Dardo López-Dolz
El precipicio electoral
Perú ante un escenario de alta tensión política
Una segunda vuelta entre el marxista Roberto Sánchez —o, con aparente menor probabilidad, el socialista progresista y amigo del castrismo cubano Jorge Nieto— frente a la candidata socialdemócrata Keiko Fujimori, quien carga con un fortísimo antivoto construido sistemáticamente por la prédica de la izquierda progresista durante más de una década, con mesas electorales en manos de una ONPE cuya fiabilidad está en entredicho. En este escenario, una victoria de Keiko Fujimori resulta altamente improbable.
López Aliaga ha amenazado con la insurgencia civil. No hay dudas de su valentía ni de sus intenciones de sostener su palabra, pero su caudal electoral no se distingue precisamente por su capacidad de presionar sostenidamente en las calles. Si López Aliaga lograra remontar la maniobra y pasar a segunda vuelta junto a Keiko Fujimori, ambos enfrentarían, además del riesgo de una vacancia inopinada por la mayoría congresal adversa, la amenaza temprana de desmanes organizados por las redes venezolanas y cubanas de guerra asimétrica desplegadas en el país. Un escenario al que el Perú llegaría con unas Fuerzas Armadas y una Policía Nacional temerosas de las venganzas judiciales de una izquierda notoriamente infiltrada en la Fiscalía y el Poder Judicial.
A esto se suma la posibilidad de que el Jurado Nacional de Elecciones declare la nulidad parcial —Lima y posiblemente Cajamarca— o la nulidad de todo el proceso electoral.
A la zozobra causada por los inminentes disturbios organizados profesionalmente por los agentes del socialismo del siglo XXI se añade la complicación de tener un presidente encargado de filiación comunista, quien tendría que ser vacado y reemplazado por alguien en el Congreso que ofrezca mayor tranquilidad y mejores garantías: como el congresista José Williams Zapata, general en retiro y héroe de la lucha antiterrorista.
En cualquier caso, la organización de un nuevo proceso electoral —ya sea solo para Lima o a nivel nacional— se perfila como una salida ineludible ante la profundidad de la crisis.















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