Erick Flores
El diario neoliberal
Solo quien carga el saco sabe lo que pesa
El despido de trabajadores en el Diario La República, más allá de ser un tema que quizá pase inadvertido por las circunstancias que nos toca vivir, pone sobre la mesa una discusión bastante antigua sobre la relación entre empleado y empleador. Es que resulta paradójico que un diario con una marcada posición política e ideológica, haya tenido que tomar medidas que, desde los ardorosos sectores de la izquierda tradicional, serían catalogadas como “neoliberalismo salvaje”, etiqueta popular pero sin contenido que se escucha a menudo cuando se habla de estos temas.
El discurso que plantea la contradicción entre empresarios y trabajadores, conocido en la historia como la lucha de clases entre burguesía y proletariado, ha sido una de las armas más usadas por la izquierda en todo el mundo. Desde hace mucho tiempo, esta es una de las razones por las que se pretende justificar la intervención de la mano violenta del Estado dentro de las relaciones contractuales entre empleados y empleadores, una intervención que jamás ha resultado beneficiosa para ninguna de las partes, en especial para aquel sector que se pretende defender, que es el de los trabajadores.
Al margen de todo lo que se pueda decir al respecto, lo cierto es que el Diario La República, al igual que cualquier empresa, debe tener la potestad de disponer de sus trabajadores cuando la situación lo requiera. Hacer un ajuste en el número de empleados, así como evaluar la necesidad de costos fijos, son aspectos contables que cualquier empresario tiene que considerar para que la empresa pueda sostenerse en el tiempo. No es algo nuevo, cualquier persona que haya montado un negocio, por más pequeño que sea, conoce de primera mano lo que esto significa.
Que las líneas de esta entrada no se malinterpreten, esta no es una defensa particular sobre el diario en cuestión, ni es una manifestación contraria a la situación de los trabajadores afectados. Defender los contratos libres de la interferencia estatal es una postura fundada en la experiencia económica y que tiene su base en resultados exitosos en materia laboral y generación de riqueza. Basta con analizar los datos que ofrecen el Doing Business y los informes comparativos del BBVA Research, para dar cuenta de que cualquier forma de intervención del Estado en el mercado laboral, tiene consecuencias que agravan la situación de la población que busca defender.
Así que lo que ha pasado con los trabajadores del Diario La República no debería causar sorpresa, es algo natural en el mundo empresarial. Lo de la coherencia entre las ideas y las acciones de ese grupo, no es relevante para los fines de esta columna. Pero es imperativo advertir, en medio de todo esto, que la demagogia y el populismo siempre están a la orden del día. Y en contra de las patrañas habituales, siempre está la realidad. Plantear contradicciones inexistentes es el recurso de los incompetentes, personas que no toleran el progreso ajeno y que, al no haber podido cosechar los frutos del trabajo y el sacrificio en su vida, trasladan esa frustración a través de la ideología que busca enemistar al empresario y al trabajador.
Si en verdad nos preocupa la situación de los trabajadores, lo primero que debemos hacer es desechar el discurso de clases. No sirve para nada, salvo para engendrar división, el alimento de ideologías fracasadas. Lo segundo sería analizar cuáles son los principios que sientan la base de experiencias exitosas, ¿qué hicieron países como Suiza, Nueva Zelanda, Singapur, Australia, los países nórdicos?, ¿cómo es que han conseguido generar un entorno institucional que permita una armonía estable en las relaciones contractuales entre empleados y empleadores? Las respuestas a estas interrogantes deben marcar el camino a seguir, no repitiendo las mismas medidas que se implementaron en esos países, sino abrazando los valores que los han llevado a progresar.
Seguramente habrán diferencias en este análisis pero algo que es imposible de negar, es que uno de los aspectos más importantes para que el empleo y la riqueza florezcan, es el respeto irrestricto a la iniciativa empresarial. Dejemos de lado las anteojeras ideológicas y comencemos por reconocer que sólo quien carga el saco, sabe lo que pesa. La arrogancia de la política puede llevarnos a creer que debemos intervenir, tomar partida por unos y estar en contra de otros, pero muy a pesar de algunos, la vida en sociedad no funciona así. La dinámica social tiene más de cooperación y coordinación, que de contradicción y lucha de clases. Superar las taras ideológicas es el primer paso.
















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