Jorge Varela
La humanidad: espíritu de la Tierra
El hombre vive, lucha y se expande
“El hombre entró en el mundo sin ruido... “, fue la frase espléndida con que Pierre Theilhard de Chardin se refirió a la irrupción del ser humano en el universo. “Por solitario que haya aparecido, el hombre emergió de un tanteo general de la Tierra. Nació, en línea directa, de un esfuerzo total de la Vid… Si queremos comprender la naturaleza específica y el secreto del Hombre, no poseemos para ello otro método que el de observar aquello que la reflexión ha dado ya y, todavía más, lo que ella anuncia hacia adelante”.
Ideas de humanidad
He aquí una figura bajo la cual el hombre, en el instante en que despertaba a la idea de progreso, tuvo que intentar la conciliación entre las perspectivas de su inevitable muerte individual con las esperanzas de un futuro de las que no podría ya prescindir. La Humanidad era al principio una entidad vaga, más sentida que razonada, que se aliaba con un deseo de fraternidad universal: un oscuro sentido de crecimiento permanente.
La humanidad es objeto de una fe a menudo ingenua, pero su magia, más fuerte que todas las vicisitudes y críticas, continúa actuando con seducción, tanto sobre el alma de las masas humanas actuales como sobre los cerebros de la intelligenzia. ¿Quién puede aún hoy escapar a la agitación que suscita esta idea de humanidad?
La humanidad, para un buen número de contemporáneos, continúa siendo una cosa irreal. Según unos, no sería más que una realidad abstracta o un vocablo convencional. Para los demás, se ha constituido en una agrupación densamente orgánica, en la que lo social se transcribe de manera literal en términos de: fisiología, anatomía, idea general, entidad jurídica o bien como animal gigantesco.
La humanidad en tanto realidad, no puede ser comprendida más que en la medida en que, rebasando su cuerpo de construcciones tangibles, llegue a determinar el tipo particular de síntesis consciente que emerge de su concentración laboriosa. Teilhard de Chardin expresó: no puede ser definida más que como un espíritu. La humanidad: el espíritu de la Tierra, la síntesis de los individuos y de los pueblos, la paradójica conciliación de la Unidad y de la Multitud, del elemento y del todo.
La humanidad: expresión de amor universal
Para que todas estas consideraciones un tanto utópicas y, no obstante, hasta biológicamente necesarias, lleguen a adquirir cuerpo en este mundo, “¿no sería suficiente que imagináramos que nuestro poder de amar se desarrolla hasta abrazar a la totalidad de los hombres de la Tierra? Ahora bien, se dirá: ¿no es ahí precisamente donde ponéis el dedo sobre lo imposible?”.
Todo cuanto puede hacer un hombre, ciertamente, es dar su afecto a un solo ser o a algunos contados seres humanos. Más allá, en un radio mayor, el corazón ya no puede llegar y ya no queda lugar sino para la justicia fría y la fría razón. Amarlo todo y a todos: he aquí –se dice– un gesto contradictorio y falso que no conduce finalmente sino a no amar nada. Pero entonces, contestaría yo, si como pretendéis, el amor universal es imposible, ¿qué puede significar, pues, esté instinto irresistible que nos lleva hacia la Unidad cada vez que nuestra pasión se exalta? Sentido del universo, sentido del todo. Enfrente de la naturaleza, ante la belleza, la música, la nostalgia se apodera de nosotros: es la expectación y sentimiento de una gran Presencia.
La humanidad ante el porvenir
“Desde la aparición del hombre, hemos podido advertir un cierto frenar de las transformaciones pasivas y somáticas del organismo en provecho de las metamorfosis conscientes y activas del individuo considerado en sociedad”.
Una vez que la humanidad haya reconocido que su función primera es la de penetrar, de unificar de manera intelectual y de captar, para comprender y dominar aún más las energías que la rodean, ya no habrá ningún peligro para ella de chocar contra los límites exteriores de su desarrollo.
Si existe para la humanidad un porvenir, este porvenir no puede ser imaginado más que en la dirección de una conciliación armónica de lo libre con lo planeado: distribución de los recursos del globo, regulación de la salida hacia los espacios libres, utilización óptima de las potencialidades liberadas por la máquina tecnológica. En palabras de Teilhard de Chardin: fisiología de las naciones y de las razas, geo-economía, geopolítica, organización de la investigación ampliándose hacia una organización racionalizada de la Tierra.
Forzar las barreras de la prisión terrestre
Incluso uno puede preguntarse si la Vida, bajo la tensión creciente del Espíritu en la superficie del globo, llegará algún día a forzar de manera ingeniosa las barreras de su prisión terrestre, sea para encontrar el medio de invadir, llegar a otros astros deshabitados, sea para establecer una relación psíquica con otros focos de conciencia a través del espacio, lo que constituiría un acontecimiento aún más vertiginoso. Es lo que Teilhard de Chardin denominara: “la reunión y la mutua fecundación de dos noosferas (esferas conscientes reflexivas)… suposición esta que, a primera vista, puede parecer insensata, pero que al fin y al cabo no hace más que extender el psiquismo hacia una escala de magnitud tal, que nadie puede objetar”.
“El hombre en la base, el hombre en la cumbre y el hombre en el centro sobre todo: el que vive, se expande, lucha tan terriblemente en nosotros y alrededor de nosotros” (El fenómeno humano). Realmente, ¿terminaremos por ocuparnos de él?
















COMENTARIOS