Juan Carlos Llosa

La seguridad nacional y la nueva Base Naval del Callao

Debería haber más cultura de defensa y menos demagogia

La seguridad nacional y la nueva Base Naval del Callao
Juan Carlos Llosa
03 de febrero del 2026

 

La seguridad nacional es un asunto bastante serio. En el Perú los gobernantes, parlamentarios y funcionarios del más alto nivel rara vez suelen entender y menos valorar este tema, lo mismo que la gran mayoría de la sociedad civil en general. 

Hoy la tecnocracia liberal economicista –algunos la llaman también derecha neoliberal– se ufana de 25 años de cifras azules y reservas bancarias como principio y fin de la República –a pesar de que la República se viene deslizando hacia su segunda prosperidad falaz– y la agenda política que gobierna es dictada desde la corrección política foránea, a través de la izquierda cosmopolita local. Pero no parece haber lugar para una cultura de defensa acorde con nuestra realidad geopolítica y geoestratégica, a nuestros recursos y a las diversas amenazas presentes y futuras. 

Lo dicho se hace más notorio cuando se presentan proyectos para la decisión política de renovación y modernización de material de guerra. A este tema, el primer grupo mencionado –la tecnocracia liberal economicista– lo entiende desde una óptica infantil: asunto de militares y sus 'juguetes' sin utilidad práctica. Por su parte el segundo grupo –la izquierda cosmopolita y sus tontos útiles– lo presentan como proyectos onerosos que los militares —a quienes detestan— ponen sobre la mesa para asumir protagonismo político cuando ven este disminuido.

Con este antecedente, no es extraño que esté circulando información inexacta y tendenciosa con respecto a la construcción de la nueva Base Naval del Callao para la Marina de Guerra del Perú. Lo real y preciso es que la asignación de 1,500 millones de dólares del presupuesto nacional, será canalizado a través del programa FMS (Foreign Military Sales) del gobierno de los EEUU para la construcción de nuevas y modernas instalaciones para la Fuerza Naval del Pacífico en el lado norte del área que actualmente ocupa la Base Naval del Callao desde los años 30 del siglo pasado. 

Mediante el citado programa, creado en 1968, el Perú y otros países de la región —en realidad, alcanza a cualquier país que sea socio o amigo de los EEUU— adquieren de los Estados Unidos material bélico, asistencia y educación militar de vanguardia, a costos regularmente más bajos que en el resto del mercado de compra y venta de armas.

El FMS es gestionado por la Defense Security Cooperation Agency (DSCA) —agencia gubernamental norteamericana—y financiado por el Gobierno de los EEUU o de los propios países que solicitan su empleo, siendo esta última modalidad la adoptada por el Perú para los efectos del tema que abordamos.

La misión de la DSCA es promover los intereses de seguridad nacional y política exterior de los EEUU. fortaleciendo la capacidad de las fuerzas de seguridad extranjeras. Asimismo, administra programas de cooperación en materia de seguridad y sus objetivos incluyen desarrollar capacidades específicas de sus socios, así como construye alianzas y asociaciones.

 Para dar un contexto más amplio al tema que tratamos, la relación militar —y principalmente naval— entre el Perú y los EE.UU. se remonta a 1920, con la contratación de una misión naval norteamericana por el gobierno de Augusto B. Leguía para modernizar la Armada nacional. Esta misión, en poco tiempo hizo dar un gran salto hacia adelante a la entonces llamada Armada Peruana en su gestión operacional y administrativa. Durante el oncenio se adquirieron de los EEUU los legendarios submarinos “R” que tantas generaciones de marinos formó en esa decisiva área de la guerra naval, así como la construcción de la estación naval de San Lorenzo, entre otros.

Más tarde, en los años 50 a través de la política de cooperación de los EEUU con países de Latinoamérica y las excelentes relaciones con el gobierno del general de división Manuel A. Odría a través del presidente del Consejo de Ministros y ministro de Marina, vicealmirante Roque Saldías, el Perú adquirió de los EE.UU., buques, submarinos, construyó un centro de armas y electrónica en el entonces Arsenal Naval del Callao, y la base fluvial de Nanay en Iquitos, el gran Hospital Naval de Bellavista entre otros. En las siguientes décadas, haciendo un paréntesis con el gobierno socialista del general de división Juan Velasco que se plegó al bando perdedor de la hegemonía mundial, es decir de la URSS, la cooperación militar de los EEUU ha sido muy beneficioso para la Marina y por ende para el país en cuanto a su defensa marítima. Es en los primeros años de la década de los 80 del siglo pasado, donde se aplica al FMS Perú de manera activa. 

