Alan Salinas

El elector postmoderno

No cree en los políticos profesionales, sino en lo novedoso

El elector postmoderno
Alan Salinas
07 de abril del 2021


Hoy por hoy, hay un fenómeno político del que mucho se habla y escribe, pero que poco se analiza: el elector postmoderno. ¿A qué nos referimos con ello? Ensayo aquí algunas ideas alrededor de este tipo de elector, que se ha vuelto una constante en el Perú pos Fujimori. 

Sociológicamente, el elector postmoderno creció entre los años noventa y la primera década del año 2000. Se socializó entre la desnacionalización de los partidos políticos, la administración (más no su transformación) de su crisis por parte de ellos, y la proliferación constante de los llamados políticos independientes. A diferencia de otras latitudes, el independiente no proviene de algún movimiento social o político alterno al establishment (como sucedió en España con la aparición de Ciudadanos, Podemos y Vox); proviene de la farándula, del mundo empresarial o del mundo comunicacional. Es un inexperto político. 

Este tipo de elector vive de lo inmediato, es pragmático: aprovecha los beneficios que otorga el Estado y se aleja de él porque les cobra impuestos. Posee una identidad precaria. Un día admira a jugadores de fútbol, otros a rockstars y otros a influencers. Milita en los medios y redes sociales, mas no en los partidos políticos. Es consumidor, mas no ciudadano. Reemplazó al político de plaza por el motivador social. Ya no lee El antiimperialismo y el Apra, Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana o La historia del Perú de Riva Agüero. Son muy pesados. Lee libros lights, como el de Paulo Cohelo, el de Cornejo o el de Cuauhtémoc, para administrar sus emociones ante los retos cotidianos de la vida capitalista. 

Su forma de protesta no es salir a las calles. Se preguntarán: ¿y la salida a las calles de la gente en noviembre del año pasado? Respondo: ilusión óptica. No es la constante. Su forma de protesta es no votar por un candidato político cada cinco años. Así expresa su rechazo o su hartazgo con la oferta política imperante. Eso lo podemos apreciar en esta elección atípica que estamos teniendo, en la que ningún candidato presidencial sobrepasa el 15% de preferencia ciudadana. En una elección normal, los candidatos llegaban casi hasta el 30% para pasar a segunda vuelta. Su protesta está en el “no sabe, no opina” o “no tiene candidato”, que sobrepasa el 30%.

El elector postmoderno no cree en los políticos profesionales. Duda mucho de ellos. Se aproxima más hacia lo novedoso. No duda en cambiar su voto cada cinco años. En una determinada elección (sin ningún tipo de discriminación ideológica) vota por un candidato de derecha, en otra no duda por uno de centroizquierda. Es muy volátil. Según algunas revisiones que hice, el más volátil de la región andina. 

Presentado este panorama, observemos con atención cómo reencaminar el rol de los partidos políticos para orientar la representación y la intermediación. Los partidos ya no volverán a ser como los del siglo XX. Seamos realistas, el mundo cambió y las mentes y corazones de los peruanos también.

Alan Salinas
07 de abril del 2021

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