Dante Bobadilla

Histeria feminazi

Estado peruano malgasta dinero público en el activismo de género

Histeria feminazi
Dante Bobadilla
11 de marzo del 2020


No sé ustedes pero yo estoy hasta la coronilla del feminismo. Y en particular de esa obsesión burocrática llamada “igualdad de género”. El Estado peruano está dedicado a malgastar dinero público en el activismo de género en todas sus instituciones. ¿Por qué tenemos que solventar las aberraciones de un grupete de progresistas dedicados al culto de sus supercherías ideológicas con actos tan pueriles como inaugurar un “semáforo con igualdad de género”.

Entendemos que la ministra Montenegro no tenga nada que hacer en su despacho. Debe ser bien aburrido vivir esperando la noticia trágica del día para aparecerse en la escena a armar el show de la indignación. O tener un ejército de burócratas bajo presión, pensando en la próxima campaña de concientización en igualdad de género, y no tener ninguna idea de en qué malgastar el dinero público. Debe ser estresante. Pero que la recientemente creada ATU, la esperanza de tantos ingenuos para resolver el caos del transporte, se dedique a las payasadas de género, en lugar de resolver los acuciantes problemas de tránsito, ya es demasiado. 

Ha llegado el momento de frenar la pandemia del feminismo antes de que llegue al Perú con su versión psiquiátrica, y empiece a causar destrozos como en México y Chile. No les basta con marchar cargando pancartas amenazantes contra los machos. Ahora incluyen ridículas coreografías de pésimo gusto, van quemando iglesias y manchando paredes con consignas aberrantes. Es una clara expresión de patología social desatada y sin control. Es a lo que vamos a llegar si seguimos cebando al feminismo desde el Estado. Es parte de la agenda internacional de la izquierda a la que cada gobierno se adscribe sumisamente, sin consultar con nadie. Así nacen estas aberrantes políticas públicas que convierten a los funcionarios en payasos, malgastan millones de soles y miles de horas en adoctrinamiento ideológico marxista.

No hay nada de racionalidad en todo ese barullo sexista que ocupa al Estado. He escuchado con horror en la TV decir a una oficial de la PNP que “las madres deben obligar a sus hijos a jugar con muñecas para que les entre la igualdad de género”. Ya estamos en ese nivel de miseria moral y pobreza mental gracias a las virtudes del marxismo cultural, regado en las instituciones del Estado bajo la modalidad de talleres de género. Recordemos que Vizcarra posó con su “gabinete paritario” como si fuera un hito histórico, humilló a los generales del Ejército imponiéndoles ridículos mandiles rosados sobre su uniforme, y a diario nos atormentan a coro con su exasperante y pobre “lenguaje inclusivo”, parte de la política pública sobre la ideología de género. ¿Tiene todo eso algún sentido? No.

Jurídicamente, hombres y mujeres en el Perú gozamos exactamente de los mismos derechos y libertades. Cada quién hace con su vida lo que se le antoja. El resto son excusas. Todas las diferencias que se observan en la sociedad se deben a las naturales diferencias que existen entre ambos sexos. De hecho, no tenemos los mismos gustos, intereses, inclinaciones, pasiones, habilidades, fortalezas y demás características humanas que se reparten diferenciadamente entre los sexos. Es una necedad absurda pretender igualarnos socialmente. Y peor aún es pretender que haya igualdad numérica entre hombres y mujeres en la política. Eso es sencillamente una estupidez. La política representa ideas, no sexos. 

El marxismo siempre ha fracasado por ignorar la realidad. La izquierda siempre trata de imponer su ideología por sobre la naturaleza humana y siempre ocasiona estragos y miseria. No es nada diferente con la ideología de género. Toda esa cháchara igualitaria se sustenta en los mismos principios dogmáticos de la típica mitología marxista, la que se reduce a esto: la realidad es injusta, hay un segmento de personas (trabajadores, mujeres, gays, campesinos, etc.) que son explotados y están oprimidos y/o discriminados.

La causa de esta situación injusta es un ente abstracto, un espíritu maligno, un demonio misterioso, una fuerza oculta a la que llamaremos “el sistema”, el cual puede ser, según el caso, el capitalismo, el neoliberalismo, el machismo, el patriarcado o cualquier otra bobería por el estilo a la que se le pueda culpar de todos nuestros males. Luego, la lucha política consiste en defender a las víctimas y combatir a ese espíritu maligno hasta destruir “el sistema y todo lo que representa”, para alcanzar la liberación. Y colorín colorado, este cuento marxista se ha acabado.

Dante Bobadilla
11 de marzo del 2020

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