Desde el año 2012 el Alto Mando Naval, con visión estratégica decidió iniciar un proceso de entrega de áreas de la Base Naval del Callao en un aproximado de 80 hectáreas para favorecer la ampliación del puerto del Callao y por consiguiente al comercio marítimo, no sólo para contar con más muelles privados sino también con áreas logísticas para carga, descarga y almacenamiento de contenedores, entre otros aspectos relacionados. Esto sucedió mucho antes que se consiguiera el socio estratégico que se necesitaba para hacer viable el puerto de Chancay, y es atribuible al impulso institucional, aunque, como suele suceder en decisiones trascendentales como desprenderse de áreas consideradas estratégicas por mucho tiempo, se presentasen algunas resistencias internas. Pese a ello se fue para adelante. 

Uno de los beneficios para el país que implica la realización de este proyecto, consiste en la ampliación de las instalaciones del SIMA-Callao, como parte de las áreas a ceder por la institución naval. Principalmente, en lo que se refiere al área del dique seco —que es la misma desde su construcción en 1938 con participación de los EEUU— para poder recibir en sus gradas a buques Post-Panamax (es decir, los buques más grandes que surcan los mares del Océano Pacífico); mientras que las otras áreas a entregar serían destinadas a administradores portuarios en concesión.

Continuando con el proyecto, en el año 2014, la Marina de Guerra —a través de un contrato de Gobierno a Gobierno (G2G) con España— se desarrolló lo que se denominó Plan Maestro de la Base Naval del Callao. Ese mismo año y considerando la experiencia histórica institucional, se creó la dependencia Oficina de Desarrollo Especial de Proyección de la Base Naval del Callao, la mismo que poco después obtuvo la dación del Decreto Supremo N° 012-DE de fecha 2 de octubre del 2014, que declaraba de interés nacional la elaboración del “Plan Maestro de la Base Naval del Callao”. La finalidad, como se ha señalado, es trasladar las actuales instalaciones al lado norte del río Rímac. En el 2019, luego de terminar el Plan Maestro (elaborado por la empresa Ingeniería de Sistemas para la Defensa de España (ISDEFE) organismo del Ministerio de Defensa de ese país), la Marina de Guerra del Perú sostuvo reuniones con el Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) y la Autoridad Portuaria Nacional (APN) para desarrollar, bajo una visión compartida y de forma armónica, el plan futuro del puerto del Callao. En esas reuniones se incluyó el proyecto del dique Post-Panamax para potenciar aún más la industrialización del país. Para estos efectos ese año se firmó un convenio marco entre el MTC y la Marina de Guerra del Perú.

¿Por qué la Marina se interesa tanto en el comercio exterior? podrían preguntarse muchos. La respuesta es que este interés obedece a una filosofía institucional que tiene más de medio siglo, mediante la cual se entiende que el comercio a través del mar da lugar a lo que se denomina Líneas de Comunicaciones Marítimas (LLCCMM). Estas trasladan, desde hace muchos siglos, mercancías que benefician a los Estados; por lo tanto, aquella entidad tiene que protegerlas en un espacio donde no hay delimitación de fronteras, es decir, el mar. Esta filosofía, teorizada de manera brillante a fines del siglo XIX por el almirante norteamericano Alfred Mahan, nos lleva a concebir un binomio fundamental para el desarrollo del país: Poder Naval-Comercio Marítimo. Volviendo al proyecto, en el 2021 y luego de evaluar varias opciones para desarrollar el proyecto sobre la base del Plan Maestro concebido, se decidió firmar un acuerdo de Gobierno a Gobierno (G2G) con los EEUU, el cual contempla el asesoramiento y apoyo para gestionar la construcción de la nueva Base Naval del Callao. Al ser este bastante extenso, se establecieron tres fases. La I fase se inició el año 2023 con la construcción de algunas edificaciones correspondientes al traslado de las dependencias administrativas ubicadas en el lado sur de la actual base naval. 

