Erick Flores

Floyd: el Joker

Cuando la protesta deviene terrorismo

Floyd: el Joker
Erick Flores
01 de junio del 2020


“El primer principio de la protesta pública o privada es que no debe estar relacionada
con cosa alguna de lo que el que protesta pueda ser responsable”. P.D. James

La muerte de George Floyd, un hombre negro que falleció el pasado 25 de mayo en Minneapolis (Minnesota), ha conmocionado al mundo entero. Los detalles de su muerte todavía se investigan, pese al juicio popular que ya se ha consumado producto de las imágenes, donde se observa a un Floyd reducido y con el cuello bajo la rodilla de un efectivo policial. Lo cierto es que la autopsia oficial ha arrojado detalles que han terminado por avivar más la llama de las “protestas” que hoy tienen paralizadas más de 30 ciudades en los Estados Unidos.

Al margen del desenlace que llegue a tener este caso, es evidente que estamos ante un tema bastante delicado. En este punto quizá la mayoría piense que se trata del racismo y la agenda que forma parte de la plataforma de lucha que se ha montado a partir de lo ocurrido con Floyd; pero no, se puede visualizar un problema un poco más grave que ese, y es el de la justificación de cualquier cosa bajo el pretexto de la lucha.

Casos como el de Floyd pueden generar reacciones bastante agresivas por parte de la población. Se trata de asuntos que tocan la sensibilidad de las personas y su tratamiento requiere un cuidado especial por parte de las autoridades. Sin embargo, lo que viene ocurriendo en las ciudades americanas ha rebasado todos los límites. Observamos bandas de delincuentes (eso es lo que son) que, amparados en la aparente legitimidad de una lucha contra el racismo, se han dedicado a destruir la propiedad privada y atentar en contra de la vida de civiles, personas inocentes que nada tienen que ver con el abuso policial o el racismo.

Las imágenes del ataque cobarde al dueño de una tienda en Dallas, o la agresión que sufrió una mujer con parálisis en silla de ruedas en las puertas de una tienda en Minneapolis, sólo por mencionar un par de ejemplos, nos habla de una realidad bastante cruda y triste: la infiltración de grupos radicales en las protestas es algo muy común y pasa en todos lados. El objetivo es el mismo, hacer del crimen y la delincuencia, armas en contra del sistema. Justificar este tipo de acciones, en el marco de cualquier lucha que aparenta tener fundamento –como podría ser el medio ambiente, los animales, los indígenas, los negros, etc.– es una estrategia muy usada por quienes buscan desestabilizar un sistema, socavando las bases de la autoridad. No es una casualidad que detrás de las “protestas” por el caso Floyd, estén involucrados grupos radicales como Antifa.

El caso Floyd amerita una investigación profunda y una sanción ejemplar para los responsables, si se llega a demostrar que el abuso policial fue la causa de la muerte de la víctima. Se entiende la indignación por parte de la sociedad, que puede manifestarse en contra de estas cosas. Puede protestar por cualquier cosa en realidad, la constitución americana permite a los estadounidenses manifestarse siempre y cuando la manifestación sea pacífica y no amenace el orden en las ciudades; lastimosamente no es lo que vemos en las calles de los Estados Unidos. No son protestas, son cobardes actos de terrorismo urbano, saqueos y robos, violencia en contra de personas inocentes. Y todas estas atrocidades son justificadas en nombre de la “justicia social”, que en este caso sería racial.

Arthur Fleck, personaje de ficción que encarna al famoso Joker, enemigo número uno de Batman en los cómics, terminó por justificar su insanía mental y sus crímenes debido a una sociedad que él veía injusta, donde se arrogaba el papel del llevar la voz de aquellos que no son escuchados, a través de la violencia, de la delincuencia. Y por más romántico que parezca el discurso, nada puede justificar el terror en las calles contra civiles inocentes. No sé si Floyd tenía la intención de convertirse en un símbolo pero lo ha conseguido, pero no se trata de un símbolo contra el racismo, lo que los delincuentes que posan como protestantes han conseguido es usar su caso como plataforma de lucha ideológica. La triste imagen de un muerto para justificar la destrucción de una sociedad que observa perpleja su deterioro moral e institucional.

Erick Flores
01 de junio del 2020

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