Andrea Narvaez

Goebbels en Palacio

El marketing político de Martín Vizcarra

Goebbels en Palacio
Andrea Narvaez
25 de junio del 2020


Si hay algo interesante en el Gobierno de Vizcarra es la mente brillante encargada de manejarle el marketing político. Algún estratega hábil pero macabro, quien teje con hilo fino y calcula milimétricamente cada movimiento para evitar pasos en falso. Esto nos lleva a recordar los conceptos de Gustave Le Bon, quien definía la psicología de las masas como “los sentimientos y las ideas de todas las personas aglomeradas que adquieren la misma dirección y cuya personalidad consciente se desvanece”; asimismo, para Sigmund Freud “la multitud es extraordinariamente influenciable y crédula”.

Han pasado casi tres años desde que Vizcarra asumió el mandato y no hay ninguna nueva obra en salud o educación que los peruanos conozcan. Los gastos más notables han sido los millones destinados al referéndum y a las nuevas elecciones congresales, S/ 524 millones otorgados a Odebrecht y más de S/ 1000 millones en consultorías, entre otros gastos. Sin embargo, la encuestadora IPSOS le da 80% de aprobación a nivel nacional; y CIT, 70% en Lima Metropolitana. Impresionante, ¿verdad?

Como todo fenómeno político tiene una explicación, vamos a analizar el caso Vizcarra. Detrás del telón hay actores instalados en el cuarto de guerra y que trabajan las 24 horas del día para refinar las estrategias de propaganda política que van a ejecutar. El Gobierno no necesariamente está tomando las medidas correctas para encaminar el país y asegurar el desarrollo, aquí lo que están priorizando es mantener caliente el horno de la popularidad, albergando un crisol de estrategias que hierven a 1000 grados Fahrenheit.

Hermann Goering definía a Joseph Goebbels como el “enano cojo y diabólico”. Los 11 principios de la propaganda creada por Goebbels refleja muy bien las cualidades tétricas de este personaje. El team marketero de Vizcarra utiliza este manual como una biblia y sigue la receta al pie de la letra. El primer y segundo principio, nos hablan sobre la simplificación del enemigo único, que consiste en individualizar al adversario y reunir a diversos opositores en una sola categoría. Podemos observar que la construcción semántica del apodo “fujiaprista” ha calado perfectamente en el mapa político que utilizan. Aprovechan las debilidades del enemigo y reúnen sus características para crear un único monstruo, que sirve de costal de ataque ante cualquier inconveniente.

El tercer principio hace referencia a la transposición, y consiste en cargar al adversario los propios errores, de manera que ayude a justificar los defectos. No cabe duda, cada vez que Vizcarra es enfrentado por la prensa o la oposición para rendir cuentas sobre un determinado acto, tiende a echarle la culpa al monstruo bautizado como fujiaprismo. “La culpa no es de él sino de los gobiernos anteriores”, pero astutamente saca del ring de box a los gobiernos pasados liderados por la izquierda soft, como los de Toledo y Humala. ¿Por qué? Porque son sus aliados y pertenecen al mismo esquema. La línea ideológica de este Gobierno está marcada.

Otro principio resaltante es el sexto, sobre la orquestación, que funciona de tal manera que una propaganda debe limitarse a un pequeño número de ideas que deben ser repetidas incansablemente, hasta que queden impregnadas en la memoria de la masa. No importa si son mentiras maquilladas, como la promesa de las construcciones de hospitales y colegios; si las cumple o no es lo de menos, lo que importa es que ya vendió la idea. Y por último, el principio número once es el más aplicado, el principio de la falsa unanimidad: convencer y hacerle creer a la gente que todo el mundo piensa de un determinado modo. Esta estrategia también fue trabajada con mayor énfasis en los medios y redes para el cierre del Congreso pasado. 

Vizcarra es un líder astuto, pero no un buen gestor del macrogobierno. La banda presidencial le queda grande; y la misma masa distraída en sus quehaceres, que hoy lo aplaude, será la que mañana lo juzgue. El plan estratégico de marketing político es sostenible en un mediano plazo; pero les guste o no, está sometido a la ley de la gravitación universal de Newton: “Todo lo que sube tiende a bajar”. Hoy Vizcarra disfruta de los malabares que lo mantienen en el punto más alto de la popularidad; pero cuando la cruda realidad pinche el globo el derrumbe será estrepitoso. Lo peor de todo es que no está dejando un legado de obras que le sirvan de amortiguador para salvar su caída libre.

Andrea Narvaez
25 de junio del 2020

COMENTARIOS