El dinero en mención sólo corresponde a la fase II, la construcción de zona marítima, es decir muelles y rompeolas y que requieren de mucho más especificaciones y consideraciones técnicas, de ahí que se optó por llevarla a cabo mediante un G2G. En virtud a ello, desde el 2022 se viene trabajando con el USACE (Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los EEUU).

En un artículo titulado “Proyecto de desarrollo y construcción de la nueva Base Naval del Callao y su proyección a futuro: realidad esperada” y publicado en la Revista de Marina, revista profesional de los marinos de guerra peruanos, que es una de las revistas académicas vigentes más antiguas de nuestro país -fundada en el año 1907- el contralmirante Belisario Zagazeta Bustamante, ex Jefe de la Oficina de Desarrollo Especial de Proyección de la Base Naval del Callao, realiza una explicación muy detallada del proyecto existente, costos, demandas tecnológicas y otros aspectos sobre esta gran obra. Señala Zagazeta que; “se optó por la opción de abrir un caso Foreign Military Sales (FMS) -2023- , el cual es un programa de ventas militares que el Gobierno de dicha nación efectúa de Gobierno a Gobierno para equipamiento de defensa, servicios y entrenamiento, a fin de mantener y mejorar las operaciones de defensa propias, así como entre él y sus países aliados (…) la construcción de la nueva Base Naval del Callao, con participación del USACE en todo el proceso constructivo, dada su especialización en obras de ingeniería y experiencia multidisciplinaria en la construcción de bases militares a nivel mundial, permitirá asegurar la culminación de la obra bajo estándares de calidad internacionales y, a su vez, la ejecución de un trabajo con la transparencia e integridad requeridos”.

 

Parte del procedimiento consiste en la elaboración de lo que se denomina LOA (Letter of Agreement), que es un documento de compromiso entre las partes. Su finalidad es que, al recibir los fondos del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) —los cuales ya han sido considerados en la Ley de Endeudamiento del 2025— se proceda a construir la nueva dársena naval (muelles y rompeolas).

La legislación de los EE.UU. establece que, cuando una LOA supera los 500 millones de dólares, debe ser aprobada por el Congreso de los Estados Unidos. De ahí proviene la noticia que se ha difundido, con conceptos erróneos o tergiversados adrede, no tengo duda.

La participación de las FF.AA. norteamericanas se basará en la asesoría técnica para elaborar el nuevo proyecto y su construcción en un periodo de 10 años aproximadamente. Cuando esté terminado el Perú contará con una base naval muy moderna y acorde a sus intereses marítimos.

Esta visión estratégica permite a la Marina de Guerra del Perú y a nuestras Fuerzas Armadas en general, adquirir material, servicios y sistemas de entrenamiento norteamericanos por debajo de su valor real.

Por otra parte, en medio del cruce de información como es común en los “buenos” amigos que tienen las FFAA peruanas, se han encargado de sostener falsedades recurriendo el artificioso dilema cuasi hamletiano de “cañones o mantequilla”, ¡to be or not to be! Es decir, cada vez que el sector defensa hace públicos proyectos de renovación y modernización de materiales bélicos arremeten sollozantes los adalides de los desvalidos, los abanderados de los pobres. “No hay agua para los colegios” rezongan, “no hay medicinas para los hospitales” se indignan, y en estas demandas más que justas los acompañamos, pero sin afanes plañideros ni fariseos, y no sin antes argüir dos puntos contundentes. En primer lugar, presupuesto para los colegios, hospitales y demás requerimientos y programas sociales impostergables —como la lucha contra la desnutrición infantil— hay y bastante. Tienen sus propias partidas que, comúnmente, son mal ejecutadas o simplemente no se realizan los gastos pese a existir los requerimientos; todo ello por ineficiencia y corrupción galopantes.

