Dante Bobadilla
Fracasados e incendiarios
La generación millennial
Una vez más el progresismo armó un show anticapitalista y nada menos que en Miraflores. Un grupito de “indignados” se apostó frente a un local de McDonald’s para proclamar que “el capitalismo mata”. Así como lo leen. Todo esto a raíz de la muerte de dos trabajadores de la cadena, ocurrida a causa de precarias instalaciones eléctricas e irresponsabilidad de su administrador, así como la inoperancia de la andanada de organismos públicos responsables de verificar la seguridad de los locales comerciales y las condiciones laborales.
¿Pero cómo es que estos activistas dieron tremendo salto dialéctico desde un accidente laboral hasta el capitalismo como sistema económico? La explicación requiere adentrarnos en la psicopatología de las izquierdas. La mente de todo izquierdista divaga en el delirio. Nunca pisan tierra. No analizan la realidad concreta. Siempre están alucinando con teorías generales que lo explican todo, apelan a una razón universal que define cualquier aspecto de la realidad de la misma manera. Son expertos en todo sin saber nada concreto, porque están convencidos de conocer el mecanismo universal. Es así como logran explicar la muerte de dos jóvenes sin atender a sus causas reales, sino apelando, una vez más, al sistema universal, a cuya fuerza maligna culpan de ser la gran conspiración mundial que nos gobierna y nos hace sufrir explotación, pobreza y muerte. O sea, el capitalismo.
Claro que, en el mundo real, el capitalismo es el responsable del gran salto de la humanidad en los últimos doscientos años, reduciendo la pobreza a sus niveles más bajos en toda la historia y mejorando las condiciones de vida de buena parte del planeta, incluyendo a los progresistas. Por su parte, el socialismo/comunismo, que proponen los progresistas, es el culpable de los mayores genocidios de la historia y de las más espantosas crisis humanitarias provocadas adrede por el propio hombre. El socialismo/comunismo fracasó en todo el mundo, luego de matar a más de 130 millones de personas en menos de un siglo y dejar países devastados.
¿Qué hace entonces que esta gente odie al capitalismo y pida socialismo? Incluso habría que preguntarse por qué culpan a la franquicia McDonald’s. La explicación es bastante simple. Y una vez más debemos apelar a la psicopatología de las izquierdas. Tiene que ver con el simbolismo, una característica de mentes alienadas para quienes las cosas valen más por lo que significan que por lo que son en realidad. Ese significado solo existe en sus mentes. La gente normal no logra entender esos actos absurdos, como las escenografías feministas.
McDonald’s es una de las marcas emblemáticas del capitalismo. Refleja el éxito y la eficiencia en el campo de la comida rápida. Sistematizó el procedimiento y la fórmula para realizar uno de los productos más consumidos por la sociedad: hamburguesas. Lo hizo bueno y barato. El éxito de la marca hizo que se extendiera por todo el mundo, llegando a 119 países, incluyendo a Rusia y China, donde hay más de 2,000 locales McDonald’s, sumando casi dos millones de empleados en todo el planeta. Ningún país socialista ha logrado proporcionar tanto bienestar a tanta gente. El capitalismo, obviamente, no mata. El capitalismo saca de la pobreza y da de comer a millones de personas en el mundo. Algo que el socialismo jamás hizo y jamás hará.
Nuestros progres socialconfusos viven delirando en el humo de sus fantasías y masticando sus odios viscerales por una razón muy simple, propia de su psicopatología: son unos fracasados en la vida y culpan a otros de su fracaso, típicamente al “sistema”. Están convencidos de que su miseria existencial es culpa del “sistema de mierda”, según proclaman en sus redes sociales. Y no son pocos los que sugieren “incendiarlo todo”. Son jóvenes que aún no han logrado nada en la vida. No aportan nada a la sociedad, salvo sus odios en marchitas y plantones. Revisar el perfil de cualquiera de ellos arroja casi los mismos resultados: estudiantes de carreras inútiles, artistas frustrados, especialistas en humo progresista, como “género” y boberías por el estilo. No avanzan en la vida y creen que la culpa es del sistema. Y la solución se la exigen al Estado. Es la generación de jóvenes que no aportan nada y no son responsables de nada. Culpan a otros de su fracaso y exigen a otros que les solucionen sus problemas, bajo amenaza de incendiarlo todo. Así están los millennials.
















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