Hugo Palma

Este huevo está podrido

La magnitud de la crisis política en el Perú

Este huevo está podrido
Hugo Palma
29 de abril del 2026

 

¿Cómo se le ocurre? Es excelente, en partes. Podría ser, pero eso no lo hace menos tóxico. Su deterioro genera cadaverina y putrescina, aminas que demuestran al olfato su estado; siendo aún más fácil colocarlos en agua. Los buenos se hunden; los podridos flotan. No hace falta más ciencia para identificar al menos el 90% de la llamada “clase política” que padecemos. En realidad, ni son políticos ni tienen clase. Son lo que revelan con su oscuro, mutante y retorcido comportamiento, incluyendo su infatigable empeño en destruir al país. Por eso flotan; y en todas las direcciones.

Como manejan al Estado, conviene pasar revista. Empecemos por sus instituciones. El Ejecutivo está podrido; pero contiene uno que otro Ministro y gran número de profesionales y funcionarios competentes y correctos. El Congreso está podrido; pero hay algunos congresistas de notable calidad que representan al pueblo y no son gestores de empleos para su parentela, ayayeros y otros seres queridos; han leído y se atienen al Art. 79 de la Constitución: “Artículo 79° Los representantes ante el Congreso no tienen iniciativa para crear ni aumentar gastos públicos, salvo en lo que se refiere a su presupuesto.” Esto último es lo máximo. De 2025 acá lo aumentaron en 40%. No contentos con la barra libre que atienden los Presidentes de la República que imponen, ya aprobaron y tienen en curso millares de proyectos de Ley que implican centenares de miles de millones de soles de gastos o exoneraciones no financiadas ni financiables. ¿Qué hará el próximo gobierno? Depende. Si es su favorito, cambiarán la Constitución y confiscarán hasta la ropa interior a las empresas y al pueblo. Y si no lo es, cambiarán los Presidentes. Total, Congresistas no faltan. Y lo peor, seguirán inventándose lemas tan falsos y estúpidos como “Servimos a la Nación”. ¿Y la economía nacional y de los compatriotas? Ya pues; dejen de fastidiar.

Ministerio Público y Poder Judicial. Hay de todo. Excelentes, buenos, incompetentes, deplorables y delincuentes. ¿Cuál es cuál? Ahí está el detalle, hubiera dicho Cantinflas. Depende de quien tengan en el momento aliados, perdón, cómplices más poderosos. La Sra. Villarán acabará encadenándose a algún juzgado a ver si acaban de una vez. ¿El Defensor del Pueblo? Pidamos que también se nombre un “Ofensor” a ver si se neutralizan. Nunca se sabe. 

¿Y las empresas públicas? Petroperú seguirá en lo que sabe hacer: pedir al Gobierno que nos saque más dinero para seguir perdiéndolo. ¿Por qué no se hace algo para que deje de desangrarnos? “Porque la Patria no se vende”; pero por lo visto se regala. ¿Corpac? Sigue averiguando por qué un avión se metió en la pista de los bomberos; mientras los controladores descansaban y se ponían de acuerdo en que no eran responsables de nada. ¿Y nuestros héroes fallecidos? Bueno, piña pues! ¿Y las demás? En lo suyo, tratando de pasar caleta para que no se recuerde existencia; porque de utilidad mejor no se hable. 

Y así, podemos seguir y seguir porque este Estado es como la Sherezade de Las mil y una noches, a quién nunca le faltó un cuento diferente. Mencionemos solamente para que no se sientan excluidos a los Gobiernos Regionales y Municipales. Nunca tuvo nuestro país tantos millares de delincuentes apuñalándose para servir al pueblo. Eso sí; no se olvidan ni un día repetir que Lima se queda con la riqueza del país. Bueno, si les sirve para limpiarse la carita mientras roban más que el Gobierno nacional, lo seguirán haciendo. Y los que vivan en las diferentes regiones seguirán sufriendo las cochinadas de sus sátrapas locales. 

¿Y el huevo electoral? Uy, uy, uy. Ese sí que es superlativo. Empezó mal y acabará peor. El Congreso liquidó toda posibilidad de que el Perú tenga procesos electorales inteligibles, razonables, creíbles, honestos y que los elegidos tengan aunque sea una vaga idea de que su tarea es procurar el bien común. Para facilitarles las cosas, diremos que el bien común es aquello que beneficia a todos los miembros de una comunidad. A ver, repitan: a todos los miembros de una comunidad; no a su familia, compinches, ahijados, todo tipo de seres querido y, prioritariamente, sus bolsillos. ¿Está claro? Clarísimo; pero lo suyo es otra cosa. Luego, sigue el sistema. Un monstruo de tres cabezas que no rinden cuenta a nadie. El Reniec, dependiendo de quienes lo dirijan, puede tener cierto nivel de competencia y efectividad. La Oficina Nacional de Procesos Electorales ONPE Electorales, reina y señora del más grande descalabro electoral de nuestra historia. Presupuestos millonarios, costosas adquisiciones de equipos inservibles, contratos de opacos a oscuros de servicios de los que se alertó hace meses y la Contraloría advirtió con anticipación. Pero, nos dice que todo fue casualidad y mala suerte.

