Dante Bobadilla

Váyase, Vizcarra

Carece de destrezas políticas y de modales democráticos

Váyase, Vizcarra
Dante Bobadilla
24 de julio del 2019

 

El mejor mensaje a la nación que podría dar Martín Vizcarra en estas Fiestas Patrias sería anunciar su renuncia, junto a la convocatoria de elecciones generales adelantadas. De este modo daríamos fin, de algún modo, a esta asfixiante y funesta época de desgobierno, caos, retroceso económico, enfrentamientos de poderes y persecución política con saldos trágicos. Ya está visto que este gobierno no da para más. 

Está demostrado que en el Perú siempre se puede caer más bajo. Después de Toledo creímos que habíamos tocado fondo y que ya nadie peor podría llegar al poder, pero llegó Humala. Y cuando creímos que ya lo habíamos visto todo, el azar nos trajo a Vizcarra. Y lo peor es que, a diferencia de los anteriores, Vizcarra ni siquiera tiene con quién gobernar. Es un sujeto sumamente limitado, que carece de las destrezas políticas mínimas y hasta ignora los modales democráticos básicos. Su retórica es de las más huecas y baratas. No sale de “hay que estar unidos”. Ahora mismo ha salido a pechar nuevamente al Congreso por una decisión que solo le compete a ese poder del Estado. Que alguien eduque a Vizcarra en modales democráticos. En serio, señor Vizcarra, si me está leyendo: hágale un favor al país y váyase a su casa. 

Y dicho esto, habría que ponerse a meditar si la democracia es realmente tan maravillosa como muchos dicen que es. Veamos lo que nos ha dado la democracia en estos últimos años, no solo a nivel de gobiernos nacionales sino también regionales. Ahora mismo es para llorar. Sin ir muy lejos, el alcalde de Lima es un espanto. Como buen progresista no es capaz de resolver un solo problema. Al contrario, los inventa. 

El país ha superado todos los niveles de imaginación literaria. Macondo ya nos quedó chico. Quién podría imaginar un país donde el presidente se enfrenta a una crisis republicana como producto de la falta de políticos de carrera, después de décadas de guerra a los partidos políticos, siendo él mismo un improvisado en política. Se le ocurre que hay que hacer reformas políticas para resolver el problema, pero no sabe cuáles. Entonces contrata a un comité de notables que, en el fondo, tampoco saben nada, pero expresan su ignorancia con elegancia y haciendo propuestas descabelladas, presentadas como originales y de avanzada. 

El presidente hace suyas estas propuestas y se las lleva al Congreso exigiéndole, bajo amenaza, que las apruebe todas, sin cambiar su esencia. Y exige un voto de confianza. Pero resulta que esas reformas son incumbencia exclusiva del Congreso y de nadie más. Pero como también el Congreso está lleno de improvisados sin oficio ni valor, dan el voto de confianza, en lugar de rechazar el pedido por impertinente. Y en seguida se abocan a cumplir el compromiso.

Así resulta que mientras el país se hunde en el caos del desgobierno, la delincuencia crece sin control, la economía se estanca, el desempleo se dispara, la infraestructura sigue atrasada, la competitividad decae, los revoltosos se apoderan de la agenda política, etc., los congresistas se dedican a discutir boberías indigeribles, como la paridad de género y la alternancia en las listas. Lo único positivo de estas discusiones bizantinas es que salen a la luz los extraviados en política que apoyan estos disparates totalitarios, disfrazados de buenismo social.

En otros tiempos, que uno empieza a extrañar, sería el momento oportuno para un golpe militar, de esos que echan a todos y convocan a nuevas elecciones. Pero como en estos días hasta los militares andan con mandiles rosados, acatando la ideología de género (que ya es una especie de consigna patriótica), no podemos albergar ni esa esperanza. Habrá que esperar las maravillas que nos traerá este mensaje a la nación, que de seguro será otra pieza llena de la más hueca retórica barata y de más anuncios descabellados. Agárrense bien hasta que pase el temblor.

 

Dante Bobadilla
24 de julio del 2019

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