Julio Jesús Puescas

A Cusco no “le falta el oxígeno” ni tiene una “condición mental”

Lo que la derecha no ve, la Nueva Derecha Peruana sí

A Cusco no “le falta el oxígeno” ni tiene una “condición mental”
Julio Jesús Puescas
08 de octubre del 2026

 

La izquierda recibe un regalo cada vez que un personaje mediático de derecha emplea el insulto antes que el análisis. Ya concluidas las elecciones municipales y regionales, Verónika Mendoza se perfila como la próxima gobernadora regional del Cusco. Frente a este resultado, ciertos sectores mediáticos de la derecha han calificado de manera despectiva al elector cusqueño; cometiendo así un error político casi criminal, pues termina reforzando parte del relato que explica el porqué del triunfo de la candidata de Venceremos. 

Entender lo ocurrido en Cusco exige observar primero la oferta electoral. De las 12 organizaciones que disputaron el Gobierno Regional, 11 eran de izquierda o tenían cercanía con ella. La única alternativa medianamente identificada con la derecha fue Avanza País, que obtuvo apenas 3.3% de los votos, mientras Verónika Mendoza, con Venceremos, superó el 30%. Como vemos, la derecha perdió por “walkover”; y es que ¿cómo pretende ganar en una región donde durante años ha sido incapaz de construir organización territorial, discurso regional, trabajo político sostenido y cuadros reconocidos? Pretender esto equivale a presentarse a una competencia después de renunciar a participar.

Ese vacío político de la derecha ocurrió en una región con problemas concretos. La pobreza alcanzó el 18.8% de la población cusqueña y la pobreza extrema al 2.6%, la anemia afectó al 56.6% de los niños de 6 a 35 meses en 2025, una de las tasas más altas del país; y de más de la mitad de los colegios públicos de la región requerían sustitución completa. Estos problemas crean un terreno fértil para el malestar político: cuando una población acumula dificultades concretas y percibe que ninguna alternativa ofrece una explicación convincente, la política comienza a organizar ese fastidio en torno a determinados relatos.

La izquierda ha sabido construir ese relato alrededor de antagonistas reconocibles: Lima, el centralismo, el Congreso, el fujimorismo, las grandes empresas, las élites económicas o los partidos tradicionales. La existencia de un enemigo político permite ordenar distintas frustraciones bajo una misma explicación y darle una forma concreta. Mendoza ha ocupado ese espacio durante más de una década. Fue congresista por Cusco entre 2011 y 2016, candidata presidencial en 2016 y 2021 y dirigente de organizaciones de izquierda. Su trayectoria política se ha articulado alrededor de los conflictos socioambientales, el cuestionamiento del modelo primario exportador, la propuesta de una nueva Constitución y mayores restricciones a determinadas actividades extractivas. 

Por eso, una parte del electorado identificó en Mendoza a una figura “antiestablishment” capaz de confrontar aquello que en Cusco se considera la causa de sus problemas, independientemente de que comparta la totalidad de su orientación ideológica. Ese punto resulta relevante porque una elección regional expresa también identidad territorial, reconocimiento de una figura, rechazo a otras alternativas, malestar acumulado y expectativas sobre la gestión pública. Es por esto que asumir que el casi 31% que votó por Mendoza está compuesto exclusivamente por militantes de izquierda sería una lectura demasiado ingenua. Un elector puede coincidir con una candidata en determinados asuntos sin asumir todo su programa político.

Aquí aparece la autocrítica que corresponde hacer. El problema de fondo consiste en haber perdido capacidad para interpretar al Perú. Una derecha que observa al ciudadano desde Lima, desprecia su decisión electoral y después se pregunta por qué ese ciudadano se aleja de ella, está profundizando la distancia que pretende resolver. Y es que cada que reduce al que votó distinto a despectivos como “burro”, “ignorante” o “enfermo”, la izquierda obtiene un argumento sencillo para presentar la elección como una confrontación entre una población regional y una élite capitalina que la desprecia; cuestión no menor, pues eso también influye en la percepción de aquellos que no tienen un corpus ideológico completo, que es el grueso del país.

Lo ocurrido es la manifestación de dos componentes de la crisis tripartita previamente diagnosticada: la de cohesión y la de sentido. El Perú pierde cohesión cuando un sector de Lima observa al sur como una anomalía electoral y una parte del sur interpreta a la capital como un adversario permanente. También pierde sentido cuando ninguna fuerza nacional consigue articular un rumbo que integre desarrollo, identidad regional, inversión y autoridad política. La izquierda puede aprovechar esas fracturas, mientras una derecha distante de las realidades regionales corre el riesgo de profundizarlas mediante respuestas que no interpretan el malestar existente. 

Frente a esto, la Nueva Derecha Peruana propone una batalla de base. Esto significa construir presencia territorial desde la integración del campesino, el emprendedor, el joven, el universitario y los distintos sectores que forman parte de cada comunidad regional. Se trata de construir un frente común e intergeneracional que permita recuperar la presencia política allí donde durante años la derecha estuvo ausente. Esta batalla tiene un componente cultural, pero debe traducirse también en organización y propuestas sobre agua, salud, educación, seguridad, infraestructura, empleo, inversión y desarrollo, construidas desde la escucha y la comprensión de la realidad concreta de cada territorio.

Esta es la única manera de evitar que los errores de la derecha vuelvan a repetirse y que surjan nuevas amenazas políticas. La batalla de base de la Nueva Derecha Peruana es, precisamente, una construcción política de abajo hacia arriba, donde el conocimiento y la experiencia se encuentran con quien vive directamente los problemas de su comunidad. De esa simbiosis pueden surgir propuestas capaces de hacer frente a proyectos de izquierda como el de Verónika Mendoza y, sobre todo, de construir una alternativa política arraigada en el propio territorio.

Julio Jesús Puescas
08 de octubre del 2026

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