simple, de baja carga viral. Y sus resultados, obviamente, no son concluyentes porque carecen de significancia estadística. Es decir, no se sabe si la reducción viral se debió al efecto de la Ivermectina o a la reacción natural del organismo. Esa clase de reportes confunden a la gente desprevenida y solo sirve para la manipulación.
Siempre hay un negocio detrás de una necesidad. La historia de la humanidad está repleta de charlatanes de la sanación que van de pueblo en pueblo vendiendo panaceas en su carromato. Ah, y tampoco hay “especialistas en covid”. Todavía. Los especialistas solo pueden serlo en cosas que ya son bien conocidas, como la malaria. Pero nadie es especialista en algo nuevo, desconocido y que aun no termina de ocurrir. Por eso mismo resulta estúpido criticar a alguien por lo que dijo hace un año, antes de que esta nueva peste cobrara dimensiones mundiales. Nadie es adivino. Ahora mismo nadie sabe el rumbo que tomará esta pandemia, así sea el mejor científico del mundo. Puede opinar como cualquiera, pero solo es una opinión.
Lo que sí es seguro es que los peruanos seguirán muriendo. Pero no tanto por el covid, sino por la ineptitud de los gobernantes, el desastre de los servicios públicos y el amor que siente la gente por el Estado.
















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