En segundo lugar, estos “defensores de los vulnerables” sólo elevan los decibeles de su “aplaudible sentir humanitario” cuando se anuncian proyectos de adquisiciones militares. Antes de ello, ante las malas gestiones, jamás se les escucha por ejemplo exigir la interpelación del ministro de Educación, del de Salud o del de Inclusión Social, o la revocatoria de los gobernadores regionales incompetentes o corruptos ante las falencias mencionadas. ¿Por qué será?". Dicho esto: marchemos por la educación y la salud. ¿Nos acompañarán los promotores de este pseudo dilema shakesperiano —al estilo de Hamlet, Príncipe de Dinamarca— que nos ocupa?

También se ha dicho que la Marina de Guerra debió haber hecho su base importante en el puerto de Chimbote, y que esto no se hizo hace varias décadas atrás porque los jefes navales no quisieron mudarse para allá. Esto es un torpedo dirigido a la línea de flotación del orgullo naval; y después, sus lanzadores no quieren que se les conteste en términos similares.

Veamos. Conozco bien el tema al haber sido comandante de la Base Naval de Chimbote en el 2013. En 1961, el presidente Manuel Prado, mediante decreto supremo, creó la Base Naval de Chimbote considerando el inminente crecimiento del puerto del Callao, ya para esa época. A fines de los años 70 se retomó el tema, para lo cual se le asignaron a la Marina grandes extensiones de terreno en la Bahía del Ferrol. Provisionalmente, en 1980 —y mientras se debía construir la nueva base naval, una base por demás revolucionaria en muchos aspectos, ambiciosa en sus capacidades y alcances, en realidad un proyecto cuasi fastuoso como nuestros intereses marítimos ameritaban— se asignaron las instalaciones de una antigua empresa pesquera como sede de la dependencia de la Base Naval de Chimbote, que en el papel existía desde 1961. Lo mismo había sucedido con la sede del SIMA-Chimbote. No hay que confundir base naval con SIMA, son misiones, funciones e instalaciones distintas. Esta base “provisional” en Chimbote se ubica fuera del área donde se iba a construir la nueva base naval. Se asignó una dotación a cargo de un alto jefe, un capitán de navío, y se empezaron las primeras actividades.

Llegó el segundo gobierno de don Fernando Belaunde. Este se interesó mucho por el proyecto, no sólo por la relevancia que tenía, sino por la cercanía que tuvo don Fernando a la institución naval, la institución de Grau, a quien tanto admiraba el ilustre gobernante. 

La Marina muy entusiasmada con el proyecto que tenía enormes proporciones, creó una dependencia denominada Dirección Ejecutiva del Proyecto Naval de Chimbote y la puso al frente de un vicealmirante. Ello demuestra la importancia fundamental que tuvo el proyecto para la institución. Se recibieron dos propuestas de elaboración del proyecto, una de una firma inglesa y otra de una italiana, que estarían sustentadas con las más avanzadas tecnologías de la época. 

¿Qué sucedió finalmente con la base de Chimbote? Nunca se asignó el presupuesto que se necesitaba para llevar a cabo las obras. No es cierto que se haya construido algo; no se puso ni un solo ladrillo para ese fin. No se construyó nada del gran proyecto porque no hubo financiamiento para ello. Lo que sí se mantuvo fue la base provisional en el lugar donde hoy funciona, cuyas capacidades son bastante limitadas en servicios y logística, por ser en una base de segundo nivel para apoyo de unidades navales de pequeño y mediano calado, no una base con la capacidad que requiere la fuerza naval del Pacifico. En mi caso personal, asumí el puesto dejando a mi esposa y a mi hija de apenas una semana de nacida. No hubo dudas para “salir de Lima”, como correspondía. La misión se cumple.

Es importante señalar que el puerto de Chimbote no fue escogido al azar, y no solamente por sus bondades morfológicas. Para los años 60, con el boom de la pesca, ese puerto había adquirido enorme relevancia y se había convertido en un elemento clave de la constitución de nuestro Poder Marítimo; entendiendo este como el resultado del Poder Naval (la fuerza militar en el mar, recursos humanos y unidades de combate) sumado a los Intereses Marítimos Nacionales (la realidad marítima y los elementos que le dan cuerpo).

