Dante Bobadilla

Un troll de presidente

No le interesa la economía, la democracia ni el país

Un troll de presidente
Dante Bobadilla
31 de julio del 2019

 

Está demostrado que Martín Vizcarra no sabe hacer otra cosa que crear crisis política. Es todo un experto en el arte de ponerle bombas de tiempo al Congreso. Mientras el país se va al garete, Vizcarra sigue empecinado en agravar la crisis. Ahora tiene el cuajo de sugerirle al Congreso elecciones anticipadas para salir de la crisis que él mismo ha provocado. Y para colmo, acaba de tirar por la borda todas las reformas que con majadería le impuso como tarea al Congreso en el último año. O sea que todo fue puro show.

Vizcarra pasará a la historia como otro politiquero del montón, de los que solo buscan el aplauso de la masa bruta. El libreto que sigue es el más usado por cuanto charlatán ha pasado por el poder. Consiste en buscar un “enemigo del pueblo” y vivir haciendo fintas y piruetas para hacerle creer a las masas que está defendiéndolas en una lucha tenaz contra el mal. Se llena la boca de imprecaciones contra los malos, sin miramientos diplomáticos ni cortesías. Por cada insulto que le lanza a los malos, recibe como respuesta el aplauso de la chusma.

Estos charlatanes han escogido como enemigos del pueblo al imperialismo yanqui, la oligarquía, las transnacionales, etc. Pero es la primera vez que se utiliza a una institución base de la democracia como el Congreso, para convertirlo en enemigo del pueblo, y dedicarse a combatirlo, insultarlo y zarandearlo con amenazas, para el disfrute de una masa ignorante.

A tanto ha llegado la ignorancia política en este país que no son pocos los que justifican las trapacerías de Vizcarra en un supuesto “clamor popular”. Conductores de medios convertidos en agitadores de masas venden la ridícula idea de que eso es democracia. No señores, eso se llama oclocracia, que es el gobierno de las masas incultas e histéricas en reemplazo del líder. Un líder orienta y guía a un pueblo por el camino de la razón para el bien de todos, mientras que un fantoche es empujado por las masas y obedece el “clamor popular”. Lo que tenemos en la presidencia se parece más a un troll de las redes sociales que a un líder político.

Agitar a las masas es la cosa más fácil del mundo. No se requiere inteligencia ni formación especial. Basta un verbo fácil para insultar a los malos, a los que nos tienen en el atraso, a los que se aprovechan de nuestras riquezas, a los que se roban la plata del pueblo y otras estupideces por el estilo. Vizcarra ha preferido usar la pose del luchador contra los corruptos, y ha usado al Congreso para su show señalando a los congresistas como los malos, a los que debemos eliminar para purificar a la patria. Ese ha sido su relato. Aunque en realidad es el libreto que le tenía preparado la mafia caviar, porque los ataques a este Congreso se iniciaron apenas se supo que tendría mayoría fujimorista. Este Congreso estaba condenado desde el principio por la mafia caviar. Nunca le dieron tregua. En Vizcarra solo encontraron al fantoche perfecto para ocuparse de esa misión perversa.

El rasgo distintivo de los últimos tiempos es que todos los charlatanes han elegido al fujimorismo como los malos de la película. Es una moda establecida por una prensa mediocre y rastrera, a cargo de simples activistas políticos que fungen de periodistas, y que viven prostituyéndose ante el gobierno de turno. Siento náuseas al leer columnas celebrando la “magistral jugada de Vizcarra que ha puesto en jaque al Congreso”, como si eso fuera lo más importante en un país que ya empieza a desmoronarse. 

Estamos fuera de la realidad. A nadie le interesa el país, ni la democracia, ni la economía, ni las instituciones. Todo lo que les importa es el espectáculo de “Esto es guerra” en que se ha reducido la política. Vizcarra es adorado como el campeón de este reality show, y es alentado por cierta prensa para que siga dándole tortazos a los “fujiapristas”. Las masas aúllan “cierra el Congreso” como si se tratara de un chiste. Este país acaba dando pena. Ojalá el Congreso pierda sus temores, asuma su responsabilidad histórica y ponga en su sitio a ese bufón.

 

Dante Bobadilla
31 de julio del 2019

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