Manuel del Castillo
Tregua olímpica
Por la realización de los XVII Juegos Panamericanos
Recientemente se realizó en Machu Picchu un acto simbólico del movimiento olímpico: el encendido de la antorcha que viene trasportándose desde la Ciudad Imperial hacia Lima, y con la cual se iniciarán los Juegos Panamericanos Lima 2019. Este bello acto retoma la importancia de la simbología olímpica y sus tradiciones, que datan desde la antigua Grecia.
Al igual que la llama olímpica, existe otra figura tradicional olímpica que data del año 776 aC, la tregua olímpica. Se trata del periodo en el cual las naciones dejaban de lado toda hostilidad para celebrar en Olimpia (territorio neutral) los Juegos Olímpicos de la antigüedad. Esta tregua se adoptaba para garantizar que los atletas de diferentes naciones pudieran llegar al lugar de competencias sin sufrir ninguna agresión. Terminados los juegos se levantaba la tregua, terminaba la paz y se reiniciaban las guerras, que podían durar un periodo de tiempo denominado “olimpiada”, que era aproximadamente de cuatro años.
Posteriormente, a través de los Juegos Olímpicos Modernos, la tregua olímpica retomó notoriedad e importancia justo en el año 1991, en pleno desarrollo de las guerras que ocasionaron la disolución de Yugoslavia, restaurándose esta tregua para la celebración de los Juegos Olímpicos de Barcelona, en 1992. Recientemente, pudimos apreciar este mismo espíritu en los Juegos Olímpicos de Invierno de Pyeongchang 2018, imponiendo la tregua y la práctica del espíritu de respeto mutuo entre las dos Coreas. Este ejemplo es la demostración de que con el deporte se puede lograr la paz (aunque no sea eterna). Resulta un método, no solo una práctica.
Hoy, a pocos días de celebrar el inicio de los XVIII Juegos Panamericanos, el espíritu olímpico debe contagiarse en nuestra sociedad y sobre todo en nuestros gobernantes, quienes nos han venido acostumbrando a una escalada de confrontación que lo único que hace es enfriar los corazones de un pueblo que ve en cualquier compatriota a un enemigo. Eso nos aleja de cualquier sentimiento de unidad. Ser patrióticos, como en el deporte, no es una práctica, es un método. Y ese método concluye en el bien común.
Es por ello que hago un llamado a la reflexión. Para estar unidos, para no ser indiferentes, para no abandonar nuestros principios, para ser peruanos y ganar medallas, dentro y fuera del field of play.
















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