Luis Saavedra

El cuento chino sobre los F-16: La fricción entre los embajadores de China y Estados Unidos

La decisión geopolítica del Perú de aliarse con el gigante del Norte

El cuento chino sobre los F-16: La fricción entre los embajadores de China y Estados Unidos
Luis Saavedra
29 de abril del 2026

 

La reciente confrontación entre el embajador estadounidense Bernie Navarro y el diplomático chino Zhu Jingyang no es un intercambio circunstancial en redes sociales, sino la expresión visible de una disputa estructural por la influencia estratégica en el Perú entre Estados Unidos y China, donde lo que está en juego no es el tono de los mensajes, sino la orientación geopolítica de un país clave en el hemisferio occidental. El punto de partida se da cuando el embajador Navarro advierte en X: “Si negocian de mala fe con Estados Unidos […] utilizaré todas las herramientas disponibles para proteger la seguridad de nuestro país y la región”, una afirmación directa que, más allá del estilo, responde a una lógica central del sistema internacional: la credibilidad de los Estados se sustenta en la coherencia entre lo que se negocia y lo que efectivamente se cumple. Es la base de la confianza estratégica entre aliados.

Sin embargo, lo verdaderamente revelador no es la declaración estadounidense, sino la reacción del diplomático chino, quien interviene públicamente sin ser parte de la discusión se autoinvita a un proceso bilateral. únicamente después de que el Perú concreta la adquisición del F-16 Block 70, y no durante las etapas previas del proceso de negociación, evaluación técnica y coordinación institucional. ¿Se trata de un principio constante de política exterior o de una postura reactiva que emerge únicamente cuando los resultados no favorecen sus intereses estratégicos? La respuesta de Zhu Jingyang califica el mensaje estadounidense como “coercitivo directo, puro y crudo”. A primera vista, parece una defensa de la soberanía. Pero en realidad encierra una falacia evidente: confundir la exigencia de seriedad con coerción. Esta interpretación evidencia una debilidad conceptual: confundir la exigencia de cumplimiento en acuerdos internacionales con coerción. En la práctica diplomática, la coerción implica imposición de voluntad. Exigir coherencia en un proceso de negociación y más aún en materia de defensa no es presión indebida; es recordar que la confianza internacional se construye sobre la consistencia de los actos del Estado. Si el concepto de coerción se analiza con rigor, convendría empezar por casa. En Xinjiang se han documentado sistemas de vigilancia masiva, centros de internamiento y restricciones severas a minorías Uigures, incluyendo la imposición de abandonar prácticas culturales y religiosas. Según un informe de la ONU, China es responsable de “graves coerciones y violaciones de los derechos humanos” en la provincia de Xinjiang. A ello se suman denuncias de abusos laborales sistemáticos en entornos vinculados a ese esquema de control. 

El intercambio escaló cuando Navarro recurrió a una metáfora: “Abuelito chino… ¡qué dientes tan grandes tienes!” Lejos de ser una simple burla, la imagen es clara: la del poder que se presenta como benigno, pero que, llegado el momento, revela su verdadera naturaleza. No es un recurso infantil; es una analogía política clásica de relaciones internacionales que se estudia en medios diplomáticos sobre la diferencia entre apariencia y conducta tal como un lobo que se disfraza de una abuelita. La réplica de Zhu Jingyang sostiene: “¿No te estás mirando al espejo? Gritas ‘libre elección’ pero agitas el garrote de las sanciones…”. Aquí se intenta desplazar el debate hacia una supuesta contradicción occidental. Sin embargo, el eje central permanece intacto: la soberanía no se agota en el acto de elegir, sino que exige responsabilidad para sostener decisiones estatales adoptadas dentro de marcos institucionales. La coherencia no es una imposición externa; es un requisito mínimo de credibilidad internacional. ¿En realidad, quien agita el garrote que golpea a los ciudadanos de la etnia Uigur en China?. En este punto, el contraste más relevante no es retórico sino estructural. Mientras el discurso chino invoca “libre elección” preguntemos, ¿hay libre elección en china?, ¿qué sabe de libre elección el embajador Zhu Jingyang? su sistema político se caracteriza por una alta centralización del poder, donde la dirección estratégica del Estado se concentra en un liderazgo único resulta difícil trasladar un concepto político universal sin considerar primero cómo funciona el propio sistema que lo invoca, especialmente cuando dicho sistema se caracteriza por una estructura de partido único en la conducción del Estado

