Miguel Rodriguez Sosa
La razón de la fuerza. Trump y el orden imperial
Irán ha anunciado que reabrirá «completamente» el estrecho de Ormuz
El presidente de EE.UU. Donald Trump ordenó el control militar del estrecho de Ormuz, efectivo desde el lunes 13 de abril. Una jugada magistral de estrategia que ha descolocado por completo a la teocracia gobernante en Irán, que se había apresurado a anunciar su propio bloqueo del paso marítimo.
Lo más relevante de la acción decidida por Trump es que ese control es, en realidad, la apertura a la navegación por el estrecho bajo protección de navíos, fuerza aérea y marines de EE.UU., excepto para barcos que provengan de puertos en Irán o se dirijan a esos. Cualquier embarcación procedente de terminales ribereños del Golfo de Omán, o que se dirige hacia los mismos en territorios de Irak, Kuwait, Arabia Saudita, Bahrein, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Omán, tiene pase por Ormuz bajo la protección armada estadounidense y ante la mirada impotente de las fuerzas armadas iraníes en el lado norte del estrecho.
EE.UU. desinfló totalmente el anunciado bloqueo parte de Irán y su pretensión de decidir que no pueden pasar por el estrecho, navíos a su juicio con origen en países hostiles o enemigos, y que pueden pasar navíos de países considerados amigos y de otros, previo pago de un «peaje» que además de costo económico incluía sumisión. El 17 de abril Irán ha anunciado reabrir «completamente» el paso a la navegación comercial mientras dure el varias veces vulnerado “alto el fuego” concertado con EE.UU. nueve días antes y en relación con las conversaciones en Pakistán.
Es una situación precaria porque mientras Seyed Abbas Araghchi, ministro de exteriores de Irán declara totalmente abierto el paso de todos los buques mercantes por Ormuz durante el resto del periodo de alto el fuego y que los buques seguirán la ruta «coordinada y ya anunciada» con la iraní organización de puertos y asuntos marítimos, Trump reafirma que el control estadounidense del estrecho se mantendrá «con plena vigencia y efecto hasta que la transacción con Irán concluya al 100%». Persiste el desacuerdo y en los últimos días una veintena de barcos tuvieron que tomar dirección opuesta retornando al mar Arábigo ante el control a la entrada del estrecho.
El 10 de abril se había conocido la navegación de tres cargueros chinos por Ormuz «después de la coordinación con las partes relevantes», según informó la Cancillería de Beijing. Han pasado otros navíos chinos con petróleo de Irak y Arabia Saudita, también navíos de India, Pakistán, Tailandia, Liberia y Gabón, pero ninguno desde o hacia Irán. El miércoles 15 no pasó ni un barco tanquero por Ormuz. La consulta a www.marinetraffic.com el jueves 16 mostró en el área un número exiguo de buques partiendo de puertos de Irán o con rumbo hacia esos, ninguno petrolero, contrastando con el tráfico intenso hacia o desde terminales en los otros países del golfo.
El comercio de petróleo iraní a través del estrecho de Ormuz fue prácticamente detenido. Eso ha significado para Irán una pérdida económica de más de US$ 400 millones diarios, catastrófica para un país que está prácticamente en la ruina. Peor todavía, la acción de control decidida por Trump apuntaba a conseguir que el régimen de los ayatolás iraníes deba saturar la capacidad del país para almacenar en instalaciones de tierra firme petróleo extraído que no puede exportar y así en un máximo de dos semanas, sin otra capacidad de almacenamiento, deberá cesar la extracción. Ese sería el punto final para su economía.
Previo, Trump fiel a su estilo había amenazado abiertamente con erradicar a Irán de la faz de la Tierra. «Toda una civilización morirá esta noche» escribió en su cuenta de Truth Social el 7 de abril. Esa misma noche EE.UU. arreció en ataques sobre la militarizada isla de Kharg en Ormuz y sugirió que a esos seguirían otros ataques implacables sobre la infraestructura energética iraní. Los ayatolás respondieron organizando escudos humanos de civiles, incluidos niños, en instalaciones estratégicas, un potencial crimen de guerra y de lesa humanidad, si ocurriera el temido ataque estadounidense, que no aconteció.
