Alan Salinas
Instituciones y no etiquetas
La democracia es un régimen político que garantiza derechos y deberes
El año pasado, en el mes de marzo exactamente, se presentó en señal abierta la entrevista a Peter Cárdenas, ex miembro y dirigente del MRTA. Revisando información sobre el tema para una novela que vengo escribiendo, dicha entrevista generó más morbo que reflexión. Generó esa fácil división entre “proterruco” y “antiterruco” que reflexiones sobre el sentido político de esa liberación. ¡Claro! aún vivimos en un país con precaria pedagogía política. Predomina la “banalización del mal” para usar el término de Hannah Arendt.
A dos décadas y media de haber pasado por un proceso político violento, conviene reflexionar sobre el concepto de insurgencia en el país. La insurgencia parte de la idea constitucional de desobediencia civil frente a un orden político que está vulnerando garantías constitucionales y violando los derechos más elementales que tiene toda persona.
Después de once años de dictadura, en la década de los ochenta, el Perú recobraba la democracia. Era necesario –por ese entonces– construir el régimen y disputar, a través de la participación electoral de partidos políticos representativos, un nuevo proceso político, en manos –hasta antes de los ochenta– de la oligarquía y de los militares. Pero surgieron los grupos terroristas Sendero Luminoso y el MRTA y su cuestionamiento a la “democracia burguesa”, lo que generó –como el gobierno golpista de Fujimori– un rompimiento del reciente orden democrático y dolor en las familias peruanas.
La democracia –con todos los errores que tiene– es un régimen político que garantiza derechos y deberes, algo que desconocen las dictaduras de derecha o de izquierda. Esto último representaron Sendero Luminoso y el MRTA. No construyeron política, como involucramiento en asuntos públicos, no impulsaron la construcción de espacios públicos, no generaron comunidad política ni alternativas económicas para sacar adelante un país con una economía en crisis; todo lo contrario, la destruyeron.
Digámoslo claramente: Sendero Luminoso y el MRTA no fueron insurgentes. Asesinaron miles de personas cuando el país entraba en democracia. Precario, y con un contexto difícil en lo económico, el país necesitaba afirmarse en construir institucionalidad. Una institucionalidad que esté más allá de las personas, institucionalidad que reconozca ciudadanos y ciudadanas y no relaciones serviles. Institucionalidad que reconozca adversarios y no enemigos, y que genere –lo que hasta hoy es un gran reto político para el Perú– comunidad política.
















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