Jorge Varela
Keiko no usa sombrero luminoso
Sobre la segunda vuelta de las elecciones presidenciales
Este artículo escrito hace dos semanas, el martes 14, comenzaba con la siguiente introducción: “Keiko, así se llama la hija mayor del expresidente Alberto Fujimori, una histórica postulante a la primera magistratura del Perú, ha pasado a segunda vuelta en la reciente elección, junto al exalcalde de Lima Rafael López Aliaga, carismático representante de Renovación Popular. Los comicios definitorios se efectuarán el próximo 7 de junio. Será una definición entre dos candidatos de derecha, un escenario muy distinto al que ha tenido lugar los confusos últimos años”.
Pero, ¡oh sorpresa!, nadie había previsto la negligencia astuta sin control de los encargados de la Oficina Nacional de Procesos Electorales del Perú (ONPE). El día 15 nos despertamos con la noticia de que el señor Roberto Sánchez Palomino, de Juntos por el Perú (agrupación de izquierda), era el afortunado contendiente de Keiko, en representación del “sombrerismo oscuro”. ¿Qué ocurrió, entre gallos y medianoche, para que el país del Norte retrocediera al año 2021 y nos determinara a rehacer el artículo indicado?
Aunque Sánchez no sea un outsider como José Pedro Castillo Terrones y por ahora se exhiba un tanto más moderado que su padrino, los peruanos y Keiko deberán estar atentos al comportamiento de una izquierda sibilina que persistirá en alcanzar sus objetivos y no está dispuesta a ceder espacios, ni a entregarse sin pelear.
Un precedente demasiado nefasto
Usted se acordará de José Pedro Castillo, quien duró un año y 132 días en el cargo, tras ser arrestado por intento de autogolpe de Estado, luego de su captura –por el mismo equipo de seguridad de la Policía Nacional que lo resguardaba– cuando quiso asilarse en la embajada de México. Este controvertido “hombre del sombrero” arribó a la presidencia al vencer por 44,000 votos a Keiko el 6 de junio de 2021; asumió el 28 de julio de dicho año y cayó el 7 de diciembre de 2022. Castillo ha sido comparado por los medios de comunicación con Evo Morales, dirigente sindicalista y político boliviano originario del campo, y con el ecuatoriano Rafael Correa: seguidores del añejado socialismo del siglo XXI y miembros del Grupo de Puebla.
El regreso a aquel pasado dramático al que se ha hecho mención no es un mero capricho artificial, pues el heredero político indiscutible de Castillo es Roberto Sánchez, quien fuera ministro de Comercio Exterior y Turismo durante el desastroso período sombrerista.
El desafío mayor
En junio volverán a chocar dos narrativas, dos formas consustanciales de ser Perú: el urbano y el rural, dos modos de hacer política. Después de los gobiernos izquierdistas y caviares de Toledo, Vizcarra, Sagasti, nuestra hermana República tendría que reaccionar y levantarse desde el abismo.
Difícil encrucijada entonces, la que deberá enfrentar Perú, cuyos efectos –quiérase o no– repercutirán en América Latina. Para Keiko será la cúspide de todos los desafíos que ha enfrentado, es su cuarto balotaje clasificatorio.
Al término de esta primera vuelta, la ciudadanía debiera participar prioritariamente en la superación del complejo destino democrático de Perú, desechando el discurso de los jerarcas de la izquierda rencorosa, por tratarse de una amenaza grave para la unidad de la sociedad peruana. En un clima de tremenda incertidumbre y polarización, solo una decisión unitaria y activa, tan patriótica como sólida, del pueblo y sus organizaciones, junto a las colectividades de derecha y centro, permitirá superar sin ambigüedades este momento de desencuentro cizañero y reparar el daño causado por posiciones radicalizadas y ambiciones sin futuro.
El retorno en una nueva versión
Si ello no ocurriere, la camanchaca densa que suele deslizarse por suelos andinos impedirá a varios, una vez más, ver ese escollo denso y siniestro que amenaza cual diablo carnavalesco a los hermanos peruanos. Un diablo que reaparece cada cinco años para burlarse de su zarandeada democracia. Para el periodista Rodrigo Salazar, “el Perú es un hámster: da y da vueltas en la misma rueda”.
Por las anchas rendijas de una historia adversa cubierta de recovecos, ha retornado desde el abismo el vilipendiado proyecto fujimorista y su posibilidad cierta de acceder al gobierno. Corresponderá a Keiko y sus equipos encarnar una versión legítima depurada por el tiempo, oxigenada por vientos que bajan desde cumbres energéticas y vitales. Una versión atrayente, seductora, que combata de modo fiero a la corrupción y consolide un sistema institucional libre y justo, sin debilidades ni vacilaciones, pues deberá unir a una sociedad fragmentada, inmersa en un sistema político deteriorado y una economía siempre desafiante. La divisa que Keiko tiene que grabarse para siempre en su alma es: siempre ¡Contigo, Perú!
















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