Cuando el 8 de abril se conoció de inminentes conversaciones entre Irán y EE.UU. a ser mediadas por el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, y realizadas del 11 al 12 de abril en Islamabad sin producir acuerdos gravitantes, hubo quienes interpretaron el hecho como un fracaso de la estrategia estadounidense, sumado a que no se produjo el anunciado ataque fulminante. Tremendo error. Lo del ataque del día 7 era una añagaza y el 12 el secretario de estado Marco Rubio se limitó a informar que su país había hecho un esfuerzo diplomático para pausar la guerra, siendo enfrentado por condiciones iraníes inaceptables.
Este resultado desveló la posverdad de que Irán había neutralizado el ataque y enfrentado «con dignidad y soberanía» las duras condiciones propuestas por su oponente. En realidad, fue el peor posible para Irán pagando el altísimo costo de la arrogancia de sus gobernantes. El control de EE.UU. en Ormuz derrotó la amenaza iraní de bloqueo, que ha sido un error capital. Trump ha aplicado una máxima de la estrategia: «No contraríes a tu enemigo cuando está cometiendo un error»
Queda claro que Trump se impone a los ayatolás sin poner en suelo iraní un solo soldado estadounidense y sin destruir el país con bombardeos; lo que, si quiere, puede hacer en cualquier momento. Ejerce en Ormuz contra su enemigo la misma acción que contraría la que éste anunció. Irán dejó de ser el que reparte las cartas del chantaje autorizando o desautorizando el tránsito de petroleros según sus conveniencias. EE.UU. ha ganado esta partida del juego estratégico. Hasta los países del petrodólar en el oriente medio deben estar conformes y habilitando otras vías para exportar más de su crudo y con mayor ganancia. Consecuencias del dominio estadounidense pesan sobre los países europeos que siendo miembros de la OTAN le negaron a Trump apoyo al desminado de Ormuz y seguridad para el paso de sus abastecedores de petróleo. Para ellos la posibilidad de importar desde Irán fue cerrada y no se puede saber si la decisión más reciente del régimen de los ayatolás cambiará el estado de cosas.
Estando inhabilitado Irán como exportador petrolero en el Golfo de Omán le quedó utilizar –y lo está haciendo– servidores muy menores como el oleoducto Gore-Jask que discurre desde la provincia iraní de Bushehr hasta el terminal Kooh Mobarak de Bandar-e Jask, en el Golfo de Omán, fuera del área de control estadounidense. Pero este servidor sobre el mar con una boya para el abastecimiento de tanqueros soporta a toda marcha exportar por día sólo el 10% del petróleo extraído y almacenado en Irán. Su aporte a la economía del país cercado es minúsculo y no resta eficacia al control de Ormuz.
Además, todo el petróleo que puede ser servido desde Gore-Jask y enviado a China es muy insuficiente para las necesidades de este país que afrontaría de inmediato una crisis de abastecimiento del hidrocarburo vital para su economía, la que ya es perjudicada con el anterior cese de exportaciones petroleras desde Venezuela. Esta situación ha configurado un nuevo mapa energético mundial en lo que al petróleo se refiere. Trump ha abierto sus puertos de El Caribe a navíos petroleros de todo el mundo, actuando hoy como la mayor cisterna de hidrocarburos a nivel planetario. Hay información verificable de que centenares de tanqueros ahora se dirigen a puertos estadounidenses o salen cargados de allí, lo que favorece mucho la economía de EE.UU., reafirma la utilidad de su dominio sobre Venezuela, el impacto de su estrangulamiento económico de Irán y apaga temores del alza de precio del hidrocarburo.
China se empeñó sólo de boca para afuera en que el estrecho de Ormuz está abierto para sus buques por un trato con Irán. Una fantasía porque no es Irán sino EE.UU. el que controla el acceso y parece un imposible que China pudiera recurrir a un pulseo de fuerza militar para forzar el pase hacia Irán de buques propios o alquilados con otras banderas.
