Dante Bobadilla

El gobierno del género

Nadie tiene tener el derecho de imponernos su percepción personal

El gobierno del género
Dante Bobadilla
08 de abril del 2020


No debe extrañarnos que Vizcarra emplee la chacharalogía del humalismo, empezando por el consabido “gobierno de inclusión”. El nacionalismo, al estilo del velascato y otros regímenes socialistas, ideó toda una gama de frases de cliché destinadas a crear impacto emocional en la gente, haciéndoles creer que estamos en una Nueva Era. De allí salieron frases como “incluir para crecer”, “un TLC hacia adentro”, “la economía al servicio del pueblo y no el pueblo al servicio de la economía”, “una economía con rostro humano”, etc. Nada de eso significaba algo. Eran solo palabras huecas sin sentido, que ocultaban la orfandad de ideas.

Vizcarra es más de lo mismo: un charlatán consumado. A diferencia de Ollanta, quien paría cada palabra con dolor, a Vizcarra le fluyen las palabras como a un vendedor de sebo de culebra. Tiene el don de la frase anodina y simplona. Le gusta hablar y ser el centro de atención. Para algunos es “un gran comunicador”, aunque habla mucho y comunica poco o nada. Nadie entiende algunas de sus decisiones, como por ejemplo esta disposición de que salgan unos días hombres y otros, mujeres, con el añadido de que el “gobierno de inclusión” facilitará a los trans imponer su autopercepción.

No tardaron las sanciones a la policía por no respetar al trans y regirse por la información del DNI, generando un problema inoportuno que reeditó el debate ocioso sobre los supuestos “derechos” de la población LGTBI, como se les conoce en forma abreviada, ya que todavía hay más letras que agregar a ese enorme compendio de transformaciones de género. Nunca más fuera de lugar, el congresista Alberto de Belaunde presentó un proyecto de ley (PL)para que el Estado reconozca los “derechos” de esa población. Entonces cabe preguntarse una vez más por qué ellos deben tener derechos especiales. 

Cada vez que escuchamos la palabra “derechos” debemos ponernos en guardia, pues esa es la excusa favorita de la izquierda para imponer caprichos sectarios y fetiches ideológicos. Todo lo convierten en un derecho: tomar un local, marchar causando caos y daños, sabotear empresas o al Estado (incluso la educación), acceder a puestos solo por pertenecer a un segmento social, etc. Larga es la lista de caprichos y abusos impuestos por la izquierda bajo el paraguas de los “derechos”. Ya se ha dicho muchas veces que si alguien tiene que pagar por tus derechos, no es un derecho, sino una gollería. 

Todas las personas tenemos los mismos derechos. En eso consiste la igualdad. Según entiendo, el PL presentado exige que el Estado y la sociedad reconozcan la “identidad de género” de la población LGTB. Pero, como dije, hay una variedad enorme de identidades de género, según los especialistas. Y lo más curioso es que no existe una manera real y objetiva de identificar cada uno de estos géneros, salvo el que corresponde al sexo. El “género”, en última instancia, es cualquier cosa que una persona sienta ser. Esto puede estar sujeto a gustos, orientaciones, fantasías o, incluso, patologías. Eso sería como abrir la caja de Pandora. Nadie sabe adónde nos puede conducir ese camino de nuevos “derechos” dependientes del género. 

Respeto a cada persona y no tengo nada que hacer con su proyecto de vida. Lo que cada uno haga con su vida es asunto suyo y debe quedar allí. Es decir, no debe convertirlo en asunto de los demás. Una persona tiene derecho a sentirse como quiera, pero eso no es asunto mío y no tiene por qué ser asunto mío. No entiendo por qué una persona puede tener el derecho de imponerle a todos su sensación, percepción, orientación o lo que sea que quiera ser. Es como si yo me sintiera emperador y exigiera reconocimiento. Yo también tengo el derecho de regirme por mi propio criterio y percepción. Nadie puede obligarme por ley a ver rojo en donde veo azul. Y el Estado no debería usar elementos subjetivos para la identificación de personas, salvo como una característica adicional, pero no en reemplazo del sexo. Salvo esta inquietud, no tengo mayores objeciones para que el Estado reconozca las uniones de parejas homosexuales como uniones de hecho.

Hay que estar en guardia frente a la tendencia del progresismo internacional a promover una especie de sectarismo social, como una moderna lucha de clases, para convertir a ciertos sectores supuestamente “vulnerables” en seres privilegiados, bajo el pretexto de los derechos y la igualdad, porque al final significan todo lo contrario a lo que predican. Mucho cuidado con caer en las supercherías ideológicas de la izquierda mundial. El respeto a las personas debe ser universal y no requiere discriminación.

Dante Bobadilla
08 de abril del 2020

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