Dante Bobadilla

Decepción y democracia

No debemos creer en las palabras de un político en campaña

Decepción y democracia
Dante Bobadilla
31 de marzo del 2021


Decepción es el sentimiento general que ha acompañado a los peruanos en el presente siglo, debido al triste final que tuvieron quienes, en algún momento, fueron vistos por las masas como los salvadores de la nación. Eso sin duda explica el gran porcentaje de indecisos frente a las próximas elecciones. Habrá que ver si los electores han aprendido la lección.

La gente tiene que aprender a no creer en las palabras. Y menos en las de un político. Como sea, lo importante es que no se puede confiar en las palabras. Hay que confiar en los hechos. A las personas se les conoce mejor por su conducta antes que por sus palabras. 

Si hubiesen tomado en cuenta los hechos previos de Toledo antes de votar por él se hubieran ahorrado una decepción. El tipo era un embustero y un sinvergüenza que negaba a su hija, un vicioso, un alcohólico que vivía gorreando espacios y era capaz de cualquier cosa por llegar al poder. Se supo que Montesinos le armó el partido con firmas falsas para dividir a la oposición. Había señales de sobra para ver la clase de persona que era Toledo. Pero la gente prefirió creer en sus palabras y poses de campaña. Lo vieron como a Pachakuti. Y como no podía ser de otra manera, su gobierno fue uno de los más sucios y corruptos.

Lo mismo podría decir de Ollanta Humala, un militar aturdido que saltó a la fama por un ridículo intento de golpe a un Fujimori renunciante. Luego hizo nuevamente noticia por otro intento de golpe, esta vez a Toledo, quien lo había indultado y regalado un puesto en la embajada de Corea del Sur. Ollanta se libró de la cárcel una vez más y corrió a abrazarse con Hugo Chávez. ¿Todo eso no les dijo nada? Al final Ollanta acabó siendo el candidato de Lula y del Foro de Sao Paulo.

Tanto Ollanta como Toledo y PPK ganaron encaramados en el camión del antifujimorismo, que ha sido el principal factor político de los últimos veinte años. Esa lógica perversa de “cualquiera antes que Keiko” ha resultado un tiro por la culata. Sabiendo esto, PPK no tuvo ningún reparo en correr a aliarse con la izquierda más radical, vendiendo su alma al diablo para ganar como sea. El camino de la ambición desmedida, el odio y la inquina nos ha llevado adonde estamos.

Y ya que hablamos de odios, no hay duda de que Vizcarra es el más digno representante de la política del odio. Vizcarra asumió mejor que nadie el aniquilamiento como política. Usó hasta el cansancio el discurso de la lucha contra la corrupción para justificar su guerra sin cuartel contra el fujimorismo y el Apra, y contra todos los que fueran cercanos a ellos. Sus actos lo delataban. Pero nadie quiso ver lo evidente. Luego vinieron sus arrestos dictatoriales, sus espectáculos callejeros yendo a pie al Congreso a dejar personalmente un proyecto de ley que golpeaba a los políticos, etc. 

Los actos de Vizcarra fueron abundantes y obvios para darse cuenta de que usaba un falso discurso para distraer y acumular poder. Pero la gente siguió embobada con el circo del antifujimorismo y el antiaprismo, y creyó ciegamente en los cuentos de Vizcarra. El país era destruido mientras la gente aplaudía a Vizcarra solo por el circo romano que nos ofrecía. Cuando al fin le descubrieron sus indignantes fechorías, aun así la gente lo siguió apoyando. Lo vacaron lícitamente por corrupto, y los chicos salieron a defenderlo. ¿Qué clase de gente hay en este país? ¿Son ciegos o qué tara padecen?

Rechazaron a un hombre humilde y sencillo como Merino que no tenía ni polvo ni paja, para aplaudir a Sagasti que, en su primer acto de gobierno, tuvo la desfachatez de rendir homenaje oficial a los jóvenes muertos en las trifulcas que siguieron a la vacancia de Vizcarra. Ese gesto lo pintó de cuerpo entero. Luego vino la razia contra la policía y la restitución del viejo orden vizcarrista. Pero la gente lo adoró porque recitó a Vallejo.

No se quejen pues si tienen que vivir con la decepción a cuestas.

Dante Bobadilla
31 de marzo del 2021

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