Posteriormente, el diplomático chino afirma: “China siempre apuesta por el respeto mutuo y la igualdad”. la frase suena impecable en el papel; el problema es su convivencia con hechos. Es una afirmación potente en el plano discursivo. Sin embargo, su solidez se debilita cuando se contrasta con la práctica. Recordemos que los estudiantes chinos coreaban libertad, respeto, democracia y fueron asesinados. La masacre de la Plaza de Tiananmén, ocurrida en Pekín la noche del 3 al 4 de junio de 1989, resultó en la muerte de cientos, y posiblemente miles, de manifestantes prodemocráticos y civiles a manos del ejército chino. Aunque las cifras oficiales son inexistentes, fuentes diplomáticas han sugerido más de 10.000 víctimas. A pesar de que han pasado más de 35 años, el Gobierno de China no ha emitido un informe oficial sobre el número exacto de víctimas. ¿Realicemos la pregunta internacional si se respetó y hay igualdad en lugares como Xinjiang y Hong Kong? donde las nociones de autonomía, pluralismo y expresión política han sido ampliamente discutidas por la comunidad internacional. En el caso de Xinjiang, diversos informes de organizaciones internacionales han expresado preocupación por la situación de la minoría Uigur, señalando sistemas de vigilancia intensiva, restricciones a prácticas culturales y religiosas, y la existencia de centros de reeducación o internamiento administrativo. Respecto a la dimensión religiosa. ¿hay respeto por las creencias religiosas? El cristianismo en China es una amenaza que debe controlarse y contenerse estrictamente, según el Partido Comunista Chino (PCCh)y es un delito comprar y leer la biblia. En ese contexto, el contraste entre el discurso de “respeto mutuo” y los debates internacionales sobre su aplicación práctica en su país dista mucho de lo que dice el embajador Zhu Jingyang y lo que hace su país.

El mensaje continúa: “Nuestra cooperación con Perú es limpia, abierta y mutuamente beneficiosa”. Sin embargo, en geopolítica moderna, las relaciones entre Estados no se evalúan por su formulación retórica, sino por su estructura real de dependencia, asimetrías tecnológicas y condiciones estratégicas de largo plazo. ¿Está cooperando el puerto chino de COSCO Shipping sometiéndose a ser inspeccionado por OSITRAN? La empresa china Shougang en Marcona, ¿está cooperando con el Perú o hay violaciones y maltratos a los trabajadores peruanos? Porque si la “cooperación” no se traduce en estándares verificables, supervisión efectiva y rendición de cuentas, entonces no estamos ante cooperación en sentido estricto, sino ante una narrativa distinta a la realidad. Además, el diplomático chino concluye: “El que de verdad es fuerte no necesita dientes de cuento de hadas, sino grandeza y cerebro”. Una frase estilísticamente elaborada, pero incompleta desde el punto de vista del poder internacional, donde la fortaleza no se mide solo en retórica o sofisticación discursiva, sino en credibilidad, capacidad tecnológica, coherencia estratégica y respeto efectivo por reglas compartidas. Donde el cerebro de China ha enfrentado cuestionamientos de perpetrar robos del ámbito tecnológico y de seguridad industrial, particularmente en debates sobre transferencia de tecnología y competencia estratégica global con potencias occidentales. Estas discusiones incluyen como por ejemplo comparaciones entre desarrollos como el avión Chengdu J-20 y el F-22 Raptor, dentro de una discusión más amplia sobre innovación, propiedad intelectual y seguridad global.

En ese marco, el trasfondo del conflicto es claro: la modernización de la Fuerza Aérea del Perú con el F-16 Block 70 no es una compra ordinaria, sino una decisión de alineamiento estratégico que refuerza la interoperabilidad con Occidente. El Perú, en medio de sus propias dinámicas políticas internas, ha optado por un modelo específico de modernización aérea en el marco de procesos técnicos y estratégicos de largo plazo. Estos procesos no se construyeron de forma improvisada ni dependen de decisiones coyunturales, sino de años de evaluación, negociación y coordinación entre instituciones del Estado peruano y sus socios internacionales, particularmente Estados Unidos. Los Estados no funcionan sobre voluntades personales, sino sobre marcos legales, procedimientos establecidos y compromisos internacionales previamente asumidos. En ese sentido, un presidente o cualquier autoridad ejecutiva no se encuentra por encima de la ley, ni de los compromisos de Estado, ni de las implicancias de seguridad nacional que ya han sido evaluadas dentro de los canales correspondientes.

Finalmente, en ese contexto, la intervención del diplomático chino en un asunto estrictamente bilateral entre el Perú y Estados Unidos resulta, como mínimo, inoportuna y provocadora en términos diplomáticos. Es como en un entorno de estudiantes: dos compañeros tienen un desacuerdo, lo conversan, lo resuelven y continúan con normalidad; pero aparece un tercero que no participó en la discusión, no conoce el contexto completo y, aun así, empieza a comentar desde fuera, exagerando lo ocurrido y alentando a reabrir el conflicto, como quien intenta influir en una situación ajena para generar tensión indirectamente, actuando con la expectativa de que otros ejecuten el enfrentamiento en su lugar. Ese tipo de intervención no aporta solución, sino que introduce ruido. En diplomacia, la prudencia no es un gesto opcional, es una regla básica de estabilidad. Intervenir en un proceso ajeno con interpretaciones que alteran su sentido original no contribuye al entendimiento, sino que lo tensiona innecesariamente. En ese sentido, la postura expresada no solo resulta desafortunada en el timing, sino que proyecta una lectura interesada de un proceso que, por su naturaleza, debería ser tratado con mayor respeto a su carácter estrictamente bilateral. En política internacional, especialmente en materia de defensa, lo que está en juego no es la preferencia ideológica del gobierno de turno, sino la continuidad del Estado como actor confiable, predecible y respetuoso de sus propios procesos institucionales. El Perú ya decidió.

Luis Saavedra
29 de abril del 2026

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