Dante Bobadilla

Furor estatista

El Estado no es la solución sino el problema

Furor estatista
Dante Bobadilla
03 de junio del 2020


Los peruanos han sido burlados una vez más con el cuento de la lucha contra la corrupción. Un viejo truco político, usado con el mismo éxito una y otra vez. Vizcarra no ha hecho más que seguir el mismo guion gastado del último medio siglo: alzar la voz para condenar a los corruptos –señalando a sus enemigos– y destruir los partidos políticos, pese a que estos ya casi no existen de tanto que han sido combatidos y reformados.

Mientras el público se distraía con la persecución y encierro de las víctimas, Vizcarra llenaba el Estado con toda clase de amigos, amiguitos, allegados y sobones. Los contratos se multiplicaron en charlas de motivación, bailoterapia, seguros médicos de lujo, vestimenta de marca, tarjetas de consumo ilimitado, etc. Además de corruptelas y aprovechamiento, había frivolidades cuyos gastos exceden mil veces al de aquellas flores que compró el Congreso anterior, y por las que armaron tremendo escandalete los medios. 

Queda claro pues que Vizcarra tampoco es el mesías salvador que cambiará la historia. Es solo uno más, con el mismo disfraz, en la larga fila de charlatanes que usufructúan el más alto cargo de la nación para dedicarse a la repartija de favores y compra de lealtades. Solo así se explica que pueda mantenerse sobre las olas sin partido ni movimiento ni bancada, con una prensa adicta y unas encuestas que lo engríen. Y queda demostrado que muchos ministerios no tienen más función que la de servir como agencia de empleos del gobernante. 

Si hay algo que reformar en este país es el Estado. Pero es lo único que no se toca. El Estado no es la solución, sino el problema. Es lamentable oír a tantos activistas de medios, periodistas y políticos exaltados, pidiendo que el Estado se tome todo lo que tenga que ver con la salud. En el colmo de la miopía quieren poner al gato de despensero. ¿Quién sino el Estado es el responsable de toda la crisis sanitaria y hasta de la escasez de medicamentos? 

Los operativos efectuados en farmacias aledañas a hospitales han descubierto un tremendo tráfico de medicamentos del Estado que terminan en las farmacias. ¿Quién es responsable de esta corrupción? Obviamente son los funcionarios del Estado. ¿Y por qué ocurre esto? La razón es muy simple: porque importar medicamentos en el Perú es prácticamente imposible por los controles de Digemid. En buena cuenta, no existe libre mercado de medicamentos, ya que no hay libre importación. Por eso mismo las clínicas dependen del monopolio del Estado para las pruebas del Covid-19. Si hubiera verdadero libre mercado de medicamentos y libre importación de estos, las clínicas no tendrían que depender del Estado ni las farmacias estarían traficando medicamentos de los hospitales. 

El problema no es el libre mercado, sino la falta de este. Cada vez que el Estado impone regulaciones extremas estrangula una actividad económica. La respuesta es la aparición de mafias y corrupción. Si Kafka leyera los protocolos del Estado para reactivar la actividad empresarial o el reglamento para importar cannabis medicinal, por ejemplo, podría escribir el segundo capítulo de El proceso y sería aun más terrible. No hay nada peor que restringir el mercado y acogotarlo con regulaciones imposibles. A más control del Estado, más corrupción. Pero no lo entienden. Acá reman al revés. Insisten en que el Estado lo controle todo. Lo único que hacen es ajustar más la soga que tenemos atada al cuello. ¿De qué han servido las restricciones y controles de armas y lunas polarizadas? ¿Han detenido la violencia y la delincuencia? ¡Para nada! Salvo para un mercado negro de armas y corrupción policial.

Son los estatistas recalcitrantes, los que quieren meter al Estado hasta en las vidas de las personas y en sus hogares, los que se quejan de la mala situación de la sanidad pública culpando al “Estado neoliberal”. Precisamente es por culpa de distraer recursos públicos a fines extravagantes e inútiles, como los consabidos “temas sociales”, que el Estado no puede cumplir a cabalidad sus más elementales funciones y servicios públicos, empezando por la seguridad. Hoy más de la mitad del Estado está ocupado en “temas sociales”, como la desigualdad, la mujer, el género, la violencia doméstica, las comunidades, las lenguas originarias, el cine progresista, etc. Los ministerios son prácticamente beneficencias públicas y anexos de oenegés de izquierda. 

Mientras se conciba al Estado como la gran solución de todos nuestros problemas, sin entender que en realidad es el gran problema, nada va a cambiar.

Dante Bobadilla
03 de junio del 2020

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