En política no existen tales cosas y tanto la actuación institucional cuanto el resultado que presenten ya están comprometidos y manchados y no habrá lejía que los blanquee. Y que sigue; el Jurado Nacional de Elecciones. Razonablemente, decide que en determinados lugares y circunstancias las elecciones se extiendan al día siguiente. Pero como continúan apareciendo más y más manchas y denuncias sustentadas, decide ahora que no se puede aplicar el remedio usado hace pocos días por ser “inviable”. Y quiere que lo entendamos. No dice que sea ilegal sino inviable, que el DLE define como irrealizable, inasequible, impracticable. O sea que no se puede hacer porque, en síntesis, no habría tiempo ni recursos. Pero para Petroperú nunca faltan, y si bien hay tiempos de Ley podría pedir al Congreso que los modifique, aunque la segunda vuelta tenga que hacerse el 20 de julio. ¿Acaso los Congresistas no están ya preparando proyectos de Ley para modificar la que los choteó del circo y puedan quedarse para seguir divirtiendo al respetable? Por favor. Cuando se quiere se puede; y además, ahora se debe.

Continuar como si nada hubiera pasado equivale a decir a muchos millares de ciudadanos que si bien se les ha privado de su derecho a votar; piña pues y a llorar al muro. Este enorme huevo podrido nos augura que nuestro pueblo, metido en un pozo, deberá enfrentarse en cada vez peores condiciones a quienes con su espurio poder siguen cavando. ¿No cree que será así? Bueno, tampoco lo creyó en el 2021 y en muchas oportunidades antes. Quizá sea tiempo de dejar de creer y exigir pruebas. No olvidemos; manejan el dinero que nos sacan de los bolsillos y nos hace falta hasta para dar un pan a la familia. ¿No le gusta la idea? Bueno, el peor inconveniente de la realidad es que existe; y estamos obligados a vivir en ella. 

¿Y los temas nacionales? ¿Las razones por las cuales existen los Estados? Ah, ya. ¿Quiere decir seguridad, salud, educación, justicia, infraestructura, empleo decente, crecimiento económico, progreso social, cultural, cívico, disminución de la corrupción, economías ilegales, trata de personas incluyendo la explotación sexual de menores, devastación ambiental, contrabando, extorsión, honestidad y competencia de los sectores públicos y privados, respeto, salvaguarda y valorización del inmenso patrimonio cultural que nos fue legado, mantenimiento de la economía de mercado que nos permitió un crecimiento espectacular y fortalecimiento del Estado de Derecho y del sentimiento nacional? Sí, exactamente de eso. ¡Que mala gracia es la gente, si es lo único que desvela a nuestras autoridades y por lo que sacrifican todo! ¡Qué mezquinos somos!

¿Hay algo que funcione? Bueno, milagrosamente sí. Nuestro Banco Central de Reserva es citado como ejemplo en el mundo. La Superintendencia de Banca y Valores, Indecopi, la Marina de Guerra, el Servicio Diplomático, los Bomberos y muchos Policías, los institutos científicos y seguramente otros sectores cumplen con esfuerzo, competencia, discreción y mérito las tareas que les son propias. 

Pero no es suficiente. Ante la ausencia de política que diseñe una visión de futuro, la disposición a convocar a los mejores hijos del país en todos los campos, la comprensión cabal por la ciudadanía del enorme riesgo en que se encuentra, de que la pobreza y precariedad que sufren no es natural, el engaño en que se mantiene a millones, el desinterés de tantos y el miedo de no pocos, el avance del enemigo es cada día mayor y más rápido. Nuestra Patria está en peligro y nos cuesta admitirlo o no queremos hacerlo. 

Pues guste o no, estamos en grave peligro. Cuba no puede permitir que se le escape el Perú, ya que no puede seguir mamando de las vacas muertas de Rusia y Venezuela. Necesita con urgencia otro país del cual sobrevivir para que su cúpula siniestra pero astuta y experimentada, continúe un tiempo más con el cuento chino de que la felicidad es la Gloriosa Revolución del Primer Territorio Libre de América que después de casi setenta años no puede proveer a su pueblo ni de alimento básico. Cambios políticos en Argentina, Paraguay, Uruguay, Chile, Ecuador y próximamente Colombia hace que ya estén en otra. Brasil y México siguen mirándola con ternura ideológica, pero no le darán ni para el té. Somos la última tabla de la que pueden agarrarse para no irse al fondo del mar, sin que a nadie le importe mucho. 