Sin embargo, para fines de los 80, con el desastre de Alan García y el terrorismo asestando duros golpes contra la sociedad peruana, Chimbote se empobreció —como muchas partes del país— y se convirtió en 'zona roja' por el accionar de Sendero Luminoso. Con el cambio de modelo económico gracias a la Constitución de 1993, el comercio exterior se convirtió en el nuevo eje del Poder Marítimo Nacional. Construir una base naval en Chimbote para los tiempos posteriores a la Pacificación Nacional devino en poco eficiente por costos, por la lejanía para la protección del corazón de las Líneas de Comunicación Marítimas (LLCCMM) y por las concesiones previstas de áreas portuarias en el primer puerto nacional, entre otros factores. Pero fundamentalmente, esto sucedió porque la gran ciudad que en algún momento se previó en virtud al boom de la pesca en Chimbote, se vio frustrada por la pésima gestión del burocrático Ministerio de Pesquería que expropió muchas empresas prósperas de esa industria durante el gobierno del general socialista Juan Velasco.

Como último punto a tratar, la tensión entre EE.UU. y China lleva a la región a otros aspectos por la puesta en servicio del puerto de Chancay con capitales chinos y nacionales. Este es un elemento que se asoció, recientemente, con los considerables impactos que afectan —para bien o para mal— a nuestra realidad marítima.

No es propósito de este artículo profundizar en esta compleja situación de orden geopolítico, geoestratégico y geoeconómico. Solo mencionaré algunas consideraciones que se han presentado en el camino en años posteriores a la decisión institucional de ceder áreas para desarrollar el proyecto de la nueva Base Naval.

Puede señalarse que, un poco en la línea de la Doctrina Monroe y su lema “América para los americanos” —doctrina ahora remozada por la administración Trump— parecería que se apunta a reforzar la seguridad cooperativa continental.

Al respecto, la Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América, publicada en noviembre del 2025, en su página 16 señala lo siguiente: “Tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y aplicará la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental y proteger nuestro territorio nacional y nuestro acceso a geografías clave en toda la región. Negaremos a competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales en nuestro hemisferio. Este "Corolario Trump" de la Doctrina Monroe es una restauración sensata y contundente del poder y las prioridades estadounidenses, coherente con los intereses de seguridad de Estados Unidos”. Más adelante añade: “Nuestras metas para el hemisferio occidental se resumen en "Reclutar y Expandir". Reclutamos a nuestros aliados en el hemisferio para controlar la migración, detener el tráfico de drogas y fortalecer la estabilidad y la seguridad terrestre y marítima. Nos expandiremos cultivando y fortaleciendo nuevos socios, a la vez que reforzamos el atractivo de nuestra nación como socio económico y de seguridad predilecto del hemisferio”.

Esto podría tener un impacto positivo para el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), establecido en 1947 como herramienta de seguridad cooperativa continental. En relación con ello, sostiene el ex primer vicepresidente de la República, Dr. Francisco Tudela: “El TIAR sería remozado si se adapta al nuevo concepto de guerra híbrida; por ejemplo, contra las organizaciones criminales internacionales y el terrorismo internacional. El TIAR fue pensado para oponerse a la URSS en 1947. Todo nuestro pensamiento debe adaptarse a las nuevas realidades del 2025, interpretando cuidadosamente textos como la 'Estrategia de Seguridad Nacional' y las declaraciones de Trump, Rubio y Hegseth”.

Queda claro que el propósito de la construcción de la nueva base naval obedece a una necesidad de la seguridad nacional, que como es tradición en la Marina de Guerra del Perú, se asume con la mayor responsabilidad, honestidad y eficiencia. Esta decisión estratégica es muy anterior a la situación que se está presentando en la región dada la disputa entre EE.UU. y China, lo que evidentemente no nos puede ser indiferente. Lo censurable es que, en estos temas de gran importancia estratégica y geopolítica, se dé espacio a la politiquería barata electoral, para buscar protagonismos poco serios.

Es imperativo enterarse un poco más, y tomar más en serio los asuntos de la seguridad nacional, cuyo Consejo al más alto nivel se reúne “a la muerte de un obispo” (o peor, la de un Papa). 

Más cultura de defensa y, por supuesto, menos demagogia, nos harían muy bien en este y otros temas.

Juan Carlos Llosa
03 de febrero del 2026

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