Dante Bobadilla

Asalto al tren del dinero

Sobre el proyecto de renta básica universal

Asalto al tren del dinero
Dante Bobadilla
15 de abril del 2020


El progresismo no descansa ni en cuarentena. Al contrario, aprovechan el pánico para salir a asaltar a todo el que pueden. Empezaron haciendo un forado del 25% a los fondos del sistema privado de pensiones, luego trataron de arrebatarles la cartera a las empresas privadas (exigiendo un sueldo sin laborar) y ahora pretenden asaltar el tren del dinero público para obtener una “renta básica universal”. Es decir, quieren que papá Estado les regale dinero a todos solo por su linda cara. 

Claro que detrás de todo este latrocinio siempre están las consabidas buenas intenciones del progresismo. El parasitismo social a costa del Estado o de la empresa privada siempre se ha justificado con las palabras más rimbombantes, tales como solidaridad, justicia social, derechos sociales, empatía o, en su versión más sofisticada y académica, “redistribución de la riqueza”. Como si la riqueza estuviera tirada en el suelo. La riqueza hay que crearla, y la izquierda es la primera en sabotear la creación de riqueza, como cuando se oponen a la inversión minera. 

Una congresista de izquierdas justifica su proyecto de renta básica universal alegando que en el país existe más del 70% de informalidad. Lo que no dice es que esa informalidad se debe a las políticas de izquierdas, como las exageradas tasas impositivas que les quitan buena parte de sus ganancias a los empresarios o les restan competitividad en los precios. Sumemos a eso la sobrerregulación laboral y la constelación de supuestos “derechos laborales” que se inventaron en el siglo pasado y nunca fueron corregidos. Es paradójico que en este país las empresas tengan libertad para contratar, pero no para despedir. Acabamos ver el ridículo espectáculo en el que las empresas tienen que pedirle permiso al Gobierno para despedir empleados que ya no necesitan ni pueden pagar. Y se lo han negado. Hasta han sido amenazadas con represalias. Y así tienen el cuajo de llamar a esto “modelo neoliberal.” 

Lamentablemente nos han lavado el cerebro con ideología de izquierdas, empezando por las falsas dicotomías que dividen la sociedad entre buenos y malos. Nos han enseñado a odiar a los empresarios y defender a los trabajadores, como si fueran rivales y opuestos, cuando en realidad son complementos de la más importante maquinaria para el desarrollo que puede tener un país: las empresas. Un buen indicativo del desarrollo de un país es el número de empresas que tiene, y sobre todo de empresas transnacionales. En estos tiempos los países no conquistan a otros con blindados de infantería sino con empresas. 

No hay país que pueda sobrevivir con esta plaga de izquierda predicando su ideología del subdesarrollo, atacando las inversiones con pretextos ecologistas y comunitarios, combatiendo a las empresas como agentes de explotación, saqueando el sistema privado de pensiones, exigiendo más impuestos a los que generan riqueza y aplaudiendo el gasto público cuando se trata de financiar el cine progresista, pero indignándose cuando financian empresas productivas. Y lo peor es que el común de los peruanos se compra los cuentos de justicia social, porque el discurso de izquierda se vende bien.

El negocio político por excelencia en el Perú es golpear a las empresas. El presidente Vizcarra acaba de afirmar muy orondo: “Si hay que decidir entre la empresa y los trabajadores este Gobierno siempre estará del lado de los trabajadores”. ¿A qué viene esa tonta dicotomía? ¿Acaso pueden existir trabajadores sin empresas? ¿No es deber del presidente defender a ambos? ¿Acaso no son las empresas las que le pagan su sueldo a Vizcarra y mantienen a todo el Estado? Pero esa es la tónica de la demagogia política en el Perú. Nunca falta el charlatán que acusa a alguien de estar “a favor de las empresas”, como si eso fuera un delito penal. Y lo más triste de esta historia es que la izquierda no anda sola, sino mal acompañada, porque hay una buena cantidad de demagogos de derecha que utilizan este mismo discurso.

Si el progresismo quiere seguir mamando la teta del Estado lo que debería hacer es defender a la empresa privada, porque de allí es de donde salen los fondos públicos. En este momento de parálisis económica lo justo es que el Estado les dé una mano a sus proveedores de dinero. Sin empresas no hay país, ni Estado ni futuro.

Dante Bobadilla
15 de abril del 2020

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