Cecilia Bákula
El Combate del Dos de Mayo
Fin del enfrentamiento militar con España
El denominado Combate del Dos de Mayo tuvo lugar ese día, en el año 1866, y se desarrolló frente a las costas del Callao. Fue, quizá, el último intento español por imponer su fuerza militar para lograr la ansiada reconquista de estas tierras, pues la independencia del Perú le significó un duro golpe político y económico. Es necesario comprender que el Perú era independiente y soberano desde julio de 1821 y desde entonces, nuestro país buscaba la mejor organización administrativa, un horizonte económico con autonomía y la consolidación política, no obstante que en esos primeros 45 años de vida ya había habido 10 presidentes en nuestra joven República.
Por ello mismo es necesario conocer la historia y buscar que los peruanos asuman y desarrollen una actitud positiva frente a hechos trascendentes y ante la conducta de algunos de sus ciudadanos, muchas veces de conducta opaca y otras muchas, de gran y heróico patriotismo. La idea es revertir la tendencia contemporánea de minimizar la urgencia de estudiar y conocer nuestra historia para construir sobre bases ciertas nuestra identidad.
El Dos de Mayo de 1866 el Perú vivió una auténtica epopeya militar que involucró no solo a las fuerzas militares y navales, sino a la ciudadanía cuya participación definió, en gran medida la victoria que cimentó nuestra independencia que había quedado consolidada en Ayacucho en diciembre de 1824, cuando fue en el Perú donde se enarboló la bandera de la libertad para toda la América Española. Y, no obstante ese triunfo y la firma de la consecuente Capitulación de rendición, la corona española no había reconocido aún la existencia del Estado peruano, lo que se logró, años más tarde, cuando en Londres, el 14 de agosto de 1879, delegados del Perú y España firmaron el respectivo acuerdo, denominado Tratado de París.
Los antecedentes del Combate del Dos de Mayo son bastante sui generis pues dos años antes, una supuesta misión científica española ocupó las Islas Chincha, generándose a partir de ello una serie de acciones muy controvertidas por parte de la flota española, comandada por Luis Hernández Pinzón quien fue incapaz de controlar el creciente conflicto, por lo que fue reemplazado por el comandante Juan Manuel Pareja, con sólidos vínculos en Chile y en el Perú
Por entonces, el presidente del Perú era Juan Antonio Pezet quien autorizó a Manuel Ignacio de Vivanco, a suscribir el oneroso tratado Vivanco – Pareja que, por haber sido considerado perjudicial y deshonroso para el Perú, no fue ratificado por el congreso de entonces. Ello motivó la caída de Pezet quien fue reemplazado por Mariano Ignacio Prado en noviembre de 1865 y asumió el poder político con el lema de “gobierno de restauración nacional”, asumiendo que el tratado Vivanco-Pareja no trajo paz ni logró la retirada de las naves que significaban una afrenta y una amenaza marítima a las costas del Callao; situación agravada porque la condición de la marina peruana era bastante débil y no se había recibido aún los blindados Independencia y Huáscar que se había mandado fabricar en Gran Bretaña, ni las corbetas Unión y América, encargadas a astilleros franceses.
En las costas peruanas, el incidente iba creciendo por lo que España destinó a Eusebio Salazar y Mazarredo, conocido entonces como el Señor “Masenrredo”, como comisario real para la búsqueda de una solución. El hecho de que este comisario exigiera tratamiento de subordinación a su condición de emisario real, exacerbó los ánimos pues el Perú era un Estado independiente y soberano y en nada sometido a las pretensiones españolas.
Se comprendió a cabalidad la negativa de llegar a un acuerdo y las intenciones verdaderas de la misión científica por lo que depuesto Pezet, le correspondió a Prado el organizar las acciones de defensa de Lima y del puerto del Callao, contando para ello con la presencia del coronel José Gálvez Egúsquiza quien convocó e involucró no solo a militares, sino a toda la población. Fue un momento en el que el Perú reaccionó unido ante un claro enemigo que significaba el peligro latente de perder aquello que se había logrado con tanto esfuerzo.
En esas condiciones y ante un inminente enfrentamiento bélico, se recurrió a una preparación del puerto y de la ciudad absolutamente heroica: se logró ubicar 45 piezas de artillería desde el punto de llegada del Rímac al mar hasta el extremo de La Punta. Ante un escenario tan complejo, la respuesta tenía que ser altamente patriota e imaginativa. El Perú declaró la guerra a España y uniendo los escasos elementos con que se contaba en ese momento, se logró una significativa victoria en el Combate de Abtao el 7 de febrero de 1866 cuando la flota chileno-peruana hizo retroceder a la poderosa flota española que, en despecho bombardeó sin piedad a los puertos de Valparaíso y El Callao. Como un gesto de agresión e intento de amedrentar, los invasores fondearon frente a la Isla de San Lorenzo seis fragatas, cuatro buques que, en total, significaba que había más de 200 cañones apuntando hacia Lima y El Callao.
En la mañana del Dos de Mayo, fue el blindado Numancia el que realizó unos disparos y ante ello, el coronel José Gálvez dio inicio a la acción bélica peruana que, en una extraordinaria maniobra militar, logró impactar en dicha nave poniéndola fuera de combate lo que significó desorden en las fuerzas extranjeras que emprendieron la retirada para evitar mayores daños a sus unidades.
Desde tierra, la artillería peruana no dejaba de disparar lo que coadyuvó a hacer frente a la pretensión y agresiva hostilidad española. El costo en vidas fue muy alto y, ese día, murió en su puesto de combate en la torre de la merced el coronel José Gálvez quien, de muchas maneras, encarna el sentimiento patrio de honor, pundonor y entrega por la Patria.
La victoria fue del Perú y por ello de toda América; fue el triunfo de los uniformados y de los civiles, de los adultos y los jóvenes dejándonos una muestra de heroicidad y de respuesta ciudadana con entrega y generosidad. Quizá podemos señalar que ese Dos de Mayo la idea de Patria, el espíritu de cuerpo se puso de manifiesto y nos enseñó ayer y nos enseña hoy y siempre, que la unión hace la fuerza y que, identificado el enemigo, destruirlo es tarea de todos, no solo de los que ostentan algún poder, sino de los que amamos al Perú y tenemos clara conciencia de lo que significa el ejemplo que nuestros héroes nos han dejado.
Son, entonces, muy ciertas las palabras de Jorge Basadre cuando indicó que el Dos de Mayo “se logró robustecer el espíritu nacional peruano”, tarea que tenemos todos pues la defensa de la Patria es de hoy y de siempre y en todos los frentes.
















COMENTARIOS