Raul Labarthe
¿Cuándo empezó a fracasar el Perú?
La independencia fue el inicio de la decadencia de Hispanoamérica
Es constante la queja, la indignación y la incomprensión que nos genera la situación política en el país que otrora fuera el virreinato más poderoso de Hispanoamérica y el centro del Nuevo Mundo, allá por el siglo XVI. La narrativa indigenista, que nos ha hecho sentirnos avergonzados de las grandezas y proezas militares que han sucedido en estas tierras, tanto por parte de los Incas como por parte de los conquistadores, parece ser la piedra angular de una ausencia absoluta de identidad nacional y de patriotismo. ¿Ustedes creerían que los actuales alemanes, ingleses, rusos o franceses verían con vergüenza las conquistas militares de sus países cuatro o cinco siglos atrás, solo porque estas implicaron –por definición– el uso de la violencia?
Todo imperio se construye sobre la coacción –así como todo orden civil–, pero no toda conquista constituye un imperio. La mera ocupación de un territorio para el expolio de sus recursos naturales no implica crear una nueva civilización. Sin embargo, lejos de lo que la Leyenda Negra pregona, esto no fue lo que ocurrió en Los Reinos de Indias, donde el mestizaje, la evangelización y la unión de miles de pueblos inconexos en base a un mismo idioma, permitió el inicio de un proyecto civilizatorio. Nos puede gustar o no, pero no debemos creer que seríamos como los Estados Unidos si “nos hubiesen conquistado los ingleses”. La realidad dista mucho de ser esa. Nuestro destino habría sido más similar al de la India, de Kenya o de Nigeria: la pobreza más rotunda.
El olvido de los factores de cohesión cultural –el catolicismo, el idioma español y el mestizaje–, forman parte del deterioro de la conciencia nacional, que permite a un país tener algún tipo de norte común. La independencia –una audaz estrategia de las potencias enemigas de España (Inglaterra y Francia)– fue el inicio de la decadencia de Hispanoamérica. Poco se habla de la enorme crisis económica que implicó este proceso para la región: la pérdida de rutas comerciales y de industria incipiente fue dramática. El Perú exportaba la plata del Potosí, así como textiles a China hasta el siglo XVIII, a través del galeón de Manila, que navegaba hasta las Filipinas; mucho antes que el TLC firmado en el 2009. ¿Qué sucedió?
Es la balcanización del Imperio Español, la pérdida de su dominio marítimo y militar de las rutas globales de comercio, el verdadero origen del atraso y el subdesarrollo de nuestra región. Las nuevas repúblicas quedaron a la merced de caudillos mercantilistas y de élites criollas que se dedicaron a realizar negocios con las nuevas potencias –Inglaterra y Francia, en el siglo XIX; EE.UU. en el siglo XX–, que muchas veces fueron lesivos para los intereses del Estado (contrato Dreyfus, contrato Grace, entre otros). Las repúblicas no fueron más que el disfraz para repartir el botín hispano entre las nuevas élites que destruyeron jacobinamente el orden preexistente, eliminando los títulos nobiliarios que muchos indígenas tenían desde tiempos de la Conquista.
Por eso Haya de la Torre entendió prontamente que la verdadera lucha antiimperialista consistía en poner a la dialéctica de los imperios por encima de la dialéctica de clases. Puso siempre por encima la reunificación “policlasista” de América Latina, que les permitiera a los hispanos –antes que nada– volver a tener un peso en el mundo. Según el historiador y experto en relaciones internacionales, Marcelo Gullo, esto atentaba contra los intereses de los partidos comunistas de la región –todos ellos al servicio de la URSS–, lo que le ganó al aprismo el odio eterno de la izquierda marxista-leninista, hasta el día de hoy. Ningún partido ha tenido más mártires de Sendero Luminoso que el aprismo. No es casualidad.
















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