Dante Bobadilla
Desastre Perú
¿Hasta cuándo se va a seguir jodiendo el Perú?
La pregunta no es cuándo se jodió el Perú, sino cuántas veces lo jodieron y hasta cuándo lo van a seguir jodiendo, porque esto no tiene cuándo acabar. El Perú, como parte de Latinoamérica, es una zona endémica para la enfermedad del populismo. Un recurso político que tiene un solo y mismo final: el desastre del país. En esas estamos una vez más, para variar.
La última vez que jodieron al Perú fue en los setenta con el velascato. Allí empezó la tragedia que devastó al Perú a lo largo de dos penosas décadas, en las que retrocedimos en todos los aspectos hasta tocar fondo. Sufrimos la fuga de talentos porque miles prefirieron escapar del infierno que era el Perú. En los ochenta volvió la democracia, pero en un país diferente, debilitado, trastabillante. Para colmo se nos vino el terrorismo de la izquierda, y al final Alan García nos dio el puntillazo final con su hiperinflación. Nunca estuvimos tan jodidos.
La recuperación del Perú en los noventa fue admirada por todo el mundo, pues ya nos daban por muertos. Fue lo más parecido a un milagro. Derrotamos al terrorismo, saneamos la economía, se creó un nuevo Estado con nuevas instituciones modernas y las cosas empezaron a marchar bien. Con el nuevo milenio el populismo empezó a carcomer al Estado. Poco a poco nos fuimos llenando de nuevos ministerios inútiles y organismos inservibles, y a subir el gasto público sin atender las necesidades básicas y reales del país. Y aun así, crecíamos.
Pero ese milagro acabó. Ya estamos marcha atrás. El vizcarrato es una dictadura chicha que parece una reminiscencia del velascato, es la consolidación de las políticas humalistas que añoraban un neovelasquismo, luego de jurar por la Constitución de 1979, la que consolidaba las barbaridades de ésa época. La educación pública se ha vuelto adoctrinamiento marxista. El quechua vuelve a sonar con insistencia machacona, con otras “lenguas originarias” que tratan de meternos por las narices como gran aporte cultural revolucionario. Otra vez está la palabra “Perú” metida en cada proyecto del Gobierno, como fue la obsesión de Velasco.
Vuelven a pedir empresas estatales y control de precios. El argumento ya no es que son “actividades estratégicas”, justificación del velascato para meter al Estado en el negocio petrolero, para luego acabar en todos los campos de la economía. El cuento ahora es que se trata de “un bien social”. Vuelven las condenas a la actividad privada, los conjuros contra los “grupos de poder económico”, el impuesto a los ricos. Ya no hace falta combatir a los partidos políticos porque ya acabaron con todos. Solo quedan combis electorales que recogen cualquier cosa que encuentren en la calle. El Congreso y el Gobierno están llenos de improvisados sin oficio, cuyas ideas políticas flotan en la miasma del populismo.
El desastre de hoy no es culpa del virus sino de un Gobierno sin brújula, carente de liderazgo y de gente capaz. No hay jefe de gabinete, solo un presidente ansioso de protagonismo. Las carteras están repartidas sin criterio. ¿Cómo es posible que pongan a liderar el sector Producción a una señora abogada cuya única experiencia en la vida es haberse pasado 20 años calentando sillas en oficinas públicas? ¿Qué sabe esa señora de producción? También tengo serias dudas sobre la expertise de la joven ministra de Economía. Que no nos extrañe pues el desbarajuste que estamos viendo, con marchas y contramarchas, normas y fe de erratas, contradicciones entre ministros, mensajes presidenciales que requieren disculpas. Mientras tanto, la población padece el abuso de poder, la falta de libertades y de esperanza.
Somos la paradoja del mundo porque estamos entre los países más afectados por el virus y, al mismo tiempo, tenemos de lejos el mayor gasto público dedicado a esta lucha. ¿Cómo se explica esto? Solo tiene un nombre: incapacidad. Lo único que debería hacer el Estado es garantizarle a la población un buen servicio de salud pública, adecuado a las urgencias del momento y con prontitud. Pero esta meta es difícil cuando no se tiene un equipo capaz, sino gente elegida por su color ideológico, antes que por su capacidad de gestión.
Mientras tanto, en el Congreso no pierden tiempo. Están por cambiar la Constitución por puro capricho. Siguen jugando al antifujimorismo. Se han pasado 20 años criticando la década del resurgimiento del Perú, estigmatizando a quien logró la resurrección del país, combatiendo la Constitución que nos permitió salir de la pobreza total, y culpando de todo al “neoliberalismo”. Quieren volver al pasado glorioso de las colas, la escasez y la miseria. No veo alternativas políticas dispuestas a defender el libre mercado. Así que mi consejo es que empiecen a preparar maletas porque a este país lo van a joder una vez más, definitivamente.
















COMENTARIOS