Y por eso es que desde hace ya demasiado tiempo vienen trabajando en nuestro país. No les faltan ni creyentes ni guerreros. Han multiplicado sus líderes, sus filas organizadas y armadas y sus carneros y están preparados para que su permanente y eficaz narrativa, sus múltiples células y caretas, extensa experiencia, apoyo de toda delincuencia, ubicuidad y decisión emerjan brutalmente al lado de cualquiera que intente lo que necesitan. Destruir la democracia, el Estado de Derecho y la Economía Social de Mercado, inminente Asamblea Constituyente que no correrá la mala suerte de la payasesca chilena donde Boric, quien ante la sorpresa de muchos y la continuación de sus errores, decidió y supo defender la democracia. 

Nada de eso nos era desconocido. Que no hayamos prestado atención, mirado de más cerca, tomado alguna precaución, no fue problema de ellos. Nosotros no salíamos de lo nuestro. Sobrevivir o tratar de convivir con la partidocracia purulenta, ver cómo llegábamos al día siguiente, cuidar nuestros escasos o muchísimos ingresos, hacernos gárgaras con la estabilidad de la moneda y la baja inflación que debemos al BCRP y lamentarnos de no crecer “como antes” (cuando se hicieron las cosas como debían) y dejar que un Congreso infame y un Ejecutivo de oropel fueran destruyendo la economía a poquitos (que crecen cada día), creer como angelitos que las autoridades nos defenderían de las plagas delictivas y alucinar que estas elecciones nos sacarían del pozo; pero sin fatigarnos mucho o nada para que ello sucediera. 

Nadie sabe cuánto tiempo más la comunidad nacional deberá sobrevivir a la confusión, la frustración, la inseguridad y la carencia de tantas cosas esenciales para las que paga; y mucho. Se dice que como somos así desde la independencia, podemos seguir siéndolo mediante la “normalización”. No lo comparto. Todo tiene un límite, pero no sabemos cuándo se alcanzará. ¿Qué de normal tiene que su hijo muera por falta de una medicina barata; su hermana sea violada; su hermano apoyado con esfuerzo de años por toda la familia concluya con un título universitario que no le permita abrir más puertas que la de combis; sus amigos empujados a la drogadicción y al delito; su vida en juego cada día? No hay nada de normal. Y frente a eso, hoy el Estado es incompetente, indiferente y por veces cómplice. Y cuídese de los que dicen amar al pueblo, hablar por él, representarlo personalmente, “ser como tú” y para ello te pide que lo apoyes en su afán de obtener un poder absoluto. Es muy fácil ofrecer todo; y es más fácil quedarse con todo porque nadie rinde cuentas. 

Todo eso nos espera mañana. Nada será fácil y como no olvidamos nada ni aprendimos nada, puede ser peor. Marx dijo: “La historia se repite dos veces; la primera como una tragedia y la segunda farsa”. Pero aquí se repite constantemente desde hace dos Siglos. ¿Será que somo incapaces de aprender? ¿Será que no nos importa que nos traten como basura? ¿Nos asustamos hasta de nuestra sombra? No lo sé; pero no tengo duda que no hacemos lo suficiente. Necesitamos ser ciudadanos y actuar como tales. Votar no es nuestro único derecho ni tampoco la única obligación. Es difícil, pero se aprende. Y cuando tengamos estado de ciudadanía, veremos que es posible ser libre, decidir por nosotros, luchar por nuestros sueños, tratar a los demás como queremos que nos traten, en fin, como humanos que somos. Nadie lo hará por nosotros. Y recordemos cada día: debemos exigir una democracia representativa. Esos, ya los conocemos, quieren que les deleguemos el poder. No lo permitamos. 

Representar es actuar en nombre de otros y en beneficio de quienes les confiaron su representación. No lo digo yo. Está en el Diccionario. Y no debe ser cada cinco años sino cada día. No perdamos de vista un instante a quienes designemos representantes. Su vida privada se desarrolla en su casa con su familia. Todo lo demás que hagan debemos conocerlo. Por eso se les llama “personajes públicos”.; y si no les gusta, que recuerden que nadie les pidió hacerlo. Debemos conocer sus horarios, contactos, actividades, nombramientos, contrataciones y demás decisiones y anotar sus signos exteriores de riqueza nueva. Les pagamos para hacerlo y nos deben explicaciones. Democracia es explicar y que la explicación sea aceptable. 

La ruta por la que nos llevan nos está acercando al abismo. Que se tiren ellos, si quieren. Nosotros, recordemos que no se puede ni tenemos que vivir de huevos podridos. Si les gustan, que se los coman. Ya es hora de dejarnos en paz. Somos el pueblo del Perú, lo merecemos y tenemos derecho. Fuera las ratas y sus pestilentes apetitos. Y estemos alertas porque les encanta volver.

Hugo Palma
29 de abril del 2026

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