Andrea Narvaez

¿Después de la pandemia, qué?

El anunciado retorno de la demagogia y el populismo

¿Después de la pandemia, qué?
Andrea Narvaez
21 de mayo del 2020


Hace días pudimos conocer el informe del INEI que presentaba datos preocupantes. Entre ellos que más de 1.2 millones de personas perdieron su empleo en Lima, mayormente jóvenes menores de 24 años, debido al impacto del Covid-19 que obligó a congelar la mayoría de actividades económicas. Asimismo, la población ocupada se redujo en un 30% en el sector construcción, 27.3% en manufactura, 25.1% en servicios y 20.9% en comercio. En la misma línea, las empresas de 1 a 10 trabajadores presentaron una contracción del 31.1%, equivalente a 912,700 personas que perdieron el empleo.

Este panorama refleja la ruptura de la clase media, que se ve afectada por la paralización económica del país que, al parecer, no sería una breve interrupción de labores, sino un fenómeno de largo plazo. Actualmente los bonos que ofrece el Gobierno están destinados a los sectores más pobres; sin embargo, no están llegando a buena parte de este sector. Las cifras del INEI solo muestran la realidad de Lima, y probablemente el resto de ciudades estén atravesando la misma situación.

La BBC de Londres mostró un gráfico sobre el gasto fiscal debido a la pandemia en América Latina. Perú aparece en el primer lugar, como el país que más presupuesto invirtió en esta crisis, por encima de Brasil, Chile, Argentina y Colombia. Lo paradójico es que estos países que invirtieron menos tuvieron mejores resultados que Perú. Esto se explicaría porque la mayoría de sistemas de salud de países vecinos estuvieron en mejores condiciones que el del nuestro. O tal vez las cuarentenas aplicadas fueron focalizadas para no golpear tanto a sus economías. Más allá de las medidas adoptadas, hay una realidad de la cual nadie puede escapar: la catástrofe económica que nos espera después de la pandemia.

El escenario que puede servir de combustible para los discursos más rancios del socialismo latinoamericano, que verían realizado el sueño más ferviente del dios Estado, supremo padre e hipercontrolador. Un Estado que en vez de reducirse y ser más eficiente, terminaría convirtiéndose en un tiranosaurio. No resulta extraña la reunión del Grupo de Puebla, foro político de representantes socialistas, encabezado principalmente por Lula Da Silva, Rousseff y Correa, que después de una reunión virtual del 15 de mayo agendó una serie de puntos: declarar al Estado como proveedor de bienes colectivos (es decir, normalizar la subvención estatal) convocar a la ONU para que se encargue de establecer medidas socialistas a los países miembros (en otras palabras, más intervención de organismos supranacionales), implementar un nuevo modelo de inclusión social (más socialismo), defensa de los Acuerdos de la Habana y el acuerdo de la falsa paz con los terroristas de las FARC, entre otros.

Son ideas que endulzan los oídos de incautos y que parecen conformar la receta perfecta que nos convierte automáticamente en un paraíso de maná y miel. Sin embargo, ninguno de sus voceros progresistas explica el “cómo”. ¿Acaso pedirán más impuestos a la clase media, expropiarán a los empresarios o impondrán impuestos a la riqueza? Resulta fácil para la élite burocrática dictar medidas con el café caliente, cuando ellos jamás se aventuraron a crear una empresa o a repartir sus propiedades privadas con los que más necesitan. ¡Pero qué fácil es ser redentor de los pobres con la billetera ajena!

Después de la pandemia surgirán galgos y carroñeros que querrán aprovechar el desastre para imponer sus ideas socialistas que ya han fracasado: aquellos que sin pudor defienden al nefasto régimen chavista y le prenden velas al dictador genocida Fidel Castro. Que nadie nos sorprenda, porque después de la pandemia necesitaremos verdaderos patriotas que quieran reconstruir el país sin pisotear nuestra libertad individual y económica.

Andrea Narvaez
21 de mayo del 2020

COMENTARIOS