Alan Salinas

El Perú del bicentenario

Inmerso en su mayor crisis política y moral

El Perú del bicentenario
Alan Salinas
03 de marzo del 2021


Ad portas
de conmemorar el bicentenario de la Independencia del país, es necesario reflexionar sobre los asuntos pendientes que aún tiene nuestra joven democracia. A sus casi 21 años, nuestro régimen político se encuentra en una profunda crisis política y moral, producto del vendaval de corrupción que arrasa con nuestras autoridades y por la proliferación de políticos ambiciosos, producto de la crisis de los partidos políticos, que han hecho de la política un negocio (como en el caso Vacunagate).

Si observamos en perspectiva los problemas actuales que tiene el país, podemos pensar que los hay reiterativos y nuevos. En lo que respecta a lo reiterativo, se puede sostener que el país no ha superado problemas estructurales en términos políticos. Aún prevalece la política del “pisco y la butifarra”; o en términos más actuales, lo que he denominado la “política del ambicioso”, que no es más que banalización de la política institucional y el aprovechamiento de las arcas del Estado para el enriquecimiento ilícito. O para ayudar a las clientelas políticas. 

Sobre los nuevos problemas que enfrenta el régimen político, observamos que actualmente las múltiples organizaciones tradicionales y nuevas transitan entre administrar su crisis y crear nuevas, lo que genera poca confianza en la ciudadanía. Sobre este problema, podemos observar también que estamos transitando hacia una farandulización de las formas de acercamiento a la gente. 

El tema de fondo que podemos apreciar, en los viejos y nuevos problemas por los que atraviesa nuestro régimen político, es la recuperación del espacio público. Tanto a nivel global como interno, la pandemia ha traído consigo un debate necesario sobre el rol del Estado, de la democracia liberal y, por consiguiente, del espacio público. 

Los populismos y autoritarismos, aprovechando la coyuntura de la crisis sanitaria y económica, están generando la necesidad de políticas de control sobre los ciudadanos (léase confinamiento y pérdida de la privacidad de los datos), gastos innecesarios (bonos desmedidos) y procesos de nueva constitución (como en Chile) que afectan las libertades, el manejo adecuado del Estado y un proceso sensato de generación de confianza en la gente. 

Esto trae, en los debates dentro del espacio público, varios aspectos a tratar del régimen político. Solo señalaré algunos de ellos: la redefinición del rol subsidiario del Estado, la aplicación de asociaciones público-privado para redefinir la crisis económica y sanitaria en la que se encuentran varios países a nivel mundial, y la necesidad de generar políticas de consenso (al estilo New Deal o Plan Marshall). Eso permitiría sentar las bases de una búsqueda de profesionalización de la política y, por consiguiente, de volver a generar la confianza hacia ella.

El camino no es nada fácil. Pero recordemos que los partidos políticos de masas aparecieron después de una crisis económica y moral, recién entre 1928 y 1930. La historia política siempre es cíclica. No lo olvidemos.

Alan Salinas
03 de marzo del 2021

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