Juan C. Valdivia Cano

Sin anestesia

Reflexiones a partir del libro de memorias políticas de Pedro Cateriano

Sin anestesia
Juan C. Valdivia Cano
05 de marzo del 2026

 

Es muy importante que un político deje testimonio de su experiencia por escrito, sobre todo cuando esa experiencia no solo ha sido suficientemente larga, sino evidentemente fructífera. Si no ¿de qué serviría? Esta nueva edición del libro Sin anestesia, de Pedro Cateriano, es una prueba de lo que se puede hacer con la experiencia política. Es como si el autor viviera “haciendo el acta” de lo vivido al desempeñar su función (Deleuze). Los detalles, sin embargo, no son su obsesión, porque hay más que eso en este libro y no hay especialidad a la vista. 

Porque, como dijo Rusell Ackoff en visita al Perú de los noventa, la pura experiencia no sirve de nada. Ackoff cumplía 80 años en Lima, invitado por ESAN. Además de vivirla, hay que plasmarla y hay que inventar la mejor manera de hacerlo, algo que pueda servir a amigos y contrincantes y a los que no son ni lo uno ni lo otro, como este libro que habla claro y directo, es decir, “sin anestesia”. Y de la manera más sencilla y llana.

Experiencia la tiene el autor, como viceministro, ministro y primer ministro. Especialmente como ministro de Defensa, tan compleja cuando hay que comprar una flota de aviones, por ejemplo, complejidad de la que nos enteramos en vivo y en directo por él. El que no la ha vivido no tiene idea de las enrevesadas gestiones político jurídico económicas que implica. Pero ahí justamente ha mostrado el autor que es un profesional minucioso y obsesivamente responsable en política, y que puede transmitirlo prolijamente por escrito al gran público , para que no se la cuenten, como deberían hacerlo todos los funcionarios públicos. 

A pesar de datos, fechas y nombres en detalle, este libro muestra que ha decidido ser más ameno que académico o científico. ¿Por qué dejar de lado lo personal? Esto desde el momento que adopta la franca narración de la propia experiencia, como instrumento de lenguaje. Por el nombre desafiante se podría esperar un libro de combate. Y lo es porque trata de la política peruana realmente existente. Y política es prolongación silenciosa de la guerra, relación de fuerzas (Foucault). Pero siendo de combate, el libro lo es más de lealtad a los datos, a las evidencias, a los personajes y a la realidad. 

A la realidad tal como es, sin que el trabajo se reduzca a la reproducción mecánica de lo real, ya que el medio, siendo más bien narrativo o ensayístico, es más libre y más expansivo, sin autocensuras ni requisitos burocráticos. Por eso, a pesar de estar siempre presente, es como si el autor narrara desde ningún punto de vista, debido a una impecable honestidad intelectual. No expresa ni odio, ni rechazo, ni inquina por nadie, ni por nada –cero rencor– ni algo que provoque un sesgo egocéntrico para dejar a salvo el preciado “yo”. 

Lo que uno encuentra es una sana imparcialidad, a pesar de la “olla de grillos” en la que puede estar envuelto en muchos momentos un ministro de defensa, o un primer ministro, por ejemplo. Lo que no implica que el autor oculte sus desavenencias y desaprobaciones o desacuerdos, con amigos y enemigos o contrincantes. Solo que lo hace con la franqueza de quien no quiere erigirse en modelo de perfección, políticamente hablando. No hay ninguna pose, ni vanidad, ni figuretismo, ni falsa modestia, en sus palabras, en su lenguaje claro y preciso. 

Lo anterior no significa que carezca de calor afectivo, sino al contrario: porque otra ventaja del lenguaje literario sobre el supuestamente científico, es que le da cuerpo y le insufla vida a la experiencia transmitida: instinto, afecto, sentimiento y razón. En una palabra: subjetividad, que no solo connota un sentido peyorativo. Lo que es raro en la vida política intelectual de hoy y de ayer en el Perú. No sé cuántos congresistas u otros políticos estarían en capacidad de hacer otro tanto: un libro de recuento de su experiencia política, como Sin anestesia. Mejor no pensarlo. ¿Se imagina el exigente lector ante la autobiografía política de Dina Boluarte, sin asesor literario de por medio? 

Hay, para quien conoce de cerca al autor del libro, un fuerte afán de corrección, pública y privada, sin espectacularidad alguna, en cada uno de los movimientos de su vivencia política, muy loable ciertamente, hasta en los “pequeños detalles”. Eso emana de su vida y de su escritura, (y todos somos responsables de la nuestra, la de cada quien) porque la escritura no miente. Uno puede ocultar su imagen física con un disfraz adecuado, pero la escritura de cada uno desnuda el alma, nos guste o no. Sale todo, con pelos y señales, por la forma y por el fondo, inseparables.

Con sobriedad, con calma, en este libro sin especialidad, indeliberadamente, salen las entrañas de la vida política y la serena visión de su autor. El libro logra vincular distintas ventajas evitando otras tantas desventajas en las posibilidades de la escritura para el caso concreto, el estilo. Digamos que es un libro que si fuera encasillable -y no lo es- podríamos colocarlo en la llamada “ciencia política”. Pero no tiene la pesadez del tratado, ni la “boludez” del lenguaje académico, por así decirlo, con sus tecnicismos y demás espantajos.

Es la eminencia de la narración, que está más cerca de la literatura y usufructúa sus ventajas. El único hilo conductor es la experiencia personal del autor que, sin embargo, solo aparece por necesidad y podría desaparecer sin que se note. Pero le da concreción, sentido y realidad a la narración, que en este caso es expresión inteligente de una larga experiencia política bien rumiada y bien asimilada. Lo que idealmente puede expresarse a través de un libro. Eso no es nada fácil, sin embargo, y menos en la era Castillo-Boluarte-Jerí en la que mal vivimos. 

Lo que impresiona es la forma cómo, a través de este condensado libro, se puede enseñar y aprender la política “de carne y hueso” en la forma más concreta imaginable, a ras de tierra, sin que eso se limite a la transmisión de hechos, datos, expansiones de la anécdota, o a la pura elucubración teórica abstracta. La unidad de la experiencia personal y la adopción de una seria apuesta ético política personal, llevan a ese conjunto de hechos y detalles (transmitidos con sencillez y claridad de notorio talante democrático) a una expresión de la política como visión general y estratégica de una sociedad democrático liberal. Es lo que nos falta probar aún como pueblo, ya hemos probado todo lo demás: construir una sociedad libre. 

Esto último no alude a una teorización sino a una visión que condiciona la elección de datos, experiencias, anécdotas, hechos, desde un punto de vista situado que no se oculta. Tiene como guía y faro la adopción de unos valores y unos principios fundados en la libertad, sin tajos ni especialidades, íntegra e integral. La dignidad. La igualdad ante la ley. La propiedad. Por eso no es un libro meramente descriptivo. En él hay inmersa toda una teoría política implícita pero clara, que el intérprete hará fácilmente explícita con su lectura personal.

Juan C. Valdivia Cano
05 de marzo del 2026

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