Lo que Beijing tiene que hacer, muy probablemente, es redoblar esfuerzos a través de Pakistán u otros países para obligar a Irán a satisfacer las duras demandas de Trump que significan a futuro próximo el final del régimen teocrático y de su aventura belicista y desestabilizadora de más de 40 años en el oriente medio.
Hay que tener en cuenta que EE.UU. apresta también controlar el tránsito naviero en el Océano Índico en pasos marítimos imprescindibles para China en su necesidad de hidrocarburos y para su comercio global, mediante una alianza militar «de defensa regional» respecto del estrecho de Malaca entre Malasia y Sumatra (Indonesia), muy próximo a Singapur, aliado de EE.UU., y por donde está hoy pasando el 80% de las importaciones chinas de petróleo a partir del control de Ormuz.
Si se exceptúa la opción de un enfrentamiento militar EE.UU.-China por esta situación del abastecimiento de petróleo –que sería una guerra de proporciones apocalípticas–, China, a más de la alternativa de doblegar al régimen de Irán conforme pretende Trump, tiene la de una humillante importación de petróleo de EE.UU. o del que este país le quiera vender de producción venezolana.
Trump no ha improvisado mostrar una carta ganadora directamente contra Irán y agobiando a China con el control de Ormuz. Ha tenido su jugada bien preparada, por meses considerando el análisis de la logística militar necesaria para fuerzas ahora desplegadas en la boca del Golfo de Omán, y la logística productiva y de distribución de petróleo en territorio de EE.UU. para una repentina demanda enorme de crudo y refinados. Eso es estrategia muy fina.
Ahora, es imperativo prever hacia el futuro próximo la evolución de esta situación. Xi Jinping notoriamente no desea un conflicto ruinoso para su país y para el contendiente, y sobre todo para la reactivación del proyecto global de La Franja y La Ruta. Pero lo que está consiguiendo es acumular sobre EE.UU. los costos de su intervención militar sobre Irán, que se suman a los costos de su intervención sobre Venezuela y a los de la que apresta respecto de Cuba. Son costos muy elevados que pueden contrariar la bonanza comercial actualmente favorable para Trump y generar malestar social en el país. En China, con más de mil años de maestría en estrategia, su gobernante tiene que saberlo y actúa en consecuencia alimentando esos costos.
Mientras tanto está pendiente el tema de las negociaciones iniciadas en Pakistán, que podrán retomarse en días y que son del mayor interés inmediato de China y en un plazo menos urgido también de EE.UU. por el asunto expuesto de los costos.
Por su parte, Trump espera el reinicio de esas negociaciones con la presión de Beijing sobre Teherán o el colapso muy próximo de la economía de Irán que no puede exportar el 90% de su producción petrolera –en la actualidad la única fuente de recursos económicos con que cuenta el país–, lo que puede suceder en una o dos semanas cuando se haya colmado la capacidad iraní de almacenar petróleo que no puede vender y tenga que suspender la extracción, actividad que costaría reponer una suma elevadísima imposible de conseguir.
Desde luego no cesan los clamores plañideros del progresismo y del europeísmo execrando al imperialismo de Trump que se impone en el juego de poder planetario sobre el de cualquiera otro, China y Rusia incluidos. Adviértase al respecto que Trump, si bien rehúsa una contienda armada con una o ambas potencias, les advierte que su política exterior está enfocada en la «paz a través de la fuerza» y que la razón de la fuerza es el mejor elemento disuasorio de la remozada estrategia de seguridad nacional de EE.UU. extendiendo su poder imperial sobre regiones y mares del planeta.
Este es el mundo real, el único que tenemos y en el que vivimos, donde está siendo desmantelada aceleradamente la promesa fallida de una multipolaridad más asociativa que competitiva y se revela la cruda verdad de un orden internacional que ha fracasado aspirando a la gobernanza global por la razón del derecho internacional y con la existencia de la ONU agonizante. Cualquier pataleta al respecto es pueril o alejada del realismo más elemental.
















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