Julio Jesús Puescas
A los peruanos de buena voluntad les digo: paciencia
Si al nuevo Gobierno le va bien, al Perú le irá mejor
El Perú inicia un nuevo quinquenio en medio de un escenario complejo. Keiko Fujimori llega a la Presidencia con una trayectoria política ampliamente conocida, marcada por aciertos, errores, controversias y una fuerte polarización. Carga sobre sus hombros una mochila política pesada y asume el gobierno de un país dividido, desconfiado de sus instituciones y cansado de la inestabilidad que ha caracterizado los últimos años.
Precisamente por ello, quienes realmente queremos que el Perú salga adelante debemos cultivar una virtud que hoy parece escasa en el debate público: la prudencia. Esto quiere decir que no corresponde convertirnos en una oposición automática ni en una defensa incondicional. Ambas posturas son igualmente perjudiciales para una democracia madura. Criticar a un gobierno antes de que gobierne es tan irracional como aplaudirlo antes de que produzca resultados.
A diferencia de otros momentos de nuestra historia reciente, las propuestas que hasta ahora ha presentado Keiko Fujimori ofrecen, al menos en teoría, un margen razonable para esperar y evaluar. Ha planteado impulsar proyectos de irrigación como Chavimochic, Majes-Siguas y Olmos para fortalecer la agroexportación; ha anunciado medidas para reactivar el turismo, un sector que representa cerca del 3% del PBI y genera alrededor de 1.3 millones de empleos directos e indirectos; ha propuesto dialogar con trabajadores y empresarios para enfrentar la informalidad laboral y revisar los sobrecostos que hoy encarecen el empleo formal; y ha colocado como prioridades la lucha contra la inseguridad ciudadana y la preparación frente al fenómeno de El Niño. Nada de ello garantiza el éxito. Pero tampoco constituye, por sí mismo, una razón para anticipar el fracaso.
La diferencia con otros gobiernos es importante. Existen administraciones que desde sus primeros anuncios despiertan legítima preocupación porque plantean políticas claramente perjudiciales para el país. Pedro Castillo fue un ejemplo de ello: sus señales iniciales sobre el manejo institucional, económico y político justificaban un elevado nivel de alerta desde el comienzo. Ante esto es oportuno resaltar que no toda prudencia implica suspender el juicio cuando los riesgos son evidentes.
El caso actual, sin embargo, es distinto. Keiko Fujimori llega acompañada de cuadros técnicos y de una experiencia política acumulada durante décadas. Después de cuatro campañas presidenciales, de haber liderado la principal fuerza parlamentaria durante varios periodos y de haber enfrentado incluso procesos judiciales y prisión preventiva, conoce gran parte de lo que significa estar en política. Por lo tanto, dicho conocimiento deberá traducirse ahora en capacidad de gestión. Si no lo hace, será legítimamente cuestionada.
Eso sí, la vigilancia ciudadana no puede relajarse. Si aparecen decisiones que favorezcan intereses particulares, si se toleran actos de corrupción, si continúan privilegios injustificados, si el Congreso insiste en escándalos o medidas alejadas de las necesidades del país, las críticas deberán ser firmes y sin concesiones. La democracia exige ciudadanos atentos, no espectadores pasivos.
Pero también exige honestidad intelectual. No todo político es necesariamente corrupto, ni toda medida debe rechazarse únicamente porque proviene de un determinado partido. Esa lógica de descalificación permanente ha profundizado la polarización y ha impedido construir consensos mínimos para gobernar.
Al margen de las preferencias electorales de cada ciudadano, existe una realidad ineludible: si al gobierno le va bien, al Perú le irá mejor. Desear el fracaso de una administración por cálculo político equivale, en última instancia, a desear el fracaso del país.
Por eso, a los peruanos de buena voluntad les digo: paciencia. Observemos, evaluemos, exijamos y fiscalicemos. Mantengamos una actitud vigilante, pero guiada por la razón y no por el prejuicio. El juicio definitivo no debe hacerse antes de los hechos, sino a partir de ellos. Solo así podremos contribuir a una política más seria y a una democracia